Bird Box

Apocalipsis suicida con botox

Por Emiliano Fernández

A diferencia de otras epopeyas dantescas recientes como I Think We’re Alone Now (2018), The Endless (2017) y Hostile (2017), todas obras que sin ser maravillas por lo menos califican como trabajos dignos del cine indie actual, Bird Box (2018) en cambio es una propuesta hiper previsible y desinspirada que funciona como el monstruo de Frankenstein en eso de aglutinar elementos diversos de films semejantes: aquí tenemos una situación de encierro en un lugar inerte a lo El Regreso de los Muertos Vivos (The Return of the Living Dead, 1985) o La Niebla (The Mist, 2007), una premisa de base calcada de Un Lugar en Silencio (A Quiet Place, 2018) aunque en modalidad Ceguera (Blindness, 2008), ahora con unos protagonistas obligados a no mirar -en vez de a no generar sonidos- para sobrevivir, y hasta una epidemia de suicidios masivos por un “coso” que jamás vemos símil El Fin de los Tiempos (The Happening, 2008), quizás la peor película del amigo M. Night Shyamalan.

 

La historia nos pasea entre un presente en el que Malorie (Sandra Bullock), una mujer a cargo de dos niños pequeños, debe recorrer un río para llegar a un refugio distante en una zona boscosa, esa típica panacea de las aventuras apocalípticas de esta envergadura, y un pasado -cinco años atrás- en el que la susodicha estaba embarazada y junto a su hermana mayor Jessica (Sarah Paulson) de sopetón se convierten en testigos del comienzo de esa catarata de suicidios vía “contagio visual” al percibir a las criaturas maléficas invisibles de turno, lo que desencadena la muerte de Jessica y la necesidad de Malorie de encerrarse cuanto antes en el primer sitio que encuentra, el que resulta ser una casona cualquiera habitada asimismo por una colección de lo más variopinta de individuos/ estereotipos al paso (tenemos la parejita joven, la señora mayor, el nerd, el galán de color, el “loco de la guerra”, otra embarazada ocasional aunque mucho más ingenua que la protagonista, etc.).

 

El paradigmático relato de supervivencia, hecho mil veces antes y con mejores resultados, aquí queda licuado por una estructura de flashbacks rutinarios e interminables que -por ejemplo- fueron mucho mejor utilizados en Hostile y en tantos exponentes parecidos del formato zombie, un rubro del terror que comparte muchos elementos con la ciencia ficción de cataclismos, sean éstos por la razón que sea. El guión de Eric Heisserer, uno de los profesionales más desparejos trabajando en el Hollywood contemporáneo, respeta a rasgos generales la novela homónima de Josh Malerman de 2014 y satura lo que podrían ser momentos de tensión con una andanada de diálogos naif intrascendentes y “clichés con patas” que nunca dejan de embarrar la trama desde el lugar común, la sonsera de manual y esos “giros” que se ven venir a la distancia (de hecho, las únicas escenas potables -como la del supermercado- están duplicadas de cualquier capítulo estándar de The Walking Dead).

 

Bird Box resulta particularmente dolorosa debido -en primera instancia- a la triste presencia detrás de cámaras de Susanne Bier, aquella gran directora danesa de En un Mundo Mejor (Hævnen, 2010), Lo que Perdimos en el Camino (Things We Lost in the Fire, 2007), Después del Casamiento (Efter Brylluppet, 2006), Hermanos (Brødre, 2004) y Corazones Abiertos (Elsker Dig for Evigt, 2002), aquí metamorfoseada en un títere impersonal de Netflix, la principal compañía detrás del proyecto, y -en segundo término- porque la misma Bullock versión 2018 sintetiza mucho de lo que está mal en la industria cultural de hoy en día, por un lado haciendo de hermana menor de una Paulson con diez años menos reales y por otro lado portando un rostro con tantas cirugías y tanto botox que no sólo da vergüenza ajena sino que conspira en contra de la película, transformando el pretendido tono serio/ trágico en una constante autoparodia involuntaria en función de que la mujer “al natural” ya no puede levantar ni una ceja sin destruir el verosímil del film (la nariz, los pómulos y la boca son las partes que más sufrieron las intervenciones). Esta dialéctica de las apariencias patéticas y el “querer ser” algo que ya no se es se cuela en el mismo planteo general de la película mediante una mediocridad muy pronunciada que deriva en repeticiones sin cesar de lo mismo, un metraje innecesariamente extenso de 124 minutos y una resolución bien escuálida y remanida; dejándonos en el espectro positivo del balance a un excelente John Malkovich en plan sádico y despampanante -compone al reglamentario fascista/ egoísta con algún que otro toque piadoso- que parece salido de otro film, uno muy distinto al presente.

 

Bird Box (Estados Unidos, 2018)

Dirección: Susanne Bier. Guión: Eric Heisserer. Elenco: Sandra Bullock, Trevante Rhodes, John Malkovich, Sarah Paulson, Jacki Weaver, Rosa Salazar, Danielle Macdonald, Lil Rel Howery, Tom Hollander, Pruitt Taylor Vince. Producción: Dylan Clark, Chris Morgan y Clayton Townsend. Duración: 124 minutos.

Puntaje: 3