El cine ha trabajado la temática de los ángeles y el Paraíso, más el tópico complementario centrado en esos finados recientes que no saben bien qué son ni adónde ir, principalmente a través de dos oleadas de películas a mitad del Siglo XX, con un nivel cualitativo bastante bueno, y en las postrimerías de esa misma centuria, ya dejando ver un promedio desastroso que simboliza la decadencia de la industria cultural que padecemos en el nuevo milenio. Si bien los grandes estereotipos de la primera etapa son El Diablo Dijo no (Heaven Can Wait, 1943), de Ernst Lubitsch, Escalera al Cielo (A Matter of Life and Death, 1946), de Michael Powell y Emeric Pressburger, y ¡Qué Bello es Vivir! (It’s a Wonderful Life, 1946), de Frank Capra, también se pueden nombrar otros clásicos de la década del 40 -sin duda el período por antonomasia del motivo celestial- como por ejemplo El Difunto Protesta (Here Comes Mr. Jordan, 1941), de Alexander Hall, Dos en el Cielo (A Guy Named Joe, 1943), de Victor Fleming, y Misión Terrenal (Heaven Only Knows, 1947), de Albert S. Rogell, entre otras propuestas menos memorables. Esta primera andanada de realizaciones se enmarca en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y el período inmediatamente posterior, una época en la que nuestra ancla sacra, en pantalla asimismo vinculada al romance y la identidad social/ nacional, sirvió como un bálsamo cultural a la hora de empezar a superar las carnicerías del conflicto o encontrarles algún tipo de justificación en la comarca de la fantasía, de hecho un Más Allá donde las penurias mágicamente se solucionan aportando el cierre/ sentido que la praxis mundana suele negarnos en función de sus contradicciones y callejones sin salida.
Hoy pocos recuerdan que el segundo boom comienza con El Cielo Puede Esperar (Heaven Can Wait, 1978), relectura satisfactoria de El Difunto Protesta por parte de Warren Beatty y Buck Henry que resultó exitosa en taquilla, por ello en el neoconservadurismo caníbal reaganista y el cinismo de las presidencias de Bill Clinton se acumularon una retahíla de opus fallidos que abarcan El Ángel Rebelde (The Heavenly Kid, 1985), de Cary Medoway, Un Ángel muy Especial (Date with an Angel, 1987), film de Tom McLoughlin, Siempre (Always, 1989), remake de Dos en el Cielo a cargo de Steven Spielberg, Michael: Tan Sólo un Ángel (Michael, 1996), de Nora Ephron, Como Caído del Cielo (The Preacher’s Wife, 1996), de Penny Marshall, Vidas sin Reglas (A Life Less Ordinary, 1997), de Danny Boyle, Un Ángel Enamorado (City of Angels, 1998), de Brad Silberling, Más allá de los Sueños (What Dreams May Come, 1998), de Vincent Ward, y Dogma (1999), de Kevin Smith, con una mención especial para Las Alas del Deseo (Der Himmel über Berlin, 1987) y su secuela decididamente inferior, ¡Tan Lejos, tan Cerca! (In Weiter Ferne, so Nah!, 1993), dos obras del realizador alemán Wim Wenders que aportaron la pata existencialista y dignificaron lo que hubiese sido un lote en verdad desechable. El Siglo XXI nunca abandonó del todo la temática aunque sinceramente dejó de aportar epopeyas atendibles y en general se olvidó de las comedias y los dramas alegóricos de antaño, fetiches evidentes de la centuria pasada, para centrarse en ángeles homologados a la ciencia ficción, el terror, el cine de acción y la fanfarria bíblica para beatos tontitos del montón, esa redundante de los sermones cíclicos.
