La Masacre de Múnich fue un ataque terrorista en el contexto de los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, entre los días 5 y 6 de septiembre, por parte de Septiembre Negro, un ente político y militar vinculado a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) vía aquella Fatah de Yasir Arafat, contra once miembros del equipo olímpico israelí entre atletas y entrenadores, dos muriendo en el raudo ingreso de los militantes armados a la Villa Olímpica y los nueve restantes siendo tomados prisioneros. Luego de la exigencia por parte de los ocho fedayines de la liberación en Israel de 234 prisioneros palestinos y de los dos jefes de la Fracción del Ejército Rojo o Banda Baader-Meinhof retenidos en Alemania, Andreas Baader y Ulrike Meinhof, las negociaciones derivaron en el traslado de todos en helicóptero a la base aérea de Fürstenfeldbruck para escapar hacia El Cairo, en Egipto, no obstante eventualmente en el aeropuerto militar estalla una balacera con la policía en la que fallecen todos los rehenes más cinco integrantes de Septiembre Negro, dejando a tres con vida que serían arrestados y más adelante liberados durante el Secuestro del Vuelo 615 de Lufthansa en octubre de este mismo 1972, consiguiendo amparo en la Libia de Muamar Gadafi. Mientras que la catástrofe no hizo mella en un Comité Olímpico Internacional que suspendió los juegos por apenas una jornada y luego retomó las actividades programadas, la primera ministra de Israel, Golda Meir, encaró una campaña de operaciones militares de represalia en Europa y en Medio Oriente comandadas por el servicio secreto de esta lacra sionista, el Mosad, que fueron llamadas Operación Cólera de Dios y Operación Primavera de Juventud y estuvieron dirigidas a supuestos miembros de Septiembre Negro y la OLP, con el tiempo cayendo en el desprestigio a raíz del enorme volumen de civiles inocentes fallecidos o heridos y sobre todo por aquel Asunto de Lillehammer, hablamos del asesinato por los israelíes en 1973 de un camarero marroquí, Ahmed Bouchiki, que fue confundido con Ali Hassan Salameh, jefe de operaciones y uno de los fundadores de Septiembre Negro.
Por supuesto que todo el episodio está estrechamente vinculado a las carnicerías, limpiezas étnicas y crueles expulsiones que padecieron los palestinos en el período previo y durante la Guerra Árabe-Israelí de 1948 y 1949, cuando las fuerzas sionistas echaron a los habitantes de Palestina, los recluyeron en diversos campos de concentración y los obligaron a emigrar hacia regiones vecinas, generando un genocidio tácito que derivó tanto en el Problema de los Refugiados Palestinos como en el Éxodo Palestino o Nakba, amén de un régimen símil apartheid sudafricano al que deben someterse todos los musulmanes que aún habitan los dos territorios ilegítimamente ocupados por Israel desde la Guerra de los Seis Días de 1967, la Franja de Gaza y Cisjordania, partes constituyentes del Estado de Palestina desde la Declaración de Independencia de 1988 a instancias de Arafat. Todos los acontecimientos bélicos del interminable Conflicto Árabe-Israelí hasta la Masacre de Múnich, esquema que empieza con la Resolución 181 o Plan de las Naciones Unidas para la Partición de Palestina y la Guerra Civil durante el Mandato Británico de Palestina, ambas de 1947, y abarca las citadas Guerra Árabe-Israelí y Guerra de los Seis Días más la Guerra del Sinaí de 1956 y la Guerra de Desgaste del período 1967-1970, a lo que se suma la inmediatamente posterior Guerra de Yom Kipur de 1973, se enmarcan en el jingoísmo o chauvinismo expansionista de Israel y su no reconocimiento del derecho de retorno de los palestinos a su justo hogar, no obstante la mafia sionista suele regurgitar su risible autovictimización demodé vía el Holocausto, cuya fecha de vencimiento ideológico ya pasó décadas y matanzas atrás, y su tendencia a negar el hecho de que en Medio Oriente son los nuevos nazis, discurso que en Occidente sólo es aceptado por la derecha fascistoide, las potenciales imperiales de siempre -Estados Unidos y sus socios rastreros de Europa- y por algún que otro país con mentalidad de colonia, amén de cierta secta sionista de la industria cultural contemporánea que adhiere a las caricaturas de “árabes malos” y “judíos buenos”, típicas del maniqueísmo mediático.
