Jeff Wadlow es otro de esos directores y guionistas contemporáneos que no dejan contentos a casi nadie porque prácticamente todo lo que hacen está empapado de la mediocridad del olvido automático o la sumisión del pobre diablo que hace siempre lo que se le dice, un mal que abarca a la enorme mayoría de la producción artística del nuevo milenio porque la rica formación cultural del pasado de los creadores se pauperizó, la gran industria adora refritar premisas quemadas y el público, por supuesto, aporta su voluminosa dosis de complicidad sosteniendo en taquilla este esquema de basura masiva ad infinitum, pensemos para el caso en bodrios del estadounidense como La Última Víctima (Cry Wolf, 2005), Rompiendo las Reglas (Never Back Down, 2008) y La Isla de la Fantasía (Fantasy Island, 2020), en esa chatarra bien impresentable para Netflix símil La Historia Real de un Falso Asesino (True Memoirs of an International Assassin, 2016) y La Maldición de Bridge Hollow (The Curse of Bridge Hollow, 2022) y en películas relativamente potables que de todos modos tampoco entusiasman a nadie ni permanecen demasiado en el recuerdo, en sintonía con Kick-Ass 2 (2013) y Verdad o Reto (Truth or Dare, 2018), todos ejemplos de lo mucho que derrapa el aparato mainstream del nuevo milenio incluso cuando pretende construir propuestas de bajo presupuesto, minimalistas o cosillas semejantes a la Clase B de antaño, la menos exigente.
El nuevo mamarracho de Wadlow para Blumhouse Productions, la empresa cada día más alicaída de Jason Blum, Imaginario: Juguete Diabólico (Imaginary, 2024), sigue la estela de inmundicia creativa de sus dos odiseas inmediatamente previas, La Isla de la Fantasía y La Maldición de Bridge Hollow, ya que en ningún momento consigue elevarse por sobre el catálogo de referencias a films mucho mejores de los que recupera una serie de ingredientes aislados, basta con tener presente esa invocación sobrenatural a lo Candyman (1992), de Bernard Rose, un acecho cuasi onírico aunque diurno que le debe mucho a Pesadilla en lo Profundo de la Noche (A Nightmare on Elm Street, 1984), del querido Wes Craven, aquella obsesión fantasmal con la nenita de Poltergeist (1982), opus de Tobe Hooper, un reino de la imaginación terrorífica que parece una combinación de sus equivalentes de Beetlejuice (1988), de Tim Burton, y Laberinto (Labyrinth, 1986), de Jim Henson, y para colmo un peluche del averno que jamás se decide del todo entre la amenaza pirotécnica explícita, vinculada al slasher de Muñecos Malditos (Dolls, 1987), de Stuart Gordon, y Chucky: El Muñeco Diabólico (Child’s Play, 1988), de Tom Holland, y la vertiente más bien abstracta o psicológica, correspondiente al thriller clásico de joyas como Magia (Magic, 1978), de Richard Attenborough, y Pin (1988), único opus del realizador canadiense Sandor Stern.
Jessica (DeWanda Wise), una escritora e ilustradora de libros para purretes, está casada con un músico llamado Max (Tom Payne), quien tuvo dos hijos con una mujer con problemas psiquiátricos, Samantha (Alix Angelis), hablamos de la adolescente Taylor (Taegen Burns) y la mocosa Alice (Pyper Braun), parentela que se muda a la casa de la mujer cuando niña a pesar de los evidentes malos recuerdos que le genera porque su madre falleció de cáncer y luego la mandaron a vivir con su abuela porque su padre con problemas neurológicos, Ben (Samuel Salary), la agredió. Como corresponde a todo producto intercambiable del rubro “juguete maldito”, la que encuentra el osito de peluche en el sótano de la vivienda es Alice, la hija de Max que se lleva bien con Jessica ya que Taylor la detesta por osar reemplazar a su progenitora, así las cosas la jovencita se obsesiona con el muñeco mientras se apilan advertencias ominosas por parte de Ben y Samantha, un semi ataque contra el aspirante a noviecito de la púber, Liam (Matthew Sato), la aparición de una vecina enigmática que conoció a la protagonista, Gloria (Betty Buckley), un intento de Alice de estampar su mano contra una madera con un clavo y el arribo de la Doctora Soto (Veronica Falcón), figura de autoridad que complementa a Gloria porque la psicóloga ayuda a revelar que este juguete malvado, bautizado Chauncey, sólo es visto por la nena y Jessica, su otrora “mejor amiga”.
Si bien no es mala la idea de aglutinar dos “motivaciones” para el derrotero acechante de Chauncey, primero alimentarse de la creatividad/ imaginación de los mocosos y segundo vengarse específicamente de Jessica porque al mudarla a la casa de la abuela la conexión con el osito/ amigo quimérico/ entidad espiritual impetuosa se rompió, a decir verdad la ejecución de la premisa por parte de Wadlow vuelve a ser pésima y pone al descubierto la triste racha del horror mainstream e indie norteamericano de hoy en día, pensemos en obras a priori tan disímiles -aunque en última instancia insoportables o frustrantes- como Aguas Siniestras (Night Swim, 2024), de Bryce McGuire, Lisa Frankenstein (2024), de Zelda Williams, Viernes Negro (Thanksgiving, 2023), del imbécil de Eli Roth, Five Nights at Freddy’s (2023), de Emma Tammi, Scream VI (2023), de Tyler Gillett y Matt Bettinelli-Olpin, El Exorcista: Creyentes (The Exorcist: Believer, 2023), de David Gordon Green, Drácula: Mar de Sangre (The Last Voyage of the Demeter, 2023), de André Øvredal, y La Monja II (The Nun II, 2023), de Michael Chaves. Imaginario: Juguete Diabólico resulta demasiado melosa, estúpida, redundante, apesadumbrada y extensa para su propio bien, como si no supiese qué hacer con el trauma de la separación afectiva pueril y hasta a veces pretendiese reflexionar acerca de la imaginación patológica escapista de nuestros días o quizás despertar la empatía del público para con estos burgueses ricachones de otra familia compuesta posmoderna, donde los parches o las relaciones forzadas reemplazan al cariño verdadero que le escapa a los caprichos hedonistas. Tan anodina y rutinaria como el pelotón de productos citados del Hollywood de cartón pintado del Siglo XXI, el trabajo de Wadlow ofrece actuaciones muy flojas, poco suspenso valioso, CGIs berretas, un desenlace bastante mezquino -con muy poco gore, como siempre- y este latiguillo ya ampliamente agotado del juguete o fuerza paranormal que manipula al niño de turno para condenar a toda su familia a reproducir un círculo vicioso de nunca acabar y dominado por el apetito más macabro…
Imaginario: Juguete Diabólico (Imaginary, Estados Unidos, 2024)
Dirección: Jeff Wadlow. Guión: Jeff Wadlow, Greg Erb y Jason Oremland. Elenco: DeWanda Wise, Taegen Burns, Pyper Braun, Betty Buckley, Tom Payne, Veronica Falcón, Samuel Salary, Matthew Sato, Alix Angelis, Wanetah Walmsley. Producción: Jason Blum, Jeff Wadlow y Paul Uddo. Duración: 104 minutos.