La Revolución Francesa marcó la caída del Antiguo Régimen en Francia e inició un cambio en Europa acorde con las ideas de Jean-Jacques Rousseau y Voltaire que consolidó la visión secular por sobre la religiosa, limitó el alcance del absolutismo monárquico y apuntaló los conceptos políticos de izquierda y derecha, revolución y contrarrevolución, que marcaron la historia política de los últimos siglos. La ejecución de Georges-Jacques Danton el 5 de abril de 1794 marcó el inicio del fin del período revolucionario jacobino para dar paso a un ciclo más moderado de políticas liberales que terminará con la coronación como Emperador de Napoleón Bonaparte, corolario del final de la Primera República, primer experimento republicano en Europa que desencadenará las ideas revolucionarias por toda Europa y sus colonias.
Dirigida por el aclamado director polaco Andrzej Wajda, Danton (1983) es la adaptación cinematográfica de la obra de teatro de la escritora Stanisława Przybyszewska, El Caso Danton, publicada en 1929 tras intensas investigaciones sobre el período histórico revolucionario. Wajda realiza cambios mínimos respecto de la obra original para exacerbar algunas distancias ideológicas entre los protagonistas y se toma algunas libertades en lo que atañe a las convenciones históricas sobre los acontecimientos en cuestión sin alterar lo crucial.
En el comienzo de la fría primavera parisina, Danton (Gérard Depardieu) regresa de su refugio en el campo francés, en la comuna de Arcis-sur-Aube, a la capital de Francia después de las acusaciones de malversación de fondos a fines del año anterior, para encontrarse con una ciudad hambrienta atormentada por el terror del Comité de Salvación Pública dirigido por su camarada jacobino Maximilien Robespierre (Wojciech Pszoniak). El regreso de Danton a París y las proclamas en favor de éste por parte del periódico de Camille Desmoulins (Patrice Chéreau), amigo de la infancia de Robespierre y ahora aliado de Danton, avivan el temor de los radicales jacobinos ante una traición en el seno de sus propias filas justificada en la defensa de la joven República y los intereses del Pueblo, paranoia conspirativa producto de un alejamiento del termómetro social de las calles.
En la escena inicial de los carruajes registrados por las fuerzas de seguridad ya se percibe la intranquilidad que se vive en París, que bordea la desesperación y que lleva a los líderes de la Revolución a tomar decisiones de las que después se arrepentirán. Los miembros del Comité de Salvación Pública le solicitan a su líder, Robespierre, que proceda con el arresto de Danton y su tropa, a lo que Robespierre se niega aduciendo la popularidad del acusado y su legitimidad en medio del Terror revolucionario y las privaciones producto de las medidas tomadas por el Comité para el resguardo de la República de sus adversarios. A su vez, los enemigos de la tiranía de Robespierre le ruegan a Danton que se una a su intento de Golpe de Estado, pero Danton se reúsa a ponerse de parte de cualquier acción violenta, abogando por la paz, la calma y la razón ante la locura que se cierne sobre Francia. En lugar de alentar la insurrección Danton incita a sus aliados a denunciar en la Convención Nacional a Herón, el jefe de la policía secreta, por sus abusos.
Robespierre, que en un inicio había desestimado las advertencias y las suplicas de Saint-Just (Boguslaw Linda), uno de los fanáticos del Terror siempre presto para mandar a guillotinar a todo el que lo contradiga, intenta llegar a una concesión con Danton buscando su apoyo para sus políticas. En un lujoso restaurant Danton y Robespierre se reúnen para trenzarse en una discusión de la que el segundo saldrá muy defraudado y con su liderazgo y sus políticas denostadas, reconociendo por primera vez desde el inicio de la Revolución al creador de los tribunales revolucionarios como un potencial rival que lo considera un dictador que ejerce el Terror sin necesidad y con un total desconocimiento de las necesidades populares. Con la seguridad de que Danton está perdido, Robespierre acude a la casa de Desmoulins para advertirle de las posibles consecuencias de su actitud, pero incluso ante la desencajada petición de su esposa sosteniendo al bebé de la pareja, Camille mantiene su posición y así sella su destino junto a Danton, Pierre Philippeaux (Serge Merlin) y François Joseph Westermann (Jacques Villeret), que serán arrestados esa misma noche. El juicio contra los conspiradores se vuelve una tribuna en la que Danton expone los delirios del Comité de Salvación Pública. Ante la impopularidad del juicio, el propio juez se enfrenta con Robespierre, advirtiéndole que la ejecución de Danton será su fin y el de todos los que lo apoyan, pero Robespierre se mantiene en su tesitura, destruyendo así todo lo que había construido en una espiral dictatorial que será una constante de las revoluciones siguientes, que buscando un cambio social caerán en un despotismo brutal. Mientras tanto, en la Convención Nacional los propios partidarios de Danton lo traicionan ante la amenaza de la guillotina, dejándolo aún más expuesto en un proceso judicial que conducirá al líder revolucionario y sus aliados al cadalso y la muerte, símbolo de una revolución sangrienta que devora a sus propios hijos.
