Rocanrol Cowboys

Caminando por la cornisa

Por Ernesto Gerez

Juanse se trepa de los caños del escenario, en cuero, a lo Iggy Pop, extasiado, fundiéndose con el final estirado de Juana de Arco que como tantas otras noches de los años 90 va a cerrar el show en Obras; lo escupen, lo aplauden, le gritan y la estrella pela el culo, sin cagarse como GG Allin y sin autosodomizarse con una bengala como Hank Von Helvete, pero en clara pose punk glamorosa, como esas guitarras que bien podrían ser de los New York Dolls o, claro, de la etapa cruda de los Rolling Stones y del espíritu de algún negro blusero, porque, como le dice Juanse a Silvina Chediek en una entrevista de principios de los 90, “lo nuestro es atemporal”. El comienzo deja en claro varias cosas, no sólo de la banda sino también de la estructura de la película: vamos a ver un documental expositivo pero con pulso de rocanrol, sin vejetes campeones sentados en sillitas cantando la posta, y sin ese halo museístico de, por ejemplo, Rompan Todo (2020), otro documental disponible en Netflix sobre rock pero con pulso de momia y para el que estos cowboys de Devoto no merecían mención.

 

Hay una decisión formal fundamental que hace que las ruedas se pongan en marcha y no se detengan hasta el minuto 76 que tiene que ver con la supresión visual del entrevistado, entonces las voces son las que guían el relato sobre un despelote de material de archivo muy bien organizado cronológicamente que es el verdadero protagonista. Esa decisión de no mostrar a los entrevistados desde el presente hace que la película parezca más una biopic musical que un documental expositivo. Vemos a un Juanse de veintipico arreglando Una Noche no Hace Mal de ese discazo que es Los Chicos Quieren Rock (1988), para después pasar por el arco narrativo del triunfo: la explosión con el Rock del Gato, las producciones geniales con Andrew Loog Oldham, uno de los grandes narradores del documental, las noches con Richards y los Stones, el mantenerse arriba y sin parar por casi una década, hasta llegar a un Juanse ya más baqueteado mostrando las drogas de farmacia que lo mantienen a tiro y los chistes sobre los tiros que no se ven.

 

Pero la cuestión sigue, porque con esa primera muerte que fue la partida de Pablo Memi en el 97 -tremendo bajista como bien dice Oldham en la película y que fue parte fundamental de aquellos primeros grandes discos- los Ratones se recuperan y clavan varios discos buenos más; digamos que el arco narrativo de la banda y de la película no da lugar al ascenso y la caída, la separación no se da en un mal momento musical sino por un hartazgo grupal seguramente relacionado con los casi 30 años de tocar juntos; pero el documental no se regodea con eso, por el contrario sigue con el pulso de rocanrol y con ese pulso vital de la banda y pasa a la reunión del 2017 en el Hipódromo Argentino de Palermo, supuestamente el evento por el que nació esta película y que, por suerte, se terminó desvirtuando en este homenaje a los Ratones Paranoicos que es también un beso en el cuello transpirado del rock que nunca tendrá papada ni buenos consejos para dar.

 

Rocanrol Cowboys (Argentina, 2021)

Dirección y Guión: Alejandro Ruax y Ramiro Martínez. Elenco: Juan Sebastián “Juanse” Gutiérrez, Pablo Memi, Rubén “Roy” Quiroga, Pablo “Sarcófago” Cano, Fabián “Vön” Quintiero, Andrew Loog Oldham, Mick Taylor, Keith Richards, Norberto Aníbal “Pappo” Napolitano, Gustavo Gauvry. Producción: Lucía Lamboley, Mariano Echarri y Tamara Giambastiani. Duración: 76 minutos.

Puntaje: 9