El Destino se Repite (Repeat Performance)

Alteraciones y resultados

Por Emiliano Fernández

Hasta no hace mucho tiempo se pensaba que el formato de los bucles temporales en general y de los castigos sarcásticos -a veces malinterpretados como bendiciones- tenía un origen impreciso en términos cinematográficos, no en cambio en la literatura y la mitología porque dicho recurso retórico es tan antiguo como las fantasías de los seres humanos en torno a la ilusión de corregir sus errores y sus estupideces pasadas, ya que a escala moderna se solía considerar a la tetralogía de El Inquilino (Le Locataire, 1976), de Roman Polanski, La Rosa Púrpura del Cairo (The Purple Rose of Cairo, 1985), del genial Woody Allen, Espejo para un Héroe (Zerkalo dlya Geroya, 1987), de Vladimir Khotinenko, y Hechizo del Tiempo (Groundhog Day, 1993), de Harold Ramis, como la génesis conjunta de esta obsesión del cine y la televisión de la década del 90 en adelante con el engranaje narrativo/ discursivo de la maldición en secuencia o la posibilidad -digna de la magia o lo etéreo- de revivir lo ya vivido con pretensiones de arreglar algunos tropiezos aquí o allá que nos permitan limpiar nuestra conciencia y salir impunes de lo que sea que hayamos hecho mal. Todo esto estaba muy bien y se aplicaba de maravillas al análisis macro hasta la aparición reciente, primero en Turner Classic Movies en 2019 y en DVD y blu-ray a partir del 2022, de El Destino se Repite (Repeat Performance, 1947), película francamente insólita que combina el film noir y la fantasía de viajes en el tiempo -pero sin ningún tipo de fetichismo tecnológico y dentro del inefable “las cosas son así y punto”, cuasi anticipación de los caprichos posmodernos- que fue dirigida por Alfred L. Werker, un artesano en verdad prolífico, y escrita por Walter Bullock tomando por base la ignota novela de 1942 del mismo título de William O’Farrell.

 

Financiada por la Eagle-Lion Films, compañía hoy completamente olvidada orientada al mercado inglés y especializada en productos Clase B de capitales mixtos norteamericanos y británicos, la propuesta que nos ocupa estaba considerada perdida desde hace décadas, hasta que se halló una copia que fue restaurada con enorme dedicación por The Film Noir Foundation y la Facultad de Cine de la Universidad de California en Los Ángeles, y en esencia fue el primer intento de “producción Clase A” de la Eagle-Lion Films con vistas a levantar unos dólares en el ecosistema yanqui además de las consabidas libras, una movida comercial que nos dejó con este puente desparejo aunque fascinante entre la obsesión de siempre de los mortales con eso de controlar el fluir irremediable del tiempo, por un lado, y toda la industria especulativa que se construyó a posteriori alrededor de las dimensiones paralelas y de los loops del averno, por el otro lado, pensemos para el caso en Corre, Lola, Corre (Lola Rennt, 1998), de Tom Tykwer, Donnie Darko (2001), de Richard Kelly, Dead End (2003), de Jean-Baptiste Andrea y Fabrice Canepa, Los Cronocrímenes (2007), joya de Nacho Vigalondo, Sr. Nadie (Mr. Nobody, 2009), del belga Jaco Van Dormael, En la Luna (Moon, 2009) y 8 Minutos antes de Morir (Source Code, 2011), ambas de Duncan Jones, Looper (2012), de Rian Johnson, Al Filo del Mañana (Edge of Tomorrow, 2014), de Doug Liman, Predestination (2014), de Michael y Peter Spierig, Time Lapse (2014), de Bradley King, Interestelar (Interstellar, 2014), del gran Christopher Nolan, Si no Despierto (Before I Fall, 2017), de Ry Russo-Young, Feliz Día de tu Muerte (Happy Death Day, 2017), de Christopher Landon, y The Endless (2017), epopeya de Justin Benson y Aaron Moorhead.

