Con Sisu 2 (2025), también conocida como Sisu: Camino a la Venganza (Sisu: Road to Revenge), ocurre algo similar a lo sucedido en ocasión de Influencers (2025), una excelente secuela del director y guionista canadiense Kurtis David Harder de su propia obra previa, Influencer (2022), ya que la continuación que nos ocupa a cargo de Jalmari Helander es prácticamente igual de satisfactoria que la película original del realizador finlandés, Sisu (2022), gesta que se mantenía dentro del campo del cine bélico más áspero, aquel cercano a Robert Aldrich, Samuel Fuller y Sam Peckinpah, y combinaba el asunto de manera brillante con el terror, el cine de aventuras, el western revisionista, la acción e incluso el suspenso. La mínima historia, consagrada a la necesidad de defenderse de los nacionalsocialistas de un cuasi anciano que estuvo en la milicia finlandesa y en 1944 encontró oro con mucho esfuerzo, Aatami Korpi (Jorma Tommila), estaba ambientada en la Guerra de Laponia (1944-1945), conflicto entre Finlandia y la Alemania nazi motivado por las presiones de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas para que los finlandeses expulsasen de su país a los germanos, hasta hace poco sus socios en la coyuntura de la Guerra de Invierno (1939-1940) y sobre todo la Guerra de Continuación (1941-1944), refriegas que ganaron los rusos al punto de anexarse un diez por ciento del territorio enemigo que en esencia es la región de Carelia, así las cosas 420 mil finlandeses fueron expulsados de sus hogares y de inmediato se creó la República Socialista Soviética Carelo-Finesa (1940-1956), luego transformada en la República Socialista Soviética Autónoma de Carelia (1956-1989). Sisu 2 retoma la trama del film original, que terminaba con la victoria sobre Bruno Helldorf (Aksel Hennie), aquel codicioso y corrupto teniente de las Waffen-SS, por parte del indestructible Korpi, cruza entre la leyenda de Koschéi, criatura inmortal paradigmática del folklore ruso, y el soldado finlandés Simo Häyhä (1905-2002), el francotirador más mortal de la historia con más de 500 rivales asesinados en la Guerra de Invierno, quedando desfigurado por una bala rusa.
El relato transcurre en 1946, cuando Aatami traspasa la flamante frontera rusa en Carelia para desmontar cuidadosamente su casa de madera, donde supo vivir junto a su esposa, Tuulikki, y sus dos hijos, Otso y Otava, con el objetivo de reconstruirla en Finlandia, no obstante la tranquilidad dura poco porque un agente de la KGB (Richard Brake) libera en un presidio de Siberia a Yeagor Dragunov (Stephen Lang), ex militar que durante la Guerra de Invierno se dedicó a matar a cientos de civiles entre los que se encontraba la familia de Korpi, a quien la KGB le ordena que asesine a cambio de un indulto y riquezas cuantiosas en venganza por los 300 soldados del Ejército Rojo que el protagonista ejecutó después de enterarse del destino de los suyos, cortados en pedacitos con una pala para que pudieran servir de alimento a los indigentes y los perros callejeros, parte de la estrategia de “tierra arrasada” que todos los bandos practicaron en consonancia con la destrucción de pueblos enteros para sembrar pánico y eliminar la capacidad de reaprovisionamiento. Helander, responsable también de la descartable Big Game (2014), comedia de acción con Samuel L. Jackson, y la muy interesante Rare Exports (2010), una parodia navideña acerca de Santa Claus y sus elfos del espanto de Laponia, vuelve a manejar muy bien la tensión, la mezcla de géneros y la frontera entre el realismo de cadencia dramática y lo caricaturesco siempre hiperbólico, digno de los Looney Tunes y las Merrie Melodies pero también de las gestas bélicas bizarras de aquella euro war o macaroni combat de las décadas del 60, 70 y 80. Resulta atractiva la idea del duelo de veteranos, semejante a una rivalidad de antaño entre Dragunov y Korpi, debido a que complementa el prototípico desquite del cine de acción y aventuras, aquí aprovechando el gore profuso, las coreografías de la muerte y los detalles de humor negro lacónico, en gran medida mudo ya que los secundarios pronuncian un puñado de palabras sueltas y hoy por hoy Aatami permanece en el más completo silencio, a diferencia del hilarante epílogo del opus de 2022 en un banco de una Helsinki devastada.