Ahora bien, Cuando el Cielo se Equivoca (Good Fortune, 2025), correcta ópera prima del comediante Aziz Ansari, constituye una bienvenida anomalía por partida doble, en primera instancia debido a que retoma los engranajes de las comedias más simpáticas de los años 40, aquí combinados con el recurso cómico del intercambio de cuerpos/ “body swap” a lo Vice Versa (1948), de Peter Ustinov, y Un Viernes Alocado (Freaky Friday, 1976), de Gary Nelson, y en segundo lugar porque adopta una insólita conciencia social -insólita para el séptimo arte escapista o apático de hoy en día, incapaz de comprometerse con cualquier ideología- que se la pasa denunciando la exclusión social en el capitalismo, la pasividad o indiferencia colectiva, la precarización laboral detrás de las apps de delivery, la escasez e inaccesibilidad de vivienda en los centros urbanos, el repliegue de los sindicatos bajo la dictadura de los conglomerados trasnacionales esclavistas, la necesidad de las mayorías populares de conseguir dos o más trabajos para garantizarse alimentos y finalmente la convivencia de un puñado de millonarios descerebrados al lado de legiones y legiones de menesterosos que son lo suficientemente idiotas para admirarlos, envidiarlos y creerles las patrañas del “derrame” económico, eso de que algún día verán unas migajas por caridad que harán más soportable su martirio. Aquí Gabriel (Keanu Reeves), un ángel de muy bajo orden que se dedica a evitar accidentes de tránsito interviniendo cuando los conductores utilizan su teléfono celular para enviar mensajes al volante, se obsesiona con salvar a un inmigrante hindú al borde del colapso, Arj (el propio Ansari), cuasi desempleado que duerme en su coche, sobrevive en Los Ángeles mediante las apps de reparto de comida y está enamorado de Elena (Keke Palmer), linda sindicalista y empleada de la sección de carpintería de una tienda por departamentos orientada a la renovación del hogar. Para tratar de convencerlo de que su vida no es tan mala y que el lujo de la alta burguesía especuladora y superficial es moralmente repugnante, Gabriel, cuya jefa es una tal Martha (Sandra Oh), intercambia la vida de Arj con la de un oligarca tecnológico que supo emplearlo por unos días y que lo echó por usar su tarjeta de crédito de asistente para pagar 335 dólares en un restaurant, Jeff (Seth Rogen), no obstante el ángel luego no puede corregir el asunto porque al hindú le encanta la existencia hedonista del parásito social y no accede voluntariamente a retomar su identidad como jornalero precarizado/ desesperado, todo mientras Jeff tiene que trabajar para las apps de reparto con las que se enriqueció e incluso debe convivir con el mismo Gabriel, hoy transformado en ser humano porque Martha le quitó sus alas blancas.
La jugada en general de Ansari, en suma entregando una acepción anticapitalista de De Mendigo a Millonario (Trading Places, 1983), gesta pro mafia financiera de John Landis, honestamente es muy extraña porque si bien la película es relativamente independiente, producida por una empresa de nivel medio dentro del entramado hollywoodense, Lionsgate Films, lo cierto es que el trasfondo resulta heavy para el promedio pasatista de yanquilandia del nuevo milenio al que hacíamos referencia más arriba, toda una virulencia discursiva que pareciera tener que ver con el hecho de que Cuando el Cielo se Equivoca en realidad no es el primer trabajo del susodicho ya que existió un intento previo de film debut que fue abortado por The Walt Disney Company mediante su subsidiaria Searchlight Pictures, Ser Mortal (Being Mortal, 2022), un proyecto que se llegó a rodar en un cincuenta por ciento y efectivamente fue cancelado debido a un supuesto episodio de acoso sexual de parte del protagonista principal, nada más y nada menos que Bill Murray, contra una integrante del equipo técnico, la cual presentó una denuncia porque Murray aparentemente se le sentó encima y le dio un beso cuando ambos llevaban barbijos por la pandemia del coronavirus. Ansari, que también actuaba en la faena en cuestión, trató de salvar el asunto pero no reunió el dinerillo necesario para finalizar el rodaje y por ello optó por mantenerse en movimiento con un proyecto alternativo que mutó en Cuando el Cielo se Equivoca, odisea que por un lado reflota a otros dos intérpretes de Ser Mortal, Palmer y su amigo Rogen, y por el otro lado visibiliza aquello que la misma cuna del cine adora barrer bajo la alfombra, una ciudad de Los Ángeles situada en primer plano y caracterizada por la gentrificación, un estándar de vida carísimo y un ejército mayoritario de gente sin trabajo, techo o los recursos básicos para conservar la dignidad. El director, conocido por su sociedad con Netflix en especiales de stand-up y la serie Maestro de Nada (Master of None, 2015-2021), evidentemente se inspira en el cliché ¡Qué Bello es Vivir! y a pesar de que no consigue despertar demasiadas carcajadas, por lo menos aprovecha a un Keanu Reeves que juega con la autoparodia y está perfecto como un ángel que evita el molde histórico de personaje secundario para en gran medida pasar al centro de la escena, porque él mismo asimila en carne propia el calvario del mercado laboral del nuevo capitalismo cuando lo expulsan del Paraíso. El resto del elenco está bien al igual que el guión del propio Ansari, quien compensa la falta de originalidad con un discurso inteligente a favor de la sindicalización y en contra de la explotación de los trabajadores hormiga contemporáneos, sin estabilidad ni beneficios ni derechos laborales…
Cuando el Cielo se Equivoca (Good Fortune, Estados Unidos, 2025)
Dirección y Guión: Aziz Ansari. Elenco: Keanu Reeves, Aziz Ansari, Seth Rogen, Keke Palmer, Sandra Oh, Stephen McKinley Henderson, Sherry Cola, Penny Johnson Jerald, Aditya Geddada, Shoukath Ansari. Producción: Aziz Ansari, Brady Fujikawa, Alan Yang, Jon Humphrey y Anthony Katagas. Duración: 98 minutos.