Hater (Sala Samobójców: Hejter)

Cinismo a tres puntas

Por Emiliano Fernández

Luego de la excelente Corpus Christi (Boze Cialo, 2019), centrada en un ex presidiario, Daniel (Bartosz Bielenia), que se hace pasar por cura en una parroquia de un pueblito a su vez atravesado por los coletazos de un trágico accidente automovilístico en el que nada es lo que parece, el director polaco Jan Komasa vuelve a colaborar con el guionista Mateusz Pacewicz en ocasión de la también maravillosa Hater (Sala Samobójców: Hejter, 2020), un spin-off casi completamente autónomo de Suicide Room (Sala Samobójców, 2011), aquel retrato acerca de la dependencia/ adicción on line de un adolescente de clase alta, Dominik (Jakub Gierszal), que derivaba en debacle por bullying, depresión, desidia paternal y un masoquismo cada vez más macabro que en parte hacía acordar a su homólogo de El Club de los Suicidas (Jisatsu Sâkuru, 2001), gran neoclásico del rubro de Sion Sono. Aquí la película da por sentado el “estado de cosas” de la virtualidad de nuestros días, saturada de paparulos que reproducen hasta el infinito memes prefabricados y reduccionistas y se la pasan posteando pavadas que se mueven entre lo confesional patético, la seudo información y una ironía bien esquemática, para ir un paso más allá y examinar con lujo de detalles el entramado de las mentiras en las redes sociales y de la manipulación masiva a través de la historia de un joven estudiante de derecho y moderador de social media, Tomasz Giemza (Maciej Musialowski), que no sólo se inmiscuye en el maquiavelismo corporativo, político y comunicacional sino que empieza a desarrollar características cada vez más psicopáticas y peligrosas que escapan al marco pueril de los haters/ odiadores de la red y su banalidad.

 

La trama arranca con la expulsión de Giemza, un muchacho del interior de Polonia, de la universidad por plagio en un ensayo, catástrofe profesional que decide ocultar a una familia amiga de la alta burguesía que aparentemente lo ampara y le pasa dinero durante su estadía en Varsovia, el poderoso clan Krasucki, compuesto por el matrimonio de Robert (Jacek Koman) y Zofia (Danuta Stenka) y sus dos hijas, una exitosa y graduada de la Universidad de Oxford, Natalia (Martynika Kosnica), y la otra que viene de tomarse un “año sabático” que en realidad enmascara el clásico encadenamiento burgués de depresión, medicamentos y psicoterapia, la bella Gabi (Vanessa Aleksander), de la que Tomasz está secretamente enamorado y a quien le cuenta como confidencia lo de la expulsión, provocando que la chica lo traicione, le cuente a sus padres y empantane la relación del -de por sí- desesperado muchacho con los Krasucki. Giemza de casualidad comienza a trabajar en una compañía que simula ser de relaciones públicas aunque en verdad es una granja de trolls especializada en campañas de odio direccionado o de lisonjeo indirecto a través de cuentas falsas en las redes sociales compradas en la India y de diversas herramientas adicionales como las fake news, los hashtag símil eslóganes publicitarios y el espionaje para nada sutil vía cámaras y micrófonos sobre las víctimas de ocasión o sus colaboradores, casi siempre tratándose de personalidades famosas, empresarios de la oligarquía vernácula de alto perfil, celebridades de Internet y figuras varias de la política que más que “posicionar” una estampa falaz en materia de imagen pública, mediática o virtual, necesitan destruir la de su rival inmediato.

 

Tomasz pasa de olvidarse a propósito su celular para grabar una conversación íntima de los Krasucki y de hacerle perder popularidad a una idiota que sube a la web videos de gimnasia y vende jugos, FitAneta (Julia Wieniawa-Narkiewicz), ya en el marco de la empresa de supuestas relaciones públicas, Best Buzz PR, a directamente plantarle un micrófono a Gabi en su cuarto de la casa familiar y a “trabajarse” al candidato de centroizquierda a alcalde de Varsovia por el partido Unión por el Futuro, Pawel Rudnicki (Maciej Stuhr), primero simulando que una multitud de comentarios aduladores salieron de la IP de su oficina de la mano de su equipo de campaña, a posteriori volcando la atención pública sobre la posición pro refugiados e inmigrantes de Rudnicki -lo que implica avivar el desprecio de la derecha xenófoba- y finalmente infiltrándose él mismo como voluntario en el comité organizador del candidato, en suma drogándolo en un bar, llevándolo a un boliche nocturno, besándolo y luego divulgando en redes sociales su evidente homosexualidad reprimida mediante videos circunstanciales de terceros que lo reconocen. Sin embargo la movida más temeraria es la que involucra el control de un tal Stefan “Guzek” Guzkowski (Adam Gradowski), un chiflado racista de extrema derecha y al mismo tiempo un pobre tipo que vive con su abuela senil, a quien Giemza localiza en un juego on line de realidad virtual, haciéndose pasar por un jerarca del grupo ficticio Alto a la Islamización, y después lleva a atacar a Pawel en una conferencia de prensa, denunciando sus vínculos familiares con el viejo Partido Comunista, y a perpetrar una matanza espantosa, entre el magnicidio y el caos de la irritación polirubro.

