Maníaco (Maniac)

Chicos feos con chicas lindas

Por Emiliano Fernández

Lo mejor de la algo escueta carrera de William Lustig como realizador definitivamente se condensa en las recordadas Maníaco (Maniac, 1980) y Maniac Cop (1988) más las dos secuelas de esta última, aquella de 1990 y la siguiente de 1992, ya que, dejando de lado sus comienzos en la Edad de Oro del Porno o Porno Chic bajo el seudónimo de Billy Bagg con The Violation of Claudia (1977) y Hot Honey (1978), el resto de su producción artística se enmarca en el terreno de lo sinceramente olvidable con la honrosa excepción de Vigilante (1982), un simpático y muy entretenido rip-off de Death Wish (1974), clásico de Michael Winner en el que Lustig se había desempeñado como editor no acreditado, pensemos para el caso que el señor nos legó obras diversas que van desde lo apenas correcto en términos de la Clase B de su tiempo, léase Hit List (1989) y Relentless (1989), hasta lo directamente fallido en sintonía con The Expert (1995) y Uncle Sam (1996), la primera codirigida junto a Rick Avery y la segunda un antiguo “directo a video” que significó su reencuentro con su colaborador fundamental en la saga de Maniac Cop, el querido Larry Cohen. Si bien se suele repetir entre la crítica y el público de pocas luces de hoy en día que antes de Maníaco el director únicamente contaba con experiencia en el cine para adultos, esto no es así ya que además de haber trabajado en Death Wish el susodicho también colaboró como asistente o encargado de producción, durante este mismo período de la década del 70 y comienzos de los 80, en joyas de la talla de The Seven-Ups (1973), de Philip D’Antoni, e Inferno (1980) y Tenebre (1982), ambas de Dario Argento, amén de alguna que otra rareza cuasi exploitation como el caper de acento poliziottesco The Squeeze (1978), delirio más que importante de Antonio Margheriti que como las anteriores aportó la pericia necesaria para este debut del tremendo William en el cine de género terrorista adepto a cagarse en el gusto mainstream.

 

Maníaco, protagonizada, escrita y producida por Joe Spinell, pronto haría escuela en ese acervo cultural de los homicidas en serie inspirado en las cruentas aventuras de gente como Ted Bundy, el Asesino del Zodíaco, John Wayne Gacy y David Berkowitz alias El Hijo de Sam, pensemos en cuánto le debe al opus underground de Lustig el desarrollo posterior del formato del psicópata torturado/ torturador en un espectro que va desde el indie de Angst (1983), de Gerald Kargl, y Henry: Portrait of a Serial Killer (1986), de John McNaughton, hasta el Hollywood pomposo de Seven (1995), de David Fincher, y The Cell (2000), de Tarsem Singh. La trama gira en torno a Frank Zito (Spinell), un pintor esquizofrénico que fue sometido a abusos cuando niño por su madre Carmen (Nelia Bacmeister), como por ejemplo encerrarlo durante días enteros en un armario o quemarle el pecho con cigarrillos, hembra que falleció hace años en un accidente de tráfico aunque marcó a fuego el intelecto trastornado del protagonista, quien se dedica a despachar mujeres -en plan de revancha en diferido contra el género femenino- para quitarles el cuero cabelludo y clavarlo en la cabeza de maniquíes de su lúgubre hogar. Luego de cortarle el cuello a una pareja en una playa (Linda Lee Walter y James L. Brewster), a ella con una navaja y a él con alambre, Zito estrangula en un hotel a una prostituta (Rita Montone), revienta en un descampado a otra dupla romántica aunque con una escopeta (Tom Savini y Hyla Marrow), asesina con una bayoneta en el metro neoyorquino a una enfermera (Kelly Piper) y mata de una puñalada en el pecho a una modelo, Rita (Abigail Clayton), porque sentía celos de su relación con una hermosa fotógrafa que le sacó una foto en una plaza, Anna D’Antoni (Caroline Munro), no obstante cuando pretende atacar a esta última frente a la tumba de su progenitora recibe un palazo en su brazo izquierdo por parte de la señorita, quien escapa y da aviso a la policía.

