27 Noches

Biopolítica y salud mental

Por Martín Chiavarino

El reconocido actor de origen uruguayo radicado en Buenos Aires Daniel Hendler, premiado en el Buenos Aires Festival de Cine Independiente (BAFICI) por su labor actoral en el film independiente uruguayo 25 Watts (2001), se aboca nuevamente a la dirección en 27 Noches (2025), la adaptación para Netflix de la novela de 2022 de Natalia Zito basada en la historia de la artista, escritora y mecenas Natalia Cohan de Kohen, allí mencionada como Sarah Katz y en el film como Martha Hoffman.

 

Tomando algunas estrategias discursivas de la comedia francesa contemporánea que tuvo su pináculo en Amigos Intocables (Intouchables, 2011), de Éric Toledano y Olivier Nakache, aunque adecuadas a la idiosincrasia argentina como ya lo había hecho Santiago Mitre en Pequeña Flor (2022), adaptación de la novela del escritor y artista plástico argentino Iosi Havilio, Hendler logra en 27 Noches combinar las escenas cómicas con el drama de su protagonista a partir de un personaje esponja, que funciona como testigo privilegiado que plantea más dudas que certezas sobre una situación de la que tiene más que aprender que para definir.

 

Leandro Casares (Hendler), un perito psiquiátrico que se toma demasiado tiempo para dar sus diagnósticos, es convocado por un juzgado con el que trabaja asiduamente para evaluar la salud mental de una adinerada octogenaria, Martha Hoffman (Marilú Marini), que tiene un conflicto legal con sus dos hijas, Myriam (Carla Peterson) y Olga (Paula Grinszpan), por el control de las finanzas y los bienes de la extravagante madre.

 

La película comienza con la internación de Martha contra su voluntad en una institución psiquiátrica privada debido a la gestión de sus hijas, quienes ven con preocupación cómo su madre se relaciona con una serie de artistas bohemios, que según las dos mujeres se aprovechan de su espíritu excéntrico y su vocación de mecenazgo o patrocinio artístico para sacarle dinero y valores materiales, sospecha que se acrecienta debido a la desaparición de una valiosa estatuilla de Salvador Dalí del piso de categoría que habita Martha junto a Delia (Emma Luisa Rivera), su empleada doméstica. Casares intenta realizar una evaluación neutral, pero la presión del juzgado por tener un diagnóstico lo antes posible, las pistas de un entramado más oscuro y su propia situación sentimental, laboral y habitacional, lo alientan a involucrarse más de lo que la profesión permite en todo el asunto.

 

27 Noches pone en jaque la relación entre la biopolítica y la salud mental a partir del cuestionamiento del diagnóstico de Orlando Narvaja (Ezequiel Díaz), un prestigioso neuropsiquiatra, por parte de Casares, que al entrevistarse con Martha y las hijas descubre que hay un interés económico subyacente detrás de la presión judicial para que confirme el diagnóstico de demencia de Narvaja basado en una tomografía que señala una posible degeneración lobular frontotemporal. En su pesquisa lo ayuda una nueva empleada del juzgado de la que Leandro se siente atraído románticamente, Alejandra (Julieta Zylberberg).

 

La película intercala las escenas de la investigación de Casares, que pasa de perito psiquiátrico a detective de un policial negro, con las de los 27 días que Martha estuvo encerrada en el instituto frenopático, donde la mujer es en parte tratada como una niña, acorde con las normas de las instituciones de disciplinamiento descriptas por el filósofo francés Michel Foucault en Vigilar y Castigar: Nacimiento de la Prisión (Surveiller et Punir: Naissance de la Prison, 1975).

 

Martha Hoffman ve en Casares a un empleado judicial anodino y depresivo al que puede ayudar a soltarse, a dejar la monotonía y abrirse a la vida, algo que la mujer aprendió en sus años bohemios en París, pero también a un potencial aliado en un entramado que pretende dejarla sin el control de sus finanzas. La protagonista de este baile desafía los mandatos de su edad de comportarse como una señora, tanto hablando como experimentando con su sexualidad. La química entre la mujer adulta que intenta enseñarle a Casares a vivir y el alumno, un hombre de mediana edad que no ha logrado ningún objetivo en la vida y le cuesta relacionarse con el sexo opuesto, funciona a través de la incomodidad, sensación que Casares parece experimentar en cualquier encuentro con el sexo opuesto.

