El sexto largometraje de Rodrigo Sorogoyen, El Ser Querido (2026), escrito nuevamente junto a Isabel Peña, lo confirma como uno de los realizadores más capaces de España con una producción sobre el reencuentro de un padre director de cine y una hija actriz en un complicado rodaje que pone en juego todas las heridas que ambos acarrean por los momentos perdidos.
Esteban Martínez (Javier Bardem), un director consagrado que acaba de regresar a España tras un largo exilio en Estados Unidos para rodar una película ambientada en la colonia española de Sahara Occidental en la década del treinta, se reúne con su hija, Emilia Vera (Victoria Luengo), a la que prácticamente no conoce, y le ofrece uno de los papeles principales para compensar los años de abandono. Para la chica la oportunidad conlleva una contradicción, la de finalmente conseguir un rol en una película relevante que le permita dedicarse a la actuación, pero con la condición de lograr superar el encono hacia su padre. Por otro lado, aceptar el papel siempre podrá ser considerado un caso de nepotismo, dado que Martínez nunca hizo una audición para el rol.
La película está construida en base a escenas muy marcadas, entre las cuales una de las mejores es la inicial sobre el reencuentro del padre y la hija en un restaurant luego de muchos años sin verse, prácticamente desde que la mujer de ahora casi treinta años era una adolescente. Al conflicto entre padre e hija luego se suma el típico retrato del director autoritario que tiraniza la filmación con sus ataques a los actores, traumando a todo el equipo y generando renuncias masivas durante el rodaje. También tenemos la cuestión social del Sahara Occidental, la colonia abandonada por las autoridades españolas intempestivamente a mitad de la década del setenta, dejando a sus habitantes a merced de las ambiciones expansionistas marroquíes en mitad del proceso de descolonización, una cuestión aún no zanjada en las Naciones Unidas.
El Ser Querido se sirve de escenas intimistas de una gran carga emotiva, por lo que acertadamente el director de fotografía Alejandro de Pablo, que ha acompañado a Sorogoyen en sus aventuras cinematográficas anteriores, Stockholm (2013), Que Dios nos Perdone (2016), El Reino (2018), Madre (2019) y Las Bestias (As Bestas, 2022), recurre a los primeros y primerísimos primeros planos para acentuar la inseguridad, la incomodidad y/o la vulnerabilidad de los personajes, a lo que se agrega una metamorfosis al blanco y negro a modo de interferencia emocional cromática que marca el costado más personal de los protagonistas, su transformación de director y actriz en padre e hija, ofreciendo una sutil capa de fragilidad que impregna las escenas al resaltar las espléndidas interpretaciones de Javier Bardem y Victoria Luengo, que realmente se lucen.
Como dato de color, los personajes escuchan una canción de una banda indie argentina, Él Mató a un Policía Motorizado, La Noche Eterna, del álbum La Síntesis O’konor (2017), lo cual habla de la inserción del grupo en el mercado musical español, especialmente participando en distintos festivales, pero también del crecimiento del rock independiente a nivel sociocultural gracias a la retroalimentación constante entre Argentina y España.
Como mirada del cine sobre el cine, El Ser Querido queda muy lejos de antecesoras que trabajaron la temática con mayor profundidad, como 8½ (1963), de Federico Fellini, El Estado de las Cosas (Der Stand der Dinge, 1982), de Wim Wenders, La Noche Americana (La Nuit Américaine, 1973), de François Truffaut, y Cuidado con esa Puta Sagrada (Warnung vor einer Heiligen Nutte, 1971), de Rainer Werner Fassbinder, y queda mejor posicionada que las contemporáneas Su Propio Infierno (Her Private Hell, 2026), de Nicolas Winding Refn, Amarga Navidad (2026), de Pedro Almodóvar, y Adolescencia, Sexo y Muerte en Campamento Miasma (Teenage Sex and Death at Camp Miasma, 2026), de Jane Schoenbrun, otras producciones de este año sobre el mismo tema. Aunque la propuesta de Sorogoyen no introduce demasiada novedad, logra escenas de proeza técnica que a su vez dejan expuestas al resto de la película, dado que hay un abismo entre las secuencias de gran intensidad y otros momentos que se vuelven tediosos en su desarrollo.
La contraposición familiar funciona muy bien exponiendo la incomodidad del reencuentro y de toda la relación entre un padre que tiene muchas facetas, la de su carácter narcisista y autoritario como director y su costado vulnerable como hombre arrepentido de ciertas decisiones respecto de la relación con su hija, y una mujer que intenta conciliar su amor por el séptimo arte, su necesidad de ingresar como sea en el mundo del cine y su vínculo con un padre al que apenas conoce y al que ahora le debe su rol más importante.
El Ser Querido funciona más como una crítica a cierto cine realizado de forma autoritaria que como un homenaje metacinematográfico al séptimo arte, aunque hay obviamente una celebración de la gran pantalla que funciona como una crítica política de la actitud del Estado Español de mirar al costado sobre sus acciones en el Sahara Occidental. Al igual que en la cotidianidad, ninguno de los conflictos se resuelve, tan sólo quedan boyando, lo que acerca más a la obra a la vida misma que a la ficción, que suele plantear un conflicto para darle una resolución. Sorogoyen despliega muchos recursos y explora los conflictos familiares con brío pero falla en mantener ese ímpetu durante todo el film, lo cual deja la sensación de que faltó un poco más de apuntalamiento del guión.
El Ser Querido (España/ Francia, 2026)
Dirección: Rodrigo Sorogoyen. Guión: Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña. Elenco: Javier Bardem, Victoria Luengo, Melina Matthews, Pepa Gracia, Marina Foïs, Raúl Prieto, Pablo Gómez-Pando, Malena Villa, Laura Birn, Núria Prims. Producción: Nacho Lavilla y Eduardo Villanueva. Duración: 135 minutos.