Saw X

Anatomía y renacimiento moral

Por Emiliano Fernández

Si la pensamos en el contexto contemporáneo del cine de género, saturado como está de franquicias inofensivas, mediocres y redundantes que hacen una y otra vez lo mismo para no espantar al público cautivo de muchos años atrás, honestamente Saw X (2023), de Kevin Greutert, es casi un milagro porque se posiciona como la mejor secuela de toda la saga y sin dudas como la realización más desconcertante desde aquella original pronta a cumplir ya las dos décadas de vida, Saw (2004), gran neoclásico dirigido por James Wan y escrito por Leigh Whannell, aunque con ingredientes visiblemente distintos porque la obra fundacional combinaba el suspenso de entorno cerrado, esas truculencias que todos conocemos y la estructura narrativa de muertes en secuencia de Eran Diez Indiecitos (Ten Little Indians, 1939), de Agatha Christie, mientras que este décimo eslabón opta en cambio por la hoy por hoy insólita estrategia discursiva de humanizar al psicópata/ adalid principal y brindar una flamante carnicería de una rusticidad arrolladora pero de marco personal revanchista, sin la mirada fría del verdugo purgando a la sociedad de sus elementos más nauseabundos desde la “conciencia tranquila” de ofrecerles una oportunidad de redención al ponerlos a prueba mediante alternativas muy dolorosas y dispositivos mecánicos varios del espanto, de hecho los encargados de tercerizar o hasta quizás hacer objetivo/ imparcial el castigo o el eventual perdón por autosacrificio. Saw X, en este sentido, unifica de manera brillante pivotes de la franquicia como el vigilantismo más barraco, la desconfianza total para con el Estado, las sorpresas esporádicas del relato símil vueltas de tuerca y todo el fatalismo marca registrada vinculado a las ironías del destino, el duro metal que condiciona, el narcisismo mesiánico de base ética y la autoreferencia laberíntica insistente aunque curiosamente eficaz y sincera.

 

El guión de turno quedó en manos de Pete Goldfinger y Josh Stolberg, los mismos de las entregas previas de esta nueva fase, la correcta Jigsaw (2017), de los hermanos alemanes Michael y Peter Spierig, y la fallida Spiral: From the Book of Saw (2021), suerte de spin-off con pinceladas de corolario tradicional de Darren Lynn Bousman, trabajos que a su vez retomaron lo hecho por el cúmulo de las primeras siete propuestas, de entre las cuales sólo es posible rescatar en serio la faena original y sus dos continuaciones inmediatas, Saw II (2005) y Saw III (2006), ambas dirigidas por un Bousman que asimismo se hizo cargo del verdadero puntapié inaugural del piloto automático, Saw IV (2007), preludio para las simpáticas pero un tanto olvidables Saw V (2008), de David Hackl, y Saw VI (2009) y Saw 3D (2010), estas dos últimas a cargo de Greutert, además el editor por antonomasia de la saga y responsable de trabajos menores externos -en calidad de realizador- como Jessabelle (2014), Visions (2015) y Jackals (2017), todas bastante anodinas salvo la primera. Aquí nuestro querido John Kramer alias Jigsaw (Tobin Bell) viene de la masacre del 2004 y todavía no preparó la del 2005 porque está más interesado en su tumor cerebral, ese que no le deja más que unos pocos meses de vida y rápidamente lo lleva a un grupo de apoyo para moribundos en el que conoce a un tal Henry Kessler (Michael Beach), sujeto que fue un enfermo terminal y le recomienda un tratamiento supuestamente milagroso de un doctor noruego en constante fuga de las autoridades. John pronto entra en contacto con la hija del matasanos, Cecilia Pederson (Synnøve Macody Lund), mujer que le cobra un dineral y lo lleva a su clínica clandestina en México para una cirugía combinada con cócteles de drogas, en esencia una estafa cruel que se aprovecha de la esperanza de los pacientes oncológicos.

