Al cine actual en general no le interesa la pobreza porque lo que domina es una perspectiva burguesa de escapismo descerebrado o a lo sumo causas políticas acotadas entre las que la miseria de las mayorías silenciosas no tiene cabida, así las cosas si el mainstream alguna vez decide meterse con la temática casi siempre le busca el costado “poético” al asunto, una jugada que busca rebajar la carga de exclusión capitalista de fondo o edulcorar la esclavitud como si fuese una excepción y no la regla, y en lo que atañe al ecosistema indie sin duda el segmento en el Siglo XXI perdió el compromiso y el talento de antaño y por ello los pocos exponentes acerca de la pobreza generan vergüenza ajena por su mediocridad, redundancia y/ o torpeza narrativa, amén de la sensación de “tocar de oído” desde la extranjeridad del cineasta burgués que no sabe nada del tópico. El público y la prensa tampoco ayudan, desde ya, porque el primero evita el tema a puro pánico y un sector importante de la segunda llora como mariquitas ante la mínima presencia de algún tipo de trasfondo social en los relatos en pantalla, típica movida de burgueses lobotomizados, payasos o hipócritas que denuncian explotación artística de los vulnerables y después votan a la misma derecha de siempre que incrementa a niveles alarmantes la masa de menesterosos del nuevo milenio, hoy legiones y legiones como nunca antes y para colmo sin ninguna voz en la ficción de impronta masiva.
La Chica Zurda (Zuopiezi Nuhai, 2025), debut en solitario de la directora taiwanesa Shih-Ching Tsou luego de Take Out (2004), codirigida junto a Sean Baker, se desentiende de toda esta fauna de oligofrénicos y explora las injusticas sociales y penurias económicas de una familia que se muda a Taipéi, capital de la República de China o Taiwán, una metrópoli que como todo rejunte caótico capitalista celebra la plutocracia y la apariencia por sobre la honestidad, en consonancia con el reemplazo del trabajo por la especulación como fuente de riqueza. La parentela está encabezada por Shu-Fen (Janel Tsai), madre en soledad de una adolescente, I-Ann (Shih-Yuan Ma), y una nena de cinco años, I-Jing (Nina Ye), luego de que el esposo de la mujer la abandonase con una deuda voluminosa, sujeto al que por cierto encuentra internado en un hospital de Taipéi y decide acompañar en sus últimos momentos de vida, eventualmente pagando los médicos y el funeral. Shu-Fen abre un puesto de fideos en un mercado nocturno muy concurrido pero la colección de gastos la deja con muchos problemas para cubrir el alquiler del lugar y del pequeño departamento donde viven las tres féminas, además I-Jing se dedica a robar productos de otros comercios e I-Ann mantiene un romance con su flamante jefe, A-Ming (Teng-Hung Hsia), imbécil que tiene un negocio de venta de cigarrillos y nueces de betel, un estimulante semejante al café, la coca o el tabaco.
El film de Tsou, de milagro distribuido por Netflix, está vinculado al acervo furiosamente independiente del socio habitual de la artista, de hecho ese Baker que viene de consagrarse en lo alto del firmamento hollywoodense con Anora (2024) y que aquí coescribe, edita y coproduce la propuesta, algo que abarca tanto Take Out y Prince of Broadway (2008), los dos opus de Sean en el terreno de los inmigrantes ilegales en yanquilandia, como películas posteriores en torno al rubro de los trabajadores sexuales precarizados, en concreto Starlet (2012), Tangerine (2015), The Florida Project (2017) y Red Rocket (2021). Al igual que Tangerine, La Chica Zurda fue grabada en iPhones y posee una estética documentalista de primeros planos y muchos travellings que acompañan a los personajes por su deambular metropolitano, siempre manteniendo el dinamismo paradigmático de las epopeyas de Baker más otros dos rasgos infaltables, léase el excelente nivel de las actuaciones y una óptica humanista que pone en contexto cada situación, evita todo sentimentalismo mainstream y apuesta al minimalismo expresivo para transmitir la idiosincrasia de los personajes. Tsou apuntala una semblanza rosa autobiográfica sobre el darwinismo capitalista, el olvido de parte del Estado y ciertas supersticiones culturales homologadas a la discriminación contra las mujeres en Taiwán, en esencia dentro de los derechos de la herencia y del matrimonio.
Shu-Fen forma parte de un clan burgués de buen pasar encabezado por Xue-Mei (Xin-Yan Chao), veterana perseguida por los agentes de inmigración a raíz de algunos chanchullos, y Wen-Xong (Akio Chen), esposo tontuelo que considera que I-Jing debe aprender a usar la mano derecha porque antiguamente a los zurdos los colgaban y torturaban en Asia, en este sentido la criatura de la bella Tsai es la oveja negra porque arrastra problemas financieros mientras que sus hermanos, como la arpía de Xiao-Hong (Blaire Chang), son “exitosos” aunque sólo gracias a la ayuda de la matriarca o del ex marido de Shu-Fen, pincelada que enfatiza los privilegios de sangre/ clase social y la farsa de la meritocracia capitalista. La película analiza los peligros y las frustraciones de las distintas edades/ generaciones en cuestión, desde el fallecimiento accidental de la mascota de la nena, una suricata, hasta el hecho de abandonar el colegio o el embarazo y posterior aborto espontáneo de la púber, sin olvidarnos de la depresión in crescendo de la madre y su intento de volver a apostar por el amor gracias a las buenas intenciones de Johnny (Teng-Hui Huang), un puestero vecino que vende artículos de limpieza y mil cosas más. Apuntalada en un tono tragicómico perfecto y un buen leitmotiv de Matthew Hearon-Smith, la ópera prima en solitario de Tsou constituye un retrato poderoso de la marginalidad y toda la asfixia económica popular de hoy en día…
La Chica Zurda (Zuopiezi Nuhai, Taiwán/ Estados Unidos/ Francia/ Reino Unido, 2025)
Dirección: Shih-Ching Tsou. Guión: Shih-Ching Tsou y Sean Baker. Elenco: Janel Tsai, Shih-Yuan Ma, Nina Ye, Teng-Hui Huang, Akio Chen, Xin-Yan Chao, Teng-Hung Hsia, Blaire Chang. Producción: Shih-Ching Tsou, Sean Baker, Alice Labadie, Mike Goodridge y Jean Labadie. Duración: 109 minutos.