Rojos (Reds)

Camaradas

Por Martín Chiavarino

Después de codirigir la comedia fantástica El Cielo Puede Esperar (Heaven Can Wait, 1978) junto a Buck Henry, el reconocido actor Warren Beatty emprendió la monumental tarea de llevar al cine la vida del periodista y activista revolucionario norteamericano John Reed, autor de Los Diez Días que Conmovieron al Mundo (The Ten Days that Shock the World, 1919), una detallada crónica de la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia, sin duda alguna una obra indispensable para entender el período, y la de su esposa, la periodista y militante feminista Louise Bryant. Fue precisamente el éxito de El Cielo Puede Esperar el que permitió que el proyecto de Rojos (Reds, 1981) prosperara, una película épica y romántica en el contexto de la bohemia de Nueva York, la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa.

 

El film de Beatty se centra en la relación entre Reed y Bryant a partir de una entrevista que ella le realiza a él sobre sus ideas respecto de la Primera Guerra Mundial, dando así inicio a una relación que los llevará a Rusia años más tarde en medio del fervor revolucionario de 1917, pero también da cuenta de la militancia de Reed en contra de la conflagración mundial, sus ideas en favor de una organización sindical internacional, su cobertura de las huelgas de los mineros en Colorado previa al inicio de la guerra, el seguimiento de las primarias demócratas en 1916 que elegirían a Woodrow Wilson como candidato a Presidente, su rol como corresponsal de guerra durante la Revolución Mexicana junto al ejército de Pancho Villa y durante la Primera Guerra Mundial en el este de Europa, y su participación en la fundación del Partido Comunista de Estados Unidos tras la anulación de las elecciones de delegados en el seno del Partido Socialista norteamericano.

 

Con una edición verdaderamente maravillosa por parte de Dede Allen y Craig McKay y una gran dirección de Beatty, aquí en su triple rol de guionista, director y protagonista, Rojos recorre la relación entre Bryant y Reed y la irrupción del laureado escritor Eugene O’Neill en la vida de Bryant durante una de las ausencias de Reed en el contexto de la bohemia norteamericana, signada por las ideas revolucionarias, la libertad sexual, las reuniones sociales con discusiones políticas y artísticas trasnochadas y las esperanzas de un cambio. O’Neill es interpretado por Jack Nicholson como un escritor cínico, descreído de las nociones revolucionarias que aún no era el conocido dramaturgo en que se convertiría tras el éxito de la representación en Broadway en 1920 de Más allá del Horizonte (Beyond the Horizon, 1918), su quinta obra publicada. Mientras que Nicholson compone a un personaje sobrio y taciturno, Diane Keaton y Warren Beatty como Bryant y Reed son su polo opuesto, la vehemencia pasional y la acción ampulosa que combinan el fervor revolucionario y la justificación de la Revolución con sus decisiones individuales y sus anhelos de clase media que el agudo O’Neill no deja pasar.

 

En Rojos, la política se yuxtapone con el arte y la representación de las primeras obras de Eugene O’Neill alrededor del círculo bohemio se contrapone con los intentos de Reed de incursionar en la poesía, género de gran prestigio que tiene en el periodismo y en la representación de la realidad su mimesis y su opuesto. La transformación de la praxis a partir de la potencia sonora de la palabra en la poesía queda de lado ante la necesidad de narrar la desigualdad y los abusos del capitalismo con el estilo llano del periodismo, dos instancias de la búsqueda de una voz que funda el estilo y el contenido, la forma y la función, exploraciones que la Primera Guerra Mundial pondrá contra las cuerdas acelerando procesos e incitando a la acción, creando las bases para el desencadenamiento de la Revolución Rusa, el surgimiento de las vanguardias artísticas y la transformación de la utopía socialista en una realidad tangible con todos sus problemas y contradicciones en el ejercicio y la consolidación del poder. El arte transformará a la política y viceversa, el compromiso del artista se convertirá así en un dogma y John Reed con su crónica revolucionaria será el profeta de una nueva era.

 

Si Reed es energía pura, Diane Keaton como Bryant compone a una mujer reflexiva pero también enamorada, que se debate entre su rol como amante, esposa y periodista intentando abrirse camino en una época convulsionada donde la mujer no tenía el derecho al voto en Estados Unidos y los capitanes de la industria consolidaban la acumulación capitalista norteamericana. Maureen Stapleton ofrece una actuación excelente como Emma Goldman, una activista anarquista deportada a Rusia que se desencantaría con el régimen soviético tempranamente y publicaría Mi Desilusión en Rusia (My Desillusionment in Russia, 1923), unos años más tarde.

 

Al igual que Goldman, del idealismo inicial sobre la posibilidad de la construcción de un Estado dirigido por los trabajadores Reed va descubriendo el tedio de la burocratización, la destrucción del disenso, las discusiones interminables que no llevan a ningún lado, la manipulación de los discursos, los malentendidos producto de las traducciones y la paulatina finalización de la Revolución que abre el camino al control total de un Partido que se acomoda en el poder como su predecesor imponiendo el totalitarismo como régimen.

