Sting: Araña Asesina (Sting)

Comiendo cosas cada vez más grandes

Por Emiliano Fernández

Uno de los fenómenos más curiosos del séptimo arte de las últimas décadas es ese de las películas gemelas, trabajos que mayormente por coincidencia -a veces por robo de ideas, sin lugar a dudas- comparten temática dentro de una misma temporada cinematográfica que no siempre implica coincidencias dentro del mismo exacto año, pensemos para el caso en el aniversario número 500 del siempre polémico “descubrimiento” del continente americano del 12 de octubre de 1492 de Cristóbal Colón: El Descubrimiento (Christopher Columbus: The Discovery, 1992), de John Glen, y 1492: Conquista del Paraíso (1492: Conquest of Paradise, 1992), odisea de Ridley Scott, aquellas erupciones decididamente mortales de la naturaleza de Volcano (1997), de Mick Jackson, y La Furia de la Montaña (Dante’s Peak, 1997), de Roger Donaldson, ese asteroide/ cometa en dirección al Planeta Tierra con la intención de aniquilarnos de las insufribles Armagedón (Armageddon, 1998), de Michael Bay, e Impacto Profundo (Deep Impact, 1998), de Mimi Leder, o todos los insectos y sus coloridos ecosistemas de Bichos: Una Aventura en Miniatura (A Bug’s Life, 1998), faena de John Lasseter y Andrew Stanton dentro del paraguas de la primera Pixar, y Hormiguitaz (Antz, 1998), obra de Eric Darnell, Tim Johnson y Lawrence Guterman para DreamWorks Animation, entre otras epopeyas semejantes que se pisaron los talones hasta casi anularse.

 

El asunto, un signo de la falta de ideas nuevas u originalidad y del canibalismo comercial y conceptual del mainstream hollywoodense y sus diversos mercados en espejo, por supuesto se extiende hasta el Siglo XXI y la prueba irrefutable de ello pasa por el legendario autor de A Sangre Fría (In Cold Blood, 1966), Truman Capote, de Infame (Infamous, 2006), opus de Douglas McGrath, y Capote (2005), de Bennett Miller, las arremetidas contra la sede por antonomasia del poder político en yanquilandia de las inmundas El Ataque (White House Down, 2013), obra de Roland Emmerich, y Ataque a la Casa Blanca (Olympus Has Fallen, 2013), de Antoine Fuqua, la estrafalaria -o más bien incompetente- soprano estadounidense Florence Foster Jenkins de las graciosas biopics Marguerite (2015), de Xavier Giannoli, y Florence Foster Jenkins (2016), de Stephen Frears, el primer ministro del Reino Unido durante aquella Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill, de Las Horas más Oscuras (Darkest Hour, 2017), de Joe Wright, y Churchill (2017), de Jonathan Teplitzky, y el más reciente agregado a la lista, esas arañas voraces de Vermin: La Plaga (Vermines, 2023), la ópera prima del realizador francés Sébastien Vanicek, y Sting: Araña Asesina (Sting, 2024), del australiano Kiah Roache-Turner, un par de films que hacen del gigantismo arácnido, los departamentos menesterosos y la ardua convivencia entre diferentes sus banderas temáticas.

 

Roache-Turner, aquel de Nekrotronic (2018), rip-off de Los Cazafantasmas (Ghostbusters, 1984), de Ivan Reitman, y un simpático díptico de reinterpretaciones de Mad Max (1979) y Mad Max 2: El Guerrero de la Carretera (Mad Max 2: The Road Warrior, 1981), ambas de George Miller, aunque desde la iconografía de los zombies, léase Wyrmwood (2014) y Wyrmwood: Apocalypse (2021), en esta oportunidad nos entrega las andanzas de influjo ochentoso de Charlotte (la eficaz Alyla Browne), una niña que vive en el edificio de su tía abuela malévola, Gunter (Robyn Nevin), con su progenitora Heather (Penelope Mitchell), su medio hermano bebé Liam (Jett y Kade Berry) y su padrastro Ethan (Ryan Corr), un dibujante de cómics que a su vez trabaja como conserje/ encargado del inmueble ruinoso de Gunter, donde nos topamos con la arteriosclerótica Helga (Noni Hazlehurst), abuela de la chiquilla, y Erik (Danny Kim), un asiático tenebroso. La mocosa suele recorrer el lugar a través de los conductos del aire acondicionado y pronto ingresa al departamento de su tía abuela, lugar en el que descubre a una pequeña araña que llegó del espacio y posee un gran apetito, así el engendro, bautizado Picadura (Sting), come cosillas cada vez más grandes que aumentan su tamaño -desde insectos y mascotas hasta residentes humanos y visitantes- y para colmo cuenta con la inteligencia suficiente para abrir el frasco de turno símil prisión.

 

Sin el comentario social de la apenas superior Vermin: La Plaga y con CGIs flojos pero no sobreutilizados a lo Hollywood, mucho humor sonso inofensivo y bastante del espíritu de Alien (1979), de Scott, El Resplandor (The Shining, 1980), de Stanley Kubrick, Gremlins (1984), de Joe Dante, Critters (1986), de Stephen Herek, Milagro en la Calle 8 (Batteries Not Included, 1987), de Matthew Robbins, y Rec (2007), de Jaume Balagueró y Paco Plaza, Sting: Araña Asesina no rejuvenece el ozploitation o el terror hiperbólico de monstruos aunque administra con pericia el suspenso y ofrece una fotografía dinámica e imaginativa, un buen diseño del tejido arácnido y de las truculencias del montón y alguna que otra idea interesante como la naftalina como arma/ veneno contra la criatura, amén de un intento de reflexión sobre la paternidad, las familias compuestas y la necesidad de desprenderse de lo que se ama cuando se vuelve peligroso, justo como le sucede a la protagonista. Deudora de Tarántula (1955), gesta pionera de Jack Arnold, La Araña (Earth vs. the Spider, 1958), de Bert I. Gordon, La Invasión de las Arañas (Kingdom of the Spiders, 1977), de John “Bud” Cardos, Aracnofobia (Arachnophobia, 1990), de Frank Marshall, y Arácnido (Arachnid, 2001), de Jack Sholder, la propuesta resulta tan amena como olvidable porque tarda mucho en desplegar la batalla contra el invasor y a veces se vuelve sentimentaloide y/ o solemne…

 

Sting: Araña Asesina (Sting, Australia, 2024)

Dirección y Guión: Kiah Roache-Turner. Elenco: Alyla Browne, Ryan Corr, Penelope Mitchell, Robyn Nevin, Noni Hazlehurst, Danny Kim, Jermaine Fowler, Silvia Colloca, Kate Walsh, Alcira Carpio. Producción: Chris Brown, Jamie Hilton y Michael Pontin. Duración: 92 minutos.

Puntaje: 5