Wajda logra aquí una obra que expone las contradicciones alrededor de las posturas de Danton y Robespierre, sus tácticas para doblegar al otro que en un período de estabilidad política solo generan disputas menores, pero en un estado de excepción como el de la Revolución Francesa terminan en tragedia. En todas sus escenas Danton demuestra cómo el discurso contra la tiranía puede funcionar como una forma de opresión aún peor que la que pretende combatir y cómo cada individuo sostiene su alegato con fanatismo sin escuchar a la razón.
En Danton el artífice del tribunal Revolucionario es condenado por la institución creada por él mismo para impartir justicia, una paradoja y justicia poética en medio de unas consignas convertidas en slogans sin sustento que pretenden perpetuar un poder dictatorial que ya no tiene base en las necesidades del Pueblo y solo le allana el camino a los enemigos de la Revolución, dejándoles el poder en bandeja mientras se autodestruyen en sus disputas internas fratricidas.
Estrenado en 1983, Danton fue extrañamente el segundo film que analizó este período revolucionario y el primero en francés con actores franceses, dado que El Reino del Terror (Reign of Terror, 1949), de Anthony Mann, había sido realizado en Estados Unidos con actores norteamericanos. En Danton, el protagonista y sus simpatizantes están compuestos por actores franceses mientras que Robespierre y sus acólitos son interpretados por actores polacos, elección polémica que Wajda sortea con maestría en una obra que traza una analogía tácita entre la Revolución y la lucha de principios de los ochenta del sindicato Solidaridad contra el gobierno comunista polaco y que además expone cómo la defensa de la Revolución se convierte en un discurso de control social completamente alejado del espíritu de libertad que debería suscitar.
Con actuaciones brillantes de Gerard Depardieu, que se queda sin voz de tanto blandir su oratoria sobre el Pueblo, y Wojciech Pszoniak, que compone a un Robespierre desesperado, y por parte del resto de un elenco maravilloso, Wajda logra uno de sus mejores films de la década del ochenta en una mirada sobre la Revolución Francesa única que incomodó a toda Francia y generó un debate necesario sobre los excesos de la Revolución. Las composiciones musicales de Jean Prodromidès imponen zozobra, ansia y malestar ante unas escenas desgarradoras de revolucionarios convertidos en víctimas de sus propias ideas y de sus otrora compañeros en medio de discursos majestuosos de un Danton casi afónico que defiende su parecer hasta la muerte.
La Revolución deviene aquí en despotismo, la libertad es aplastada por el terror y en su institucionalización la Revolución solo puede ver ex aliados transformados en enemigos y traidores en una lógica destructiva que genera exactamente lo que pretende impedir. Danton, de Andrzej Wajda, es una parábola sobre la violencia, la paranoia y las restricciones a las libertades, manotazos de ahogado ante la impotencia de llevar a cabo los cambios sociales que se pretenden, convirtiendo a las grandes ideas de la humanidad sobre emancipación, libertad, igualdad y fraternidad en ideales vacíos.
Danton (Francia/ Polonia, 1983)
Dirección: Andrzej Wajda. Guión: Jean-Claude Carrière, Andrzej Wajda, Agnieszka Holland, Boleslaw Michalek y Jacek Gasiorowski. Elenco: Gérard Depardieu, Wojciech Pszoniak, Anne Alvaro, Roland Blanche, Patrice Chéreau, Emmanuelle Debever, Krzysztof Globisz, Ronald Guttman, Gérard Hardy, Tadeusz Huk. Producción: Margaret Ménégoz y Barbara Pec-Slesicka. Duración: 136 minutos.