Atrapado sin Salida (One Flew Over the Cuckoo's Nest)

Alto como una montaña

Por Martín Chiavarino

Atrapado sin Salida (One Flew Over the Cuckoo’s Nest, 1975) es una de las grandes obras maestras de Milos Forman, un director que dirigió films extraordinarios como Amadeus (1984) o Ragtime (1981). Basada en la adaptación teatral de Dale Wasserman de la primera novela homónima de Ken Kesey, traducida al español como Alguien Voló sobre el Nido del Cuco (1962), la película narra la alteración de la rutina que deviene en abierta rebelión en un manicomio a partir de la llegada de un histriónico delincuente hedonista que alega insania para evadir la prisión.

 

Cuando R.P. McMurphy (Jack Nicholson) ingresa al manicomio para evitar ser enviado a la cárcel los dóciles pacientes se yerguen de su letargo bajo el liderazgo del nuevo recluso para desafiar los abusos de la enfermera Ratchet (Louise Fretcher), una sádica mujer que disfruta ejerciendo su poder y haciendo sufrir a los pacientes con distintas técnicas psicológicas despóticas. El descaro cínico de McMurphy y su personalidad arrolladora y seductora cautivan a todos los internos, que de a poco comienzan a cuestionar la autoridad de la enfermera Ratchet, quien a su vez toma represalias cuando sus usuales castigos psicológicos fallan ante la organización de los hartos pacientes acostumbrados a callar sus sentimientos.

 

Con extraordinarios y vivaces primeros planos que realzan las maravillosas actuaciones de un elenco de lujo encabezado por Nicholson y secundado por Fretcher, Will Sampson, Danny DeVito, Christopher Lloyd, Sydney Lassick, William Redfield, Mews Small, Josip Elic, el inolvidable Scatman Crothers y el debut cinematográfico como actor de Brad Dourif, Atrapado sin Salida es una obra perfecta con escenas inolvidables de gran fuerza visual que Forman toma de la novela de Kesey. Cada uno de los actores despliega su histrionismo en un film de encierro muy crítico de la institución psiquiátrica, de las brutales prácticas de electroshock y de los abusos psicológicos de una enfermera cruel y viciosa, una villana con todas las letras.

 

En la novela Kesey narra sus vivencias como enfermero del turno nocturno en un hospital psiquiátrico en Menlo Park, en California, lugar donde participó además en experimentos con psicotrópicos que más tarde motivarían a Kesey y sus amigos, The Merry Prankers (“Los Alegres Bromistas”), a recorrer Estados Unidos en un colectivo para difundir un estilo de vida contracultural que tenía como base la experimentación con drogas alucinógenas para producir experiencias que transformen y expandan la percepción, derrotero asimismo narrado por el escritor y fundador del Nuevo Periodismo, Tom Wolfe, en una de sus obras más importantes, Ponche de Ácido Lisérgico (The Electric Kool-Aid Acid Test, 1968), novela que nunca tuvo la aprobación de Kesey, el cual la criticó duramente como superficial por su descripción de las experiencias con las drogas vía el estilo cínico de Wolfe.

 

El film de Forman fluye así como una tormenta imparable para desarrollar la rebelión de los pacientes alentados por McMurphy para reflexionar sobre el estatuto y la definición de la locura y el rol de las instituciones psiquiátricas con una mirada puesta en la transformación de los pacientes de sujetos pasivos en sujetos vivos.

 

A diferencia de la novela, narrada por el Jefe Bromden, un descendiente de las tribus de pobladores originarios de Estados Unidos, el film pone en el centro a McMurphy pero sin colocarse en un punto de vista particular, con una visión holística que desarrolla cada una de las personalidades y permite que todos los personajes se luzcan. Will Sampson compone al Jefe Bromden, un gigante que se hace pasar por sordomudo y decide escapar del instituto psiquiátrico junto a McMurphy para comenzar a vivir después de un tiempo confinado, metáfora del escape del encierro mental y la transformación del mundo en ciernes que el propio Kesey emprendería con su viaje psicodélico.

 

Tanto la novela como el film representan una crítica feroz contra el confinamiento inhumano de los institutos psiquiátricos y el maltrato y la falta de incentivos emocionales, constituyéndose como lugares represivos para recluir a las personas que por alguna razón no se pueden insertar en las relaciones sociales construidas alrededor del mercado capitalista y sus normas de comportamiento. En ambas obras también hay una metáfora sobre el poder de las tribus en la cultura norteamericana y la necesidad de que la potencialidad de esa tradición explosione sobre la cultura popular.

 

La lucha entre McMurphy y la enfermera Ratchet es una batalla épica por el control de la locura. El personaje compuesto maravillosamente por Jack Nicholson contrapone su vitalidad concupiscente e irreverente contra la represión sádica de la enfermera, una mujer sin sentimientos. Esta hostilidad tiene en el final un encuentro violento entre la enfermera y McMurphy que Forman retrata con gran maestría como una alegoría en torno a la represión sexual de la época, representación que remite claramente a la filosofía de Georges Bataille, que relaciona al erotismo con la muerte. En este caso Kesey busca criticar la represión sexual para contraponerla con la libertad sexual que comenzaría un camino sin retorno gracias a la cultura contracultural y el hippismo que Kesey apoyaba.

 

Con un final tan imponente y apoteósico como terrible, Atrapado sin Salida es una verdadera obra maestra que da vida a una novela sin igual que se ha transformado de obra de culto en un clásico ineludible de la literatura norteamericana. Ambas obras se complementan y se retroalimentan así como el trabajo de Kesey hace lo mismo con su leyenda contracultural, con el film además representando el apuntalamiento de Milos Forman como director después del fracaso de Búsqueda Insaciable (Taking Off, 1971), su primer film en Estados Unidos tras su partida de Checoslovaquia, país donde era el más cabal representante de la Nueva Ola Checoslovaca, movimiento cinematográfico que oponía el humor absurdo al realismo socialista que promovía la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) y la ortodoxia comunista de la época, representación a su vez de las crecientes libertades que se vivían en Checoslovaquia y que decantaron en la invasión rusa que le dio un represivo final a la Primavera de Praga y fue una de las causas de la emigración del director hacia Estados Unidos, nación donde construiría una carrera realmente a la altura de ¡Al Fuego, Bomberos! (Horí, má Panenko, 1967), último y mejor film de esa etapa y de la cáustica mirada que los realizadores cinematográficos checoslovacos imprimieron durante la década del sesenta.

 

Atrapado sin Salida combina esta perspectiva irreverente y absurda que estalló en la Primavera de Praga con las ideas sobre la locura y la fuerza de voluntad de Kesey para encontrar nuevas formas de concebir y analizar la insania y proponer a la voluntad y el espíritu rebelde como las verdaderas curas para recuperar el equilibrio perdido en un mundo desequilibrado, donde a veces los locos tienen cosas más interesantes para decir que los supuestos cuerdos.

 

Atrapado sin Salida (One Flew Over the Cuckoo’s Nest, Estados Unidos, 1975)

Dirección: Milos Forman. Guión: Lawrence Hauben y Bo Goldman. Elenco: Jack Nicholson, Louise Fletcher, Will Sampson, Michael Berryman, Alonzo Brown, Peter Brocco, Scatman Crothers, Danny DeVito, Christopher Lloyd, Brad Dourif. Producción: Saul Zaentz y Michael Douglas. Duración: 133 minutos.

Puntaje: 10