Unfriended: Dark Web

Capitalismo del snuff

Por Emiliano Fernández

En franca oposición con respecto a Eliminar Amigo (Unfriended, 2014), la secuela directa que hoy tenemos ante nosotros, Unfriended: Dark Web (2018), se aleja del núcleo temático de la original y de paso consigue un producto mucho más atractivo dentro del campo del terror mainstream: así como el deslucido opus de Levan Gabriadze apenas si ofrecía un aggiornamento a los tiempos que corren de los paradigmáticos fantasmas del found footage de décadas anteriores, alzando como estandarte la perspectiva de múltiples pantallas de computadoras, esta nueva entrega -ahora a cargo del director y guionista Stephen Susco- esquiva el sustrato sobrenatural e insólitamente apuesta a un realismo hollywoodense sucio y algo tirado de los pelos -pero realismo al fin- centrado en la tradición del snuff o película de torturas y asesinatos verídicos para el consumo del grupito de voyeurs sádicos de turno.

 

Por supuesto que el asunto no es para nada nuevo y ni siquiera la “vuelta de tuerca” digital funciona como un flamante agregado: desde la berretona aunque primigenia El Ángel de la Muerte (Snuff, 1975), realizada a partir de retazos de The Slaughter (1971), pasando por las muy interesantes Tesis (1996) y 8 Milímetros (8MM, 1999), y llegando a la reciente y relativamente digna The Den (2013), film también centrado en el ecosistema virtual y los escritorios de computadoras, el escabroso tópico ha sido trabajado desde diferentes ángulos y esquemas narrativos. Ahora el pobre diablo que termina conociendo a la fauna siniestra de la deep web adepta a presenciar barbaridades de diversa índole es Matias O’Brien (Colin Woodell), un muchacho que se roba una laptop de un cibercafé y así se autocondena a ser chantajeado por el dueño del equipo, un tal Caronte IV (Douglas Tait), y sus empleadores.

 

En medio de una velada on line de juegos con unos amigos vía Skype y de conversaciones esporádicas con su novia sorda Amaya (Stephanie Nogueras), con quien tiene problemas para comunicarse basados en la negativa del hombre a aprender el lenguaje de señas, en esencia a lo largo del relato se da un tire y afloje entre -por un lado- un Matias que descubre la “profesión” de Caronte IV, léase verdugo para un conglomerado capitalista especializado en snuff web llamado El Círculo, y -por otro lado- el mismísimo Caronte IV, un tremendo hacker que amenaza con matar a Amaya y a la última víctima del grupo, la candidata a una trepanación Erica Dunne (Alexa Mansour), si O’Brien no le devuelve la laptop y un dinerito que el protagonista cobró en bitcoins en nombre de Caronte IV -pagado por El Círculo- y luego transfirió a una cuenta personal, equivalente a la friolera de diez millones de dólares.

 

Lo que aquí hace Susco es fácil de explicar pero muy difícil de llevar a cabo: ayudado por buenas actuaciones de todo el elenco, un ritmo narrativo ágil y un astuto aprovechamiento del trasfondo ultra morboso de la premisa de base, el que fuera guionista de El Grito (The Grudge, 2004), Red (2008) y Duelo al Sol (Beyond the Reach, 2014) crea una ópera prima como realizador bastante entretenida y poderosa que de todas formas no llega a empardar los logros de Buscando (Searching, 2018), la otra mega propuesta del año del rubro de los misterios y/ o secretitos inmundos del universo digital. El gran aporte de Unfriended: Dark Web es su construcción escalonada y sutil de ese entramado de ultimátums, manipulación, engaño, vigilancia y extorsión que se esconde detrás del negocio del dolor ajeno y el placer de ser testigo impasible del mismo 24 horas al día, un berretín que sin duda mantiene hipnotizada a buena parte de las tristes masas oligofrénicas de nuestro presente como si se tratase de un dispositivo fisiológico sedante para conciencias cobardes y llenas de rencor…

 

Unfriended: Dark Web (Estados Unidos, 2018)

Dirección y Guión: Stephen Susco. Elenco: Colin Woodell, Stephanie Nogueras, Betty Gabriel, Rebecca Rittenhouse, Andrew Lees, Connor Del Río, Savira Windyani, Douglas Tait, Bryan Adrian, Alexa Mansour. Producción: Jason Blum y Timur Bekmambetov. Distribuidora: BF + París Films. Duración: 92 minutos.

Puntaje: 6