 

La historia comienza en la víspera de Año Nuevo de 1947 cuando la renombrada actriz Sheila Page (Joan Leslie) mata en defensa propia y de dos disparos certeros a su esposo, el dramaturgo alcohólico y enajenado Barney Page (Louis Hayward), luego de lo cual marcha a encontrarse con su fiel amigo, el poeta William Williams (nada menos que un debutante Richard Basehart), para contarle lo sucedido y pedirle un consejo antes de que la policía consiga arrestarla. En una conversación con el varón la mujer suelta que desearía volver a vivir todo 1946 para corregir los errores que derivaron en aquel final trágico, anhelo que se cumple de repente y sin explicación aburrida alguna ya que la muchacha regresa al mismo momento de la víspera pretendida, así arranca un año en el que se propondrá esquivar dos sucesos concretos, primero que William Williams entre en contacto con una oligarca banal y mecenas de las artes que lo terminará confinando en un neuropsiquiátrico, Eloise Shaw (Natalie Schafer), y segundo que el egoísta de su marido conozca y se enamore de una colega dramaturga británica, Paula Costello (Virginia Field), femme fatale hecha y derecha que lo regresará a las borracheras después de un tiempo sobrio y con la que se obsesionará al punto de comenzar a demonizar a la pobre Sheila, a la que llevó al estrellato -como se lo recuerda cada cinco minutos- con una obra llamada Inesperadamente (Out of the Blue). Por supuesto que el destino o quizás el sustrato divino se burla de las pretensiones de la actriz porque todo vuelve a acontecer aunque mediante otros caminos, por ello Williams muta en juguete sexual de Shaw y Barney encara un tórrido romance con la inglesa mientras Sheila protagoniza con enorme éxito en Broadway la obra de la amante, Di Adiós (Say Goodbye).

 

Honestamente la película no es perfecta ya que los diálogos de Bullock envejecieron muy mal porque se sienten redundantes, impostados y en algunas ocasiones hasta teatrales, aún para el estándar lánguido del Hollywood Clásico, lo mismo ocurre con algunas actuaciones salvo aquellas de los maravillosos Hayward, Leslie, Basehart y un Tom Conway señorial que compone a John Friday, el productor de Di Adiós y otro amigo de la Señora Page, un personaje semejante a esas féminas abnegadas de antaño que, por más que el marido sea un abusón infiel, llegaban al extremo de cuidarlo después de los cuernos, el basureo y en esta oportunidad una caída de puro alcohólico reventado que deja a Barney en una silla de ruedas y mintiéndole a su esposa al decirle que no puede caminar cuando en verdad planea fugarse con una Costello maquiavélica que ya no quiere saber nada con el macho lisiado y conventillero que atenta contra la burguesía de cuna británica, alejada de los bastardos de yanquilandia, amén de esa causticidad metadiscursiva de la Sheila actriz que interpreta en teatro a una actriz y debe simular a diario que no vivió lo mismo el año pasado. Lo mejor de nuestra propuesta se condensa en la revolucionaria introducción del latiguillo temporal, empardado al juego de las alteraciones y los mismos resultados, en la participación de un Basehart que pronto llegaría a La Strada (1954), de Federico Fellini, y Moby Dick (1956), de John Huston, y en el oficio del realizador, un Werker que tendría un período de oro que abarca las extraordinarias Las Aventuras de Sherlock Holmes (The Adventures of Sherlock Holmes, 1939) y El Demonio de la Noche (He Walked by Night, 1948) y las algo mucho complementarias El Dragón Chiflado (The Reluctant Dragon, 1941) y Shock (1946)…

 

El Destino se Repite (Repeat Performance, Estados Unidos/ Reino Unido, 1947)

Dirección: Alfred L. Werker. Guión: Walter Bullock. Elenco: Joan Leslie, Louis Hayward, Virginia Field, Tom Conway, Richard Basehart, Natalie Schafer, Benay Venuta, Ilka Grüning, Jean Del Val, Keefe Brasselle. Producción: Aubrey Schenck. Duración: 93 minutos.

Puntaje: 7