 

Las actuaciones de todo el elenco son muy buenas, pero Marilú Marini se destaca como una intérprete magnífica que le da vida a su personaje, una viuda de más de 80 años con grandes ansias de vivir y disfrutar, relacionándose con otras personas también vivas como ella, con aspiraciones creativas, individuos diametralmente opuestos a las hijas parasitarias que solo piensan en su herencia. Tanto Carla Peterson y Julieta Zylberberg como Germán de Silva y Humberto Tortonese se destacan en sus papeles en esta obra escrita por Daniel Hendler junto a uno de los mejores guionistas del cine argentino, Mariano Llinás, responsable de la maravillosa Historias Extraordinarias (2008), más Agustina Liendo y Martín Mauregui.

 

Las escenas de los artistas bohemios en un galpón ilegalmente ocupado en algún lugar de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con Tortonese interpretando brillantemente a Fernando Noy, junto a actores como Martín Rechimuzzi, Dani Umpi y Diego de Paula, ofrecen un retrato muy verosímil del espíritu de mitad de la primera década del 2000, luego de la Crisis de 2001, con el cierre de muchas industrias, la toma de numerosos locales por parte de colectivos diversos y la expansión de las distintas alternativas contraculturales que floreció con las asambleas barriales, que comenzó a dar signos de agotamiento luego de los sistemáticos desalojos realizados por el gobierno porteño a partir de la asunción de Mauricio Macri como Jefe de Gobierno de la Ciudad.

 

El disciplinamiento de la protagonista por parte de su familia, la justicia y la psiquiatría a la norma de su clase es uno de los ejes principales de la trama y tiene un desarrollo brillante. El motor de las hijas, el juez y el neuropsiquiatra no tiene que ver con ayudar a Martha, curarla, aliviarla ni nada semejante, sino con impedir con distintas estrategias que su dinero vaya a parar fuera del ámbito de la clase alta, especialmente al arte, y más específicamente al arte marginal o independiente.

 

Hay también un trabajo muy bueno respecto del tema de la medicalización de la vida cotidiana, dado que Hendler exhibe los abusos de los medicamentos prescriptos por parte de la protagonista, que como viuda del dueño de una empresa farmacéutica tiene acceso a todo tipo de drogas que deberían ser tomadas bajo supervisión, temática muy bien analizada por Paula Rodríguez Zoya en La Salud Inalcanzable (2017), texto compilado por los docentes e investigadores Flavia Costa y Pablo Rodríguez.

 

Hendler es muy cuidadoso y respetuoso con todos los personajes, pero para los que conocen la historia deja muy expuesto, siguiendo el entramado ficcional de la novela, no menos truculento que la realidad en la que se basa, a Facundo Manes, el neuropsiquiatra que firmó la internación de Natalia Cohan de Kohen junto a su colega Griselda Russo, para recluirla contra su voluntad, internación que duró casi un mes, como bien señala el nombre de la película, y que recién culminó luego de que se filtrara a la prensa todo el caso con la propia palabra de la protagonista avalada por sus reconocidas amistades. Sospechosamente, luego de ese incidente Manes consiguió el financiamiento para su sueño, la fundación de neurociencias INECO. Afortunadamente los amigos de Natalia, el poeta, performer y artista Fernando Noy y el artista Edgardo Giménez junto a Natu Poblet, la dueña del bar, librería y espacio cultural Clásica y Moderna, lograron visibilizar la situación en la que se encontraba su amiga, por lo que las hijas tuvieron que acceder a dar por terminada su internación y negociar con ella el control de sus finanzas por parte de un veedor nombrado de acuerdo por todas las partes, lo que le impidió a Natalia financiar un proyecto que iba a ser dirigido por el arquitecto brutalista ítalo argentino Clorinto Testa para reconstruir el Paseo de la Infanta, un lugar emblemático del barrio de Palermo.