 

El guión de Pacewicz es realmente excelente porque por un lado supera por mucho al del propio Komasa de Suicide Room, en esa época abarcando mucho más de lo considerado conveniente y cayendo en algunas redundancias narrativas, y por el otro lado complejiza con una enorme inteligencia y desparpajo al protagonista, el cual no sólo va reconstruyendo paulatinamente sus lazos con Gabi y los Krasucki, sirviéndose sobre todo de la galería de arte de Zofia y la amistad de ella y Robert con Rudnicki, sino que también sobrepasa en términos profesionales a su jefe inmediato, el soberbio y sádico Kamil (Piotr Biedron), y a la misma dueña y cabecilla fundamental de Best Buzz PR, nada menos que aquella Beata Santorska (Agata Kulesza) de Suicide Room, la madre del malogrado Dominik. Como si se tratase de una reencarnación posmoderna del Tom Ripley de Patricia Highsmith, Tomasz va saliendo del pozo de los primeros minutos del metraje sin que sepamos demasiado de su vida pasada y a través de un ascenso social en el que se unifican la fascinación obsesiva que despierta en él la parentela Krasucki, una suerte de envidia hacia las cúpulas gerenciales de la pirámide capitalista, un afán de venganza por los maltratos y ninguneos recibidos y el amor sincero para con una Gabi que pretende “ganar” sí o sí cual trofeo o simple frutilla de una torta que incluye su entronización como héroe claro e ineludible en un contexto de crisis terminal que el propio Giemza construyó con sorprendente dedicación, ese que supera por mucho a las cándidas estimaciones previas de su empleadora o lo que pudiesen llegar a imaginar sus benefactores o sus víctimas y/ o cómplices involuntarios en toda esta aventura.

 

Retomando a escala conceptual los engaños cruzados de Los Sospechosos de Siempre (The Usual Suspects, 1995), la coyuntura general de Red Social (The Social Network, 2010) y hasta aquella metáfora del progreso del infiltrado de Promesas del Este (Eastern Promises, 2007), amén de alusiones explícitas a El Arte de la Guerra, el legendario tratado militar de Sun Tzu en el que se sistematiza una serie de estrategias orientadas a la manipulación y la provocación, Hater es asimismo una curiosa apología -irónica aunque apología al fin- de la necesidad de hoy en día seguir centrándose en la praxis cotidiana y no sobredimensionar la importancia de Internet, ya que sinceramente todos los personajes se convierten en pobres diablos al compararlos con un psicópata todo terreno como Tomasz que recurre a las redes sociales y al ecosistema de la web sólo para complementar las barrabasadas que de hecho prepara en el sustrato material y bien prosaico de nuestra realidad, cimiento para todo lo posterior y de paso “gran explicación” para las fallas, la mediocridad y lo limitado del esquema a priori también aborrecible de un Kamil que supo trabajar para la competencia de su cliente político actual, el propio Pawel vía el elogio a su faceta gay, y de una Beata que se regodea en las campañas de odio ultra burdo que genera desde su granja de trolls polacos con cuentas hindúes. Todo el elenco está perfecto aunque sin duda el que se destaca es el estupendo Maciej Musialowski, un actor que logra combinar -sin ninguna laguna emocional a la vista- la faceta vulnerable de Giemza y su costado más maquiavélico y despiadado, siempre dispuesto a fagocitar a quien sea con tal de alcanzar una meta bastante misteriosa.

 

De entre los éxitos del film, quizás el más memorable sea el de denunciar la tragicómica facilidad con la que se fabrica un efecto contagio entre los seres humanos egoístas de la actualidad: cual ridícula bola de nieve de estúpidos, ignorantes, energúmenos, pusilánimes y engreídos sin cerebro, los internautas son objeto de una manipulación informativa incesante que no sólo elimina su conciencia crítica, sustentada en una mínima pretensión de objetividad o verdadera distancia racional para con los hechos o procesos juzgados, sino que incluso los lleva a encerrarse aún más en sus respectivas burbujas de pensamiento ortodoxo, algo así como cárceles en las que no existe punto intermedio entre los extremos del amor y el odio hacia este o aquel berretín ideológico, existencial, romántico o pasional tontuelo a lo hobby transformado en bandera que dispara una subordinación automática y caprichosa de todos los otros aspectos de la vida, cual esclavo feliz de su propia angustia monotemática autoasumida. El tono agridulce del desenlace desde el punto de vista del adalid de las mentiras, convirtiéndose en héroe a ojos sociales y de sus amados Krasucki y pasando a hegemonizar Best Buzz PR pero en simultáneo viendo cómo el rival mafioso de Rudnicki, Maciej Szozda (Piotr Cyrwus), le roba protagonismo en tanto parásito veterano, también se acopla a esta idea de fondo de que siempre existirá un demente más peligroso que uno que hará que los ataques, el acoso y las agresiones de nuestra cosecha sean poco y nada en comparación, aquí emparejando la dialéctica del control más abstracto con los homicidios y el cinismo de izquierda, aquel de derecha y este individual/ idiosincrásico…

 

Hater (Sala Samobójców: Hejter, Polonia, 2020)

Dirección: Jan Komasa. Guión: Mateusz Pacewicz. Elenco: Maciej Musialowski, Vanessa Aleksander, Danuta Stenka, Jacek Koman, Agata Kulesza, Maciej Stuhr, Adam Gradowski, Piotr Biedron, Piotr Cyrwus, Jan Hrynkiewicz. Producción: Jerzy Kapuscinski y Wojciech Kabarowski. Duración: 135 minutos.

Puntaje: 9