 

Sin duda alguna Beatty logra reconstruir la aventura de John Reed, su cautiverio en Finlandia intentando regresar a Estados Unidos, su viaje a Azerbaiyán y su aporte en la formación de la Tercera Internacional Socialista y del Partido Comunista de Estados Unidos, así como su amor por Bryant en una obra épica como pocas sobre las contradicciones de la utopía y la muerte del sueño revolucionario. Reed demuestra aquí que el individualismo y el colectivismo son dos instancias de la vida del hombre, que para poder vivir en sociedad plenamente y contribuir con la comunidad es necesario tener algo que aportar, un resto, un desborde de energía producto de la experiencia.

 

Una de las características singulares de la obra de Beatty es el trabajo documental a partir de las entrevistas de distintos testigos que conocieron a la pareja como los escritores Henry Miller y Adela Rogers St. Johns o el actor George Jessel, pero también historiadores, militantes políticos y escritores, conformando así una combinación de ficción y retrato documental que no solo otorga credibilidad al guión de Beatty junto al inglés Trevor Griffiths sino que le aporta profundidad a la reconstrucción de las personalidades que retrata a partir de los recuerdos de los entrevistados. Los testigos ofrecen además una perspectiva realista lejos del romanticismo de la vida de Reed y Bryant, dos personajes que vivieron intensamente durante los años de la Guerra Mundial y la Revolución.

 

Tanto la música de Stephen Sondheim como la fotografía de Vittorio Storato, el premiado director de fotografía de obras como Apocalipsis Now (Apocalypse Now, 1979), de Francis Ford Coppola, El Último Emperador (The Last Emperor, 1987), de Bernardo Bertolucci, y Giordano Bruno (1973), de Giuliano Montaldo, contribuyen en sus roles en la construcción de este gran film sobre los ideales y la necesidad de llevar las ideas a la acción. Storato se destaca aquí por la creación de escenas sintéticas perfectas respecto de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa y por el uso de primeros planos que logran captar todas las contradicciones a partir de pequeños gestos, secuencias donde sobresale ampliamente Diane Keaton como una actriz versátil.

 

Más allá de la historia de la pareja, Beatty recupera también las peleas alrededor de la libertad de ambos personajes en algunas de las mejores escenas del film en su necesidad de encontrar su propio camino y la falta de reconocimiento del trabajo de la mujer en la época. El encuentro de Bryant y Reed es una relación de mentes parecidas que chocan, se dan sus tiempos y finalmente encuentran en la Revolución Rusa un canal de diálogo y un lugar donde pueden confluir la pasión de sus ideas con la de sus sentimientos. Beatty reconstruye muy bien esta cuestión así como las asambleas de obreros y distintos acontecimientos de la Revolución que se suceden aceleradamente entre los discursos de Lenin, Trotsky y Zinoviev (interpretado por el escritor polaco Jerzy Kosinski) mientras el mundo en guerra miraba hacia Rusia con expectación y asombro.

 

Rojos cuenta con un elenco de lujo que realiza un trabajo increíble encabezado por el propio Warren Beatty, Diane Keaton, Jack Nicholson como Eugene O’Neill, Jerzy Kosinski como Grigory Zinoviev, Maureen Stapleton como Emma Goldman, Paul Sorvino como Louis Fraina, uno de los fundadores del Partido Comunista de Estados Unidos, Gene Hackman como el periodista Pete van Wherry, y Edward Herrmann como Max Eastman, el editor del periódico The Masses, donde escribía Reed asiduamente, escritor que también tendría su etapa de ilusión y de desengaño con el régimen soviético tras las purgas estalinistas. Max Wright a su vez interpreta a Floyd Dell, también editor de The Masses, un escritor y periodista de una prosa exquisita que tuvo una gran influencia en los círculos socialistas norteamericanos.

 

Las dificultades y la complejidad de la construcción de un partido político se mezclan aquí con las tertulias de los círculos bohemios del Greenwich Village de Nueva York en una película majestuosa acerca de los hombres que en medio de la Guerra Mundial trabajaron para darle un final y unir a la clase trabajadora en pos de un ideal. Rojos reconstruye con maestría el camino realizado por John Reed y Louise Bryant para encontrar inspiración en las ideas y las consignas del sector del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso comandado por Vladimir Lenin, el cual inició la primera experiencia de un Estado Socialista desatando el ardor revolucionario por toda Europa.

 

Rojos recupera la vida de Reed y Bryant en toda su cercanía y lejanía respecto de los acontecimientos actuales, cobrando hoy más interés aún que en la época de su estreno por su extraordinaria reconstrucción de las luchas políticas, las divisiones en el seno de los partidos revolucionarios, las dicotomías y dialécticas del poder, el deprimente paso de la ilusión a la desilusión, del mundo de los idealismos a la acción concreta. Beatty redondea una mirada que logra combinar los aspectos románticos con la descarnada realidad, la épica con las crudas condiciones de la vida en una película sobre la intensidad del amor y el conflicto entre la lucha y los ideales, ejes perfectos de una existencia plena.

 

Rojos (Reds, Estados Unidos/ Reino Unido/ Canadá, 1981)

Dirección: Warren Beatty. Guión: Warren Beatty y Trevor Griffiths. Elenco: Warren Beatty, Diane Keaton, Edward Herrmann, Jerzy Kosinski, Jack Nicholson, Paul Sorvino, Maureen Stapleton, Nicolas Coster, M. Emmet Walsh, Gene Hackman. Producción: Warren Beatty. Duración: 195 minutos.

Puntaje: 10