Estamos ante una amalgama entre el carácter imbatible del héroe yanqui de acción de los años 80, la iconografía bélica caótica posmoderna y el latiguillo del spaghetti western del “lobo solitario” atacado por los esbirros del poder maquiavélico e institucional, esquema del que han bebido extensamente los tres principales artífices del formato, Sergio Leone, Sergio Corbucci y Sergio Sollima. Si por un lado tenemos la química entre Tommila, actor fetiche y cuñado del director porque está casado con su hermana Ida Helander-Tommila, y Lang, célebre por su Norman Nordstrom de Don’t Breathe (2016), de Fede Álvarez, y su Coronel Miles Quaritch de la saga que comenzase con Avatar (2009), de James Cameron, por el otro lado está esa catarata de gloriosas escenas de acción con el CGI justo, ni más ni menos, para no saturar con lo digital inofensivo y siempre mantener la epopeya con los pies sobre la tierra, pensemos en momentos sublimes como los primeros encontronazos con los rusos, la batalla del camino con los motociclistas a lo Mad Max (1979), de George Miller, los ataques aéreos contra el camión que lleva los tablones de madera de Aatami, la escena apuntalada en el tanque y los explosivos, el momento de la liberación/ escape luego de la tortura, cuando se saca de la pierna derecha una hoja oculta de cuchillo, y toda la media hora final a bordo del tren hacia Siberia, estupendo segmento del metraje en el que el ex comando finlandés se abre camino en dirección hacia los vagones cercanos a la locomotora, siempre sede de la cúpula administrativa o la alta burguesía parasitaria, cual mixtura entre Snowpiercer (2013), de Bong Joon-ho, y Kill (2023), de Nikhil Nagesh Bhat. Sisu 2, como el primer film, tiene mucho del cine sin problemas de idiosincrasia del Siglo XX, lejos de la indecisión del nuevo milenio, porque entrega una odisea sin mariconadas ni sensiblería ni sermones chauvinistas hollywoodenses, por cierto asimismo ahorrándonos pavadas del montón para contentar a públicos ajenos como las mujeres o los wokes/ progres/ agendistas o la lacra conservadora filofascista amante únicamente de los productos del mainstream.
La película se asume adicta a ese verosímil de la desproporción y lo sobrenatural que sin embargo evita el pastiche imbécil tarantinesco, en sintonía con chatarra como Inglourious Basterds (2009), y se juega por el cine de género verdadero, el puro y duro de marginales como los citados Aldrich, Fuller y Peckinpah, además de Don Siegel y John Huston. El leitmotiv de llevar el hogar a cuestas resulta magistral porque no sólo moviliza al relato desde el minimalismo expresivo, bordeando el trasfondo surreal, sino que también sirve para apuntalar el corazón del protagonista, el cual sería sin ello una máquina de matar sin personalidad ni pasado, subrayando que Helander se inspiró en otros antihéroes severos y bien construidos como el Indiana Jones de Harrison Ford, el John Rambo de Sylvester Stallone, el Max Rockatansky de Mel Gibson, el John McClane de Bruce Willis, el Alex Murphy de Peter Weller e incluso aquel T-800 de Arnold Schwarzenegger circa Terminator 2: Judgment Day (1991), de Cameron. El cuerpo en pantalla es un espacio complejo de transformación, secretos, hipertrofia y delirio fascinante, capaz de proezas de la carne que se sostienen en las proezas del espíritu, léase la voluntad de continuar en la lucha contra el ejército enemigo que avanza, algo que se condice con el término que titula la faena, palabra que apunta a la valentía u obstinación cuando toda esperanza parece extinguirse. El villano, Dragunov, es un burócrata de la muerte atrapado en el automatismo de la tierra arrasada, detalle que lo acerca a Helldorf, y en una amnesia que le permite continuar con la carnicería sin prurito moral alguno, sustrato generalizado de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y aquí sin que quede claro si su confinamiento en Siberia se debe a no haber respetado sus órdenes o al hecho de haberlas cumplido demasiado bien en genocidios estandarizados, ya mecanizados. Ejemplo de un cine con cojones, inventiva, astucia y dinamismo, Sisu 2 apela a una justificación un poco más irónica pero igual de eficaz y sincera que la anterior, ahora mediante un Korpi leoneano deseando alcanzar la paz junto a su perro y su casa familiar…
Sisu 2 (Finlandia/ Reino Unido, 2025)
Dirección y Guión: Jalmari Helander. Elenco: Jorma Tommila, Stephen Lang, Richard Brake, Tommi Korpela, Kaspar Velberg, Pääru Oja, Erki Laur, Maksim Demidov, Riho Rosberg, Elias Keränen. Producción: Petri Jokiranta y Mike Goodridge. Duración: 89 minutos.