Hoy en día se recuerda al peculiar matrimonio de Willard Huyck y Gloria Katz por haber sido responsable de dos de las peores películas de la historia del cine, La Mejor Defensa es el Ataque (Best Defense, 1984), aquella comedia bélica impresentable protagonizada por Dudley Moore y Eddie Murphy, y Howard, el Superhéroe (Howard the Duck, 1986), la desastrosa adaptación con Ed Gale, Lea Thompson y Tim Robbins del triste personaje de historietas del título creado en 1973 por Steve Gerber y Val Mayerik, ambas escritas por el dúo y dirigidas en soledad por Huyck, no obstante la pareja también concibió los guiones de dos neoclásicos del acervo ultra popular, American Graffiti (1973), del socio recurrente George Lucas, e Indiana Jones y el Templo de la Perdición (Indiana Jones and the Temple of Doom, 1984), de Steven Spielberg, y de la estrafalaria Asesinatos en la Radio (Radioland Murders, 1994), opus de Mel Smith que intentaba homenajear a la screwball comedy de la Gran Depresión. Muy pocos cinéfilos saben que Katz y Huyck dirigieron y escribieron dos propuestas más, la ya completamente olvidada French Postcards (1979), una historia de aprendizaje o bildungsroman símil American Graffiti aunque más minimalista y romántica, y Mesías del Mal (Messiah of Evil, 1973), la ópera prima de la dupla y única verdadera intervención en dirección por parte de Gloria aunque sin aparecer en los créditos más que como productora y coguionista, una película minúscula que fue abriéndose camino como uno de los trabajos más singulares e interesantes del campo del terror de la década del 70 y un convite en realidad filmado en 1971 pero estrenado dos años después por problemas presupuestarios y de productores que desaparecían y aparecían de repente, muy en sintonía con lo que ocurría con el cine independiente de entonces y el modelo productivo de films del underground que se rodaban sin distribuidor y luego salían a buscar su nicho dentro del muchas veces saturado mercado de la Clase B efervescente y decididamente iconoclasta.
Muchas veces nombrada al paso porque aparece en aquella marquesina de Dos Extraños Amantes (Annie Hall, 1977), de Woody Allen, junto a La Casa del Exorcismo (The House of Exorcism, 1975), la infame versión del productor Alfredo Leone de Lisa y el Diablo (Lisa e il Diavolo, 1974), de Mario Bava, en ocasión de un dardo ponzoñoso de Allen para con Los Ángeles y Hollywood en especial, Mesías del Mal se centra en el viaje que realiza Arletty (Marianna Hill) al enclave costero de Point Dume, en California, para reencontrarse con su padre, Joseph Long (Royal Dano), un pintor de impronta pop art bien lúgubre que la mujer no puede hallar por ningún lado, ni en el caserón de turno ni en el pueblito. Arletty, por cierto una referencia a la célebre actriz francesa de Los Niños del Paraíso (Les Enfants du Paradis, 1945), de Marcel Carné, en una galería de arte local consigue el dato de que determinada persona asimismo estuvo preguntando por su padre, Thom (Michael Greer), un dandy aristocrático de ascendencia norteamericana y portuguesa que visita el lugar con sus dos amantes, la putona veterana Laura (Anitra Ford) y su equivalente de menor edad Toni (Joy Bang), en función de su gran interés por las leyendas populares, precisamente por ello escucha al borrachín añoso oficial de la comarca, Charlie (Elisha Cook Jr.), quien le aclara que dentro de poco se cumplirán cien años de la llegada de un tal Forastero Oscuro (el propio Greer), un supuesto sobreviviente de la Expedición Donner, aquel grupo de pioneros que viajaron entre 1846 y 1847 desde Missouri hacia California y pasaron mil calamidades al extremo de recurrir al canibalismo para sobrevivir al verse acorralados por la nieve y ya sin alimentos a la vista, que aparentemente surgió desde las profundidades del océano para esparcir una infección sobrenatural que lleva a la gente a llorar sangre, volverse insensible al dolor y por supuesto desarrollar un apetito voraz por esa suculenta carne cruda, mucho mejor si la susodicha sigue “pegada” al cuerpo de algún bípedo no contagiado del montón.