 

La estupenda idea detrás de Saw X, esto de analizar el drama íntimo de Kramer y colocarlo en el núcleo de la trama por encima del padecimiento de sus víctimas del montón, fue de los productores Mark Burg y Oren Koules y se asemeja a lo que sería una versión corregida de Jigsaw porque ahora el relanzamiento de la franquicia es convincente de verdad gracias a que se reemplaza la ortodoxia de aquella con un enfoque freak que resulta muy exitoso, algo que precisamente no ocurría en Spiral ya que las buenas intenciones de fondo, en sí homologadas a una denuncia de la corrupción policial y la fórmula del asesino imitador, se venían abajo por la incapacidad del protagonista, un Chris Rock demasiado fuera de lugar, de situarse a la altura del desafío visceral estándar de la saga. Después de la mencionada introducción el convite sigue en mayor o menor medida los engranajes de los capítulos anteriores porque el protagonista le pide ayuda a una de sus discípulas históricas, Amanda Young (Shawnee Smith), para usar de informante a un taxista, Diego (Joshua Okamoto), secuestrar a la pérfida de Pederson y su séquito de cómplices aztecas y someterlos a los “juegos” de siempre con el objetivo de que se ganen su redención a puro sufrimiento, no obstante el esquema truculento de cabecera hoy respeta la temática médica y se centra en la anatomía automancillada más que nunca y así tenemos brazos destruidos con cuchillos, una pierna cercenada mediante una sierra Gigli, algo de médula ósea aspirada, una infaltable decapitación, un cráneo abierto, tejido cerebral extraído, tobillos y muñecas rotas y mucha radiación sobre la cara, amén de suplicios más “clasicistas” -para el canon de la franquicia, al menos- como esos que implican algunos dedos quebrados, globos oculares succionados, ahogamiento con sangre, un gas que corroe la piel y una linda trampa sujetada al abdomen.

 

Entre las “muertes artísticas” modelo A Nightmare on Elm Street (1984), la obra maestra del terror surrealista de Wes Craven, y el renacimiento existencial idealizado mediante una angustia de neto corte cristiano, motivo primordial del mainstream sadomasoquista yanqui, Saw X cuenta con la sabiduría suficiente para no rejuvenecer digitalmente a los perfectos Bell y Smith como hacen tantos bodrios del Siglo XXI, aprovechar a la villana tácita de Lund, recurrir a practical effects en vez de atosigarnos con una catarata de sangre vía CGI y por cierto reincidir en la brutalidad de antaño sin la obsesión posmoderna de dejar contento a cualquiera que no sea el público natural de la saga, prefiriendo acotar a los espectadores potenciales al esquivar tanto un hipotético planteo woke como un conservadurismo formal extremo y sumar al porno de torturas de siempre este thriller de venganza o quizás justicia furiosa. Más allá de la estupenda actuación de los tres actores señalados y el regreso en el epílogo de aquel Detective Mark Hoffman de Costas Mandylor, otro de los acólitos de John, la propuesta ofrece un excelente desarrollo de personajes, una vulnerabilidad más pronunciada en lo que respecta a Kramer y en especial la presencia de juegos/ trampas/ pruebas más grotescas y delirantes que nunca, siempre apuntando a despertar una reacción intensa en el público símil Clase B o exploitation ultra gore. Aquí la progresión dramática atrapa como una historia tradicional -y no en términos de otra colección de homicidios enrevesados a lo slasher- porque la tragedia del cáncer es palpable, la estafa lacerante y la edición del propio Greutert muy certera y hasta frenética en su pirotecnia a la vieja usanza, consiguiendo la proeza de que se sienta natural la vuelta de un Jigsaw que había muerto en el desenlace de Saw III y se la pasaba regresando a través de flashbacks caricaturescos…

 

Saw X (Estados Unidos/ México/ Canadá, 2023)

Dirección: Kevin Greutert. Guión: Pete Goldfinger y Josh Stolberg. Elenco: Tobin Bell, Shawnee Smith, Synnøve Macody Lund, Steven Brand, Renata Vaca, Joshua Okamoto, Octavio Hinojosa, Paulette Hernández, Michael Beach, Costas Mandylor. Producción: Mark Burg y Oren Koules. Duración: 118 minutos.

Puntaje: 8