Hogar

Ansia de sustitución

Por Emiliano Fernández

Hogar (2020), la tercera película de los hermanos catalanes David y Álex Pastor luego de las apocalípticas Portadores (Carriers, 2009) y Los Últimos Días (2013), es por lejos su mejor trabajo a la fecha, una pequeña maravilla de suspenso asfixiante que recupera los engranajes más clásicos de los thrillers de sociópatas para indagar en paralelo en la angustiante crisis del desempleo global y en la envidia -homologada muchas veces al asco y el odio- con respecto al prójimo que se considera en mejor posición por esto o aquello o simplemente no digno de recibir este o aquel beneficio, lo que por cierto motiva un retrato de la distancia que separa a esa vida de plástico idealizada desde la publicidad y los medios de comunicación de la real de todos los días, plagada de injusticias, imperfecciones y una explotación evidente o apenas tácita que pasa casi invisible frente a los ojos de una mayoría social que prefiere autoengañarse reproduciendo la ilusión capitalista de un bienestar que nunca se condice con la praxis mundana cual zanahoria delante del burro. Aquí el señor que cae en el maquiavelismo para alcanzar sus deseos más patológicos es Javier Muñoz (Javier Gutiérrez), un ejecutivo publicitario veterano y padre de familia que viene de un tiempo largo sin conseguir trabajo a posteriori de ser echado de una compañía del rubro por el sueldo correspondiente a su edad, siempre bajo esa lógica demencial del empresariado de las últimas décadas en la que se imponen salarios bajos haciendo que “roten” empleados mozos y/ o con poca experiencia y despidiendo a los que acumulan una mínima antigüedad.

 

El eje de la desesperación de Javier es su lujoso departamento ubicado en Barcelona, en el que vive junto a su esposa Marga (Ruth Díaz) y su hijo Dani (Cristian Muñoz), un joven corpulento que recibe burlas por parte de sus compañeros en el colegio. La falta de ingresos obliga al protagonista a abandonar el lugar, el cual estaban alquilando, y mudarse a una propiedad en El Carmelo que sí es de Muñoz, otro departamento pero más humilde que le recuerda sus orígenes y lo aleja del sueño del éxito económico de sus mejores épocas, en las que encabezó campañas publicitarias de alcance nacional. Frustrado por el ninguneo del mercado del trabajo y obsesionado con recuperar la residencia, Javier toma las llaves de la que fuera su empleada doméstica, Araceli (Yaneys Cabrera), y comienza a meterse en la vida de los nuevos habitantes, un clan compuesto por una pareja, Tomás (Mario Casas) y Lara (Bruna Cusí), y su pequeña hija, Mónica (Iris Vallés Torres). Muñoz descubre que Tomás es el vicepresidente de una importante empresa de transporte de España y que fue el responsable de un accidente automovilístico en el que resultaron heridas su esposa e hija, todo motivado por su alcoholismo y manejo imprudente. El protagonista de inmediato opta por unirse al grupo de ayuda a adictos al que concurre Tomás y logra que se transforme en su padrino, lo que le permite el acceso a su otrora hogar con la clara idea de ensuciar al susodicho a ojos de Lara para ocupar su posición a sabiendas de que el dueño de la empresa empleadora de su contraparte es el padre de la mujer, garantía de la prosperidad anhelada.

 

Mucho más cerca de las ironías sociales de las recientes Parasite (Gisaengchung, 2019) y El Hoyo (2019) que del formato paradigmático de invasión de hogar subrepticia a lo Mientras Duermes (2011) y su atractiva remake surcoreana Door Lock (Doeorak, 2018), por un lado la película escrita y dirigida por los Pastor no ofrece grandes novedades en lo que atañe a la clásica estructura del sociópata que fetichiza al extremo determinada misión o “estado celestial” de su vida que debe alcanzar cueste lo que cueste y pisando a quien tenga que pisar en su camino, incluso incorporando una subtrama de extorsión centrada en el jardinero pederasta del edificio de lujo eje de la faena, Damián (David Ramírez), quien ve a Javier en el lugar y decide obligarlo a robar para él las bragas de Mónica so pena de denunciarlo ante Tomás y la policía, y por el otro lado resulta innegable que la experiencia en su conjunto es eficaz en materia del cine de género y en especial está muy bien encarada desde el punto de vista ideológico, haciendo énfasis en la telaraña de manipulación que va construyendo Muñoz para cercar a su pretendido némesis y sustituirlo en función de la idea de que no merece lo que tiene, léase un trabajo estable y una familia reluciente que incluye a esa Mónica atleta/ bailarina que “corrige” en la práctica el sobrepeso de un Dani que no puede desprenderse de manera automática de los kilos de más, circunstancia que queda de manifiesto en la secuencia en la que su padre lo lleva a correr por las calles y el muchacho termina vomitando por todo el esfuerzo y la triste sobreexigencia en pos de la perfección.

 

Dándole una diminuta vuelta de tuerca al típico recurso del ascenso dentro de la pirámide autoritaria comunal, lo que en esta oportunidad equivale a recurrir a un ansia malévola de reemplazo digna de los thrillers de despecho en los que un hombre o mujer hace todo lo posible para sabotear la vida de su ex con su flamante pareja, Hogar analiza el egoísmo y la ambición desmedida en los que puede caer el ser humano cuando su entorno inmediato no se adapta a sus caprichos, dando espacio a pequeños “gestos” que pasan de envenenar al entrometido perro de un vecino a provocar reacciones violentas varias y direccionarlas a gusto y necesidad del artífice de turno. Aquí Mario Casas está muy bien y demuestra cuánto ha crecido como actor durante los últimos años, no obstante el que se lleva todas las palmas es un Javier Gutiérrez en verdad sublime -aquel de Durante la Tormenta (2018), 1898: Los Últimos de Filipinas (2016), El Desconocido (2015) y La Isla Mínima (2014)- que ofrece una master class de actuación de una prodigiosa amplitud dramática, a la vez regalándonos vulnerabilidad, perfidia y una maldad lisa y llana capaz de ir colocando cada pieza en su lugar con el objetivo de que aquel cuadro soñado vuelva a erigirse por sobre el baldío circundante, dejando ya atrás la realidad una vez más cual pesadilla que jamás sucedió. La propuesta se sirve de un gran marco hitchcockiano para burlarse -pensemos en la última toma- de los múltiples desfasajes que impulsa el capitalismo salvaje actual y la distancia entre las utopías económicas que pregona y la miseria e insatisfacciones que desencadena…

 

Hogar (España, 2020)

Dirección y Guión: David Pastor y Álex Pastor. Elenco: Javier Gutiérrez, Mario Casas, Bruna Cusí, Ruth Díaz, Iris Vallés Torres, Cristian Muñoz, David Ramírez, David Selvas, David Verdaguer, Vicky Luengo. Producción: Adrián Guerra, Marta Sánchez y Nuria Valls. Duración: 103 minutos.

Puntaje: 7