La película es muy extraña para el estándar conservador y tontuelo del cine yanqui, en este sentido pensemos que por un lado parece una cruza entre La Noche de los Muertos Vivos (Night of the Living Dead, 1968), de George A. Romero, y La Invasión de los Usurpadores de Cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1956), de Don Siegel, aunque matizada por múltiples alusiones a H.P. Lovecraft en sintonía con ese terror ancestral que llega del mar, la conducta bizarra de los pueblerinos, un mal contagioso imparable, los “otros Dioses” y los cultos perversos que reemplazan al cristianismo, las abominaciones como una realidad y el hecho de que Arletty termina confinada en un manicomio, destino habitual de la fauna lovecraftiana, y por el otro lado recupera el dejo claustrofóbico u onírico del terror gótico de antaño e incluso el fantastique, basta con tener presente que la protagonista y su interés romántico, Thom, se mueven en este contexto bucólico moderno aunque con la parsimonia propia de un adalid de esas tétricas aventuras en los castillos de Bava o del Roger Corman adaptando a Edgar Allan Poe, mixtura que en parte anticipa lo hecho por Lucio Fulci en su Trilogía de las Puertas del Infierno, léase Miedo en la Ciudad de los Muertos Vivientes (Paura nella Città dei Morti Viventi, 1980), El Más Allá (E tu Vivrai nel Terrore! L’Aldilà, 1981) y La Casa Cercana al Cementerio (Quella Villa Accanto al Cimitero, 1981), gracias al carácter insólito y heterogéneo/ compuesto de los habitantes de Point Dume, los cuales aglutinan rasgos de los zombies, los vampiros, los posesos, los caníbales, los sádicos, los demonios, los feligreses del espanto y los enfermos psiquiátricos más tradicionales, combo que además parece retomar el sustrato lírico de los chupasangres de Jean Rollin mediante constantes soliloquios de parte de la narradora principal, Arletty, y el otro gran locutor en off, su padre, quien al inicio se nos aparece a través de cartas escritas a su hija y un diario en el que relata su metamorfosis progresiva en antropófago partidario de la Luna de Sangre.
Más allá de las inconsistencias narrativas y las flojas actuaciones esperables del indie de la época, destacándose sobre todo el genial Elisha Cook Jr., la pose elegante ridícula de Greer y la evidente belleza de Hill, Ford y Bang, la primera luciéndose por aquellos años en La Venganza del Muerto (High Plains Drifter, 1973), de Clint Eastwood, Mesías del Mal logra construir una atmósfera claustrofóbica esplendorosa que tarda en arrancar y posicionarse en pantalla pero cuando lo hace la satisfacción es plena porque hasta el surrealismo se da cita, recordemos para el caso los muchos diálogos delirantes, la propietaria ciega de la galería de arte, los murales siempre acechantes del hogar de Joseph y ese albino zombificado en la piel de Bennie Robinson que aparece una y otra vez, señor que engulle a un ratoncito vivo, amén del trasfondo erótico/ sexploitation tácito del trío que se abre a un cuarteto y por ello genera los celos de Laura y el aburrimiento de Toni, viabilizando a su vez las dos mejores secuencias del film por lejos, la del asesinato del personaje de Ford en el supermercado, claro punto de inspiración para las ironías sobre el consumismo capitalista de El Amanecer de los Muertos (Dawn of the Dead, 1978), de Romero, y la del homicidio de Toni en esa sala cinematográfica que anuncia Corazón de Hielo (Kiss Tomorrow Goodbye, 1950), de Gordon Douglas, y proyecta un tráiler de la desquiciada Lo que el Oeste se Llevó (Gone with the West, 1974), de Bernard Girard, en esta oportunidad anticipando la sátira sobre la frontera entre realidad y ficción de Angustia (1987), de Bigas Luna, y Demonios (Dèmoni, 1985), de Lamberto Bava, hijo del mítico Mario. Entre un parricidio con llamas, policías que se matan entre ellos, un pueblo descontrolado, ese alfiler que ingresa en las celestiales piernas de Hill y algún que otro vómito de gusanos, escarabajos y una simpática lagartija, la propuesta enfatiza el costado tenebroso de la “América profunda” fascistoide que se come a los hedonistas de la contracultura y a cualquiera que sea diferente o pueda contradecirlos…
Mesías del Mal (Messiah of Evil, Estados Unidos, 1973)
Dirección: Willard Huyck. Guión: Willard Huyck y Gloria Katz. Elenco: Marianna Hill, Michael Greer, Joy Bang, Anitra Ford, Royal Dano, Elisha Cook Jr., Charles Dierkop, Bennie Robinson, Morgan Fisher, Walter Hill. Producción: Gloria Katz. Duración: 90 minutos.