Septiembre 5 (September 5, 2024), de Tim Fehlbaum, cineasta suizo radicado en Alemania, es un retrato bastante eficaz de la Masacre de Múnich que se ubica por encima de 21 Horas en Múnich (21 Hours at Munich, 1976), simpático telefilm de William A. Graham, pero demasiado lejos del nivel de calidad de otras obras que trabajaron alguna faceta del ataque o sus consecuencias, pensemos en Domingo Negro (Black Sunday, 1977), joya de John Frankenheimer inspirada a lo lejos tanto en Septiembre Negro como en la Masacre de Múnich, Un Día de Septiembre (One Day in September, 1999), recordado documental del escocés Kevin Macdonald, y Múnich (2005), faena de Steven Spielberg alrededor de las Operaciones Primavera de Juventud y Cólera de Dios que curiosamente se desentiende del Asunto de Lillehammer y en general se basó en La Espada de Gedeón (Sword of Gideon, 1986), correcta película canadiense para TV de Michael Anderson construida a partir del mismo libro, Venganza (Vengeance, 1984), de George Jonas. Como muchísimas películas actuales consagradas a tópicos ya agotados, Septiembre 5 opta por la perspectiva colateral del equipo especializado en eventos deportivos de la cadena estadounidense ABC que estaba cubriendo las Olimpíadas, en esencia controlado por el presidente de ABC Sports, Roone Arledge (Peter Sarsgaard), el jefe de la sala de control en Múnich, Geoffrey Mason (un ascendente y semi protagonista John Magaro), y el jefe de operaciones, Marvin Bader (Ben Chaplin), este último el único con problemas de conciencia a la hora de transmitir los cruentos eventos en vivo y a todo color vía satélite, gran novedad de su momento. Con la ayuda de una traductora alemana, Marianne Gebhardt (Leonie Benesch), la fauna yanqui salta de la levedad deportiva hacia las andanzas de los militantes de Septiembre Negro y la evidente torpeza de las fuerzas de represión de la República Federal de Alemania, quienes se enteran mal y tarde que los secuestradores ven la transmisión de TV e incluso filtran una burda mentira alrededor de la liberación de los rehenes en el operativo de Fürstenfeldbruck.
Hasta cierto punto se podría afirmar que Septiembre 5 no ofrece ni una mísera novedad en términos formales o narrativos aunque lo que se propone hacer lo hace bien, nos referimos a retomar la claustrofobia y/ o intensidad del mejor thriller testimonial o político o social en línea con Frankenheimer, Sidney Lumet, Costa-Gavras, Alan J. Pakula, Gillo Pontecorvo, Paul Greengrass y Michael Winterbottom, además exprime bastante bien a Bader como el “ancla moral” del equipo televisivo, contrapeso del pragmatismo oportunista de Arledge y sobre todo Mason, y asimismo hace un buen uso en simultáneo del material de archivo de la ABC, en especial las imágenes de los fedayines y las palabras de los periodistas Jim McKay y Peter Jennings, y de la Gebhardt de Benesch, típico personaje femenino forzado del acervo posmoderno y aquí una especie de humanización implícita de esos alemanes que desde la óptica de la época pretendían dejar atrás aquellos recuerdos nefastos de la Segunda Guerra Mundial y los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, en pleno Tercer Reich de Adolf Hitler y su maquinaría propagandística. A pesar de que no ofrece contexto histórico alguno, exagera el dolor de la prensa carroñera por el final de los sucesos y en general los saltos en el tiempo resultan demasiado bruscos para una dinámica cuasi teatral como la presente, el film supera por mucho a las dos epopeyas postapocalípticas anteriores de Fehlbaum, las olvidables Infierno (Hell, 2011) y Éxodo: La Última Marea (Tides, 2021), y explora con relativa eficacia temáticas como la idiotez por antonomasia del periodismo deportivo, la precariedad tecnológica de los 70 al servicio de los primeros satélites, aquella influencia de la transmisión en los acontecimientos en sí alertando a los militantes de Septiembre Negro de las arremetidas policiales, toda la improvisación y confusión del gobierno alemán y sus esbirros, los prejuicios cruzados entre las diferentes nacionalidades en juego y finalmente esa ingenuidad en materia del terrorismo mezclada con la autovictimización patética de los sionistas, la enorme valentía de los palestinos y el síndrome de culpa local por el nazismo…
Septiembre 5 (September 5, Estados Unidos/ Alemania, 2024)
Dirección: Tim Fehlbaum. Guión: Tim Fehlbaum, Moritz Binder y Alex David. Elenco: John Magaro, Peter Sarsgaard, Ben Chaplin, Leonie Benesch, Zinedine Soualem, Georgina Rich, Corey Johnson, Marcus Rutherford, Daniel Adeosun, Benjamin Walker. Producción: Sean Penn, Thomas Wöbke, John Wildermuth, Philipp Trauer, John Ira Palmer y Mark Nolting. Duración: 95 minutos.