 

Englobada dentro del ciclo de “mis problemas familiares/ edípicos muy severos”, aquel que fue inaugurado por Psycho (1960), de Alfred Hitchcock, y Peeping Tom (1960), de Michael Powell, y abarca las conceptualmente semejantes Don’t Go in the House (1979), de Joseph Ellison, y Mil Gritos Tiene la Noche (1982), opus de Juan Piquer Simón, Maníaco también incluye citas de The Texas Chain Saw Massacre (1974), de Tobe Hooper, vía los coloridos y morbosos arreglos domésticos de Frank, The Collector (1965), film de William Wyler, en función de ese golpe final con una pala que duplica al de Samantha Eggar a Terence Stamp de los 60, y Taxi Driver (1976), de Martin Scorsese, por el retrato crudo de Nueva York, la presencia de Spinell, quien tenía un rol secundario en el clásico de Scorsese, y una escena específica en la que Zito reproduce aquella frase “¿me estás hablando a mí?”. Son muchos los ingredientes y recursos que convierten al trabajo de Lustig en uno de los más acertados de su época, recordemos toda su brutalidad documentalista, la técnica de ir dosificando la información, esos soliloquios desquiciados del protagonista charlando con los maniquíes como si fueran su madre, el estupendo diseño de su departamento con fotos, muñecos, velas y pinturas que remiten al giallo avasallante de Argento y Mario Bava, los geniales efectos especiales de impronta ultra gore de Savini, la música entre melancólica e histérica de Jay Chattaway, el muy buen manejo del suspenso, esta Gran Manzana mugrienta previa a la gentrificación y el look antihollywoodense y bastante grotesco del talentoso Spinell, aquí con sobrepeso y un rostro poceado, el cual durante casi toda su trayectoria estuvo limitado a papeles colaterales en faenas de Francis Ford Coppola, Frank Perry, Paul Mazursky, John G. Avildsen, William Friedkin, Sylvester Stallone, Jonathan Demme, Nicolas Roeg, Stuart Rosenberg, Curtis Hanson y Ron Howard, además de los ya señalados D’Antoni y Scorsese.

 

La vinculación en concreto con Argento es muy fuerte en materia no sólo espiritual sino bien práctica/ profesional tanto por las colaboraciones de Lustig con el italiano como por la decisión primigenia de escoger a la pareja histórica de Dario, la actriz y guionista Daria Nicolodi, para el rol de Anna, algo que no pudo ser porque el rodaje en paralelo de Inferno, en la que Nicolodi interpretaba a Elise de Longvalle Adler, se extendió más de lo previsto y por ello a posteriori fue seleccionada Munro, otra mítica scream queen que participaría en films de Robert Fuest, Alan Gibson, Brian Clemens, Peter Sasdy, Kevin Connor, Edmund Purdom, el trío de George Dugdale, Mark Ezra y Peter Mackenzie Litten, aquel inefable Jesús Franco y el también español Paul Naschy, incluso llegando a ser una “chica Bond” en The Spy Who Loved Me (1977), de Lewis Gilbert, y a compartir cartel con Spinell en dos opus más, Starcrash (1978), trasheada de Luigi Cozzi, y The Last Horror Film (1982), de David Winters, esta última uno de los dos intentos de Joe por recuperar algo del acervo impiadoso y nihilista de Maníaco, siendo el otro The Undertaker (1988), de Frank Avianca y Steve Bono, obra que quedó trunca, al igual que la demorada secuela de Maníaco a cargo de Buddy Giovinazzo, a raíz del fallecimiento de Spinell en 1989 a los 52 años de edad debido a un accidente en el baño que lo llevó a desangrarse hasta morir por su hemofilia. Desde el sueño del inicio que resulta ser verdad, ese del doble asesinato en la playa, hasta el par de alucinaciones tenebrosas del desenlace a lo Lucio Fulci, la de la madre saliendo de su sepultura y esa de las víctimas adoptando el cuerpo de los maniquíes y desmembrando al chiflado, la película supera con creces a la digna remake del 2012 de Franck Khalfoun y sin duda rankea en punta entre lo mejor del cine misógino y visceral protagonizado por chicos feos que revientan a chicas lindas homologadas a putas abusonas que reclaman su castigo…

 

Maníaco (Maniac, Estados Unidos, 1980)

Dirección: William Lustig. Guión: Joe Spinell y C.A. Rosenberg. Elenco: Joe Spinell, Caroline Munro, Abigail Clayton, Kelly Piper, Rita Montone, Tom Savini, Hyla Marrow, James L. Brewster, Linda Lee Walter, Nelia Bacmeister. Producción: William Lustig, Joe Spinell y Andrew W. Garroni. Duración: 88 minutos.

Puntaje: 8