 

Natalia Cohan de Kohen había tenido una vida bastante inusual y era amiga de personajes del mundo artístico e intelectual que frecuentaban Clásica y Moderna como Edgardo Giménez, China Zorrilla, Juan José Sebreli, Hugo Beccacece, Eduardo Paz Leston, Guillermo Jaim Etcheverry y obviamente Natu Poblet, había vivido en París durante su juventud y se había convertido en patrocinadora de artistas luego de que su marido se convirtiera en el dueño de la empresa farmacéutica Argentia y ella en la directora de la Fundación Argentia de Ciencia y Cultura, lo que le valió varios reconocimientos, entre ellos el de Personalidad Destacada de la Cultura de la Legislatura porteña en 2009. Luego de su internación y con el conflicto con sus hijas terminado, Kohen llevó a Facundo Manes a juicio, quien fue sobreseído en todas las instancias judiciales, pero la situación acentuó la necesidad de revisar la Ley de Salud Mental, que sería modificada en 2010 para restringir los criterios para la internación y promover el tratamiento por fuera de los institutos frenopáticos y el reconocimiento de los derechos humanos de los pacientes, lo que en la práctica eliminó la internación involuntaria salvo que haya un riesgo físico y permitió un régimen de visitas más permisivo.

 

Todo el asunto fue uno más de los capítulos de la intensa vida de Natalia Kohen, periplo que Sebreli definió como vida de folletín, cuando la mujer falleció con más de cien años en 2022, y que tuvo un documental premiado en el BAFICI dirigido por Guillermina Pico, Yo, Natalia (2009), el cual ganó como mejor cortometraje y también el Premio del Público.

 

Es muy destacable la sensibilidad de la música instrumental compuesta por el argentino Pedro Osuna, responsable del soundtrack de Argentina, 1985 (2022), el film de Santiago Mitre, que en cada escena logra encontrar la tecla correcta para resaltar la emoción que Hendler quiere transmitir, a lo que se suma la excelente banda sonora de la propuesta, que utiliza canciones de The Mamas & the Papas, The Knife, France Gall y Dani Umpi, destacándose muy acertadamente Big New Priest, tema de The Fall del álbum I Am Kurious Oranj (1988), en la fiesta bohemia, y All I Think About Now, del regreso de Pixies con Head Carrier (2016), ya en el final.

 

Hendler logra construir una obra que denuncia los entramados que se tejen alrededor de las grandes fortunas, no sin una buena cuota cómica y de ternura también, las operaciones de la sociedad de control montada por la corporación jurídica a instancias de las empresas de seguridad denunciada por Gilles Deleuze en Posdata a las Sociedades de Control (Post-scriptum sur les Sociétés de Contrôle¸1990), la falta de consenso alrededor de los cuestionados diagnósticos neuropsiquiátricos y la necesidad de reflexionar sobre una de las temáticas más visibles y a la vez enmascaradas de nuestra época, la biopolítica, definida por Foucault como la estrategia política de gestión del cuerpo y la vida expuesta en su Historia de la Sexualidad (L’Histoire de la Sexualité, 1976), hoy un concepto filosófico consolidado que permite estudiar la administración y la regulación de la vida, y por lo tanto de la salud corporal y mental, por parte de las instituciones estatales y privadas, noción que le ha permitido a filósofos como Giorgio Agamben y Roberto Esposito adentrarse en distintas cuestiones respecto de las nuevas formas de gestión de la existencia que aquí permiten ver de cerca las costuras de los abusos de los diagnósticos neuropsiquiátricos.

 

27 Noches (Argentina, 2025)

Dirección: Daniel Hendler. Guión: Daniel Hendler, Martín Mauregui, Agustina Liendo y Mariano Llinás. Elenco: Marilú Marini, Daniel Hendler, Humberto Tortonese, Julieta Zylberberg, Paula Grinszpan, Carla Peterson, Ricardo Merkin, Ezequiel Díaz, Germán de Silva, Fernando Amaral. Producción: Santiago Mitre y Agustina Llambi-Campbell. Duración: 107 minutos.

Puntaje: 8