Ellos (Ils)

Cuando el acoso es un juego

Por Emiliano Fernández

Ellos (Ils, 2006), el neoclásico del extremismo europeo dirigido y escrito por David Moreau y Xavier Palud, nos ofrece la excusa perfecta para pensar los cambios operados en el campo del terror, los cuales desde ya son un reflejo de la sociedad en la que vivimos: así como aquel horror histórico se servía de monstruos hoy casi de raigambre infantil y su homólogo correspondiente a las décadas del 70, 80 y 90 trabajaba sobre el concepto insistente del asesino en serie, ya a sabiendas de que no hay nada peor que el mismo ser humano, en el Siglo XXI sin duda una de las variantes más explotadas dentro del género es la del thriller de invasión de hogar, suerte de reducción progresiva del espacio vital/ narrativo que pasa de aquellos barrios y centros metropolitanos, donde se movía el psicópata polirubro de antaño, al hogar de las víctimas de ocasión, verdadera pesadilla burguesa de probeta que trae a colación el fetiche actual con -precisamente- el encierro, la seguridad, la vigilancia, la paranoia y la mera posibilidad de que se violente la propiedad privada, por supuesto simbolizada en el hermetismo del domicilio particular. El film incluso va un paso más allá porque al allanamiento de morada le agrega otra capa más de desprotección o mejor dicho vulnerabilidad, la de la condición de turistas/ extranjeros/ exiliados de los protagonistas, una pareja de franceses en Rumania que está hace apenas tres meses tratando de adaptarse a un nuevo contexto en función de las necesidades laborales de la mujer, panorama que entra en crisis por una arremetida que se inicia en la casona de turno y a posteriori se extiende a sus alrededores aunque siempre bajo un idéntico manto de extrañamiento nacional/ cultural.

 

Otra dimensión para pensar a la ópera prima de Moreau y Palud es la del minimalismo de base y los pocos recursos que necesita de por sí el horror para alcanzar la eficacia o una sutil excelencia, como en este caso: aquí no tenemos ni una historia propiamente dicha ni un gran diseño de producción ni mucho menos estrellas del séptimo arte, el asunto funciona de maravillas apenas con una introducción escueta, un escenario real de generosas proporciones, un prodigioso manejo del suspenso y un par de actores que saben transmitir el espanto detrás de toda la situación. Luego de un prólogo en el que una madre y su muy caprichosa hija, Ilona (Adriana Mocca) y Sanda (Maria Roman), terminan estrellándose de noche contra un poste de una carretera desierta cercana a Bucarest por esquivar a una figura difusa, derivando en la desaparición de la mujer y el estrangulamiento de la chica, la faena principal pasa a centrarse en Clémentine (Olivia Bonamy), una profesora de primario que está dando clases de francés en un colegio de la capital de Rumania, y su novio Lucas (Michaël Cohen), un escritor con el que comparte una gigantesca casa rural que están alquilando. Lo que empieza con Clémentine despertándose por ruidos aislados deriva en un acoso in crescendo que involucra el robo del auto de ella, la desaparición de la electricidad, el merodeo con linternas de los extraños en la parte exterior y finalmente el ingreso en el hogar con evidentes intenciones homicidas y obligándolos a encerrarse en el baño para sobrevivir, a lo que se suma una herida en la pierna del hombre por una puerta destruida y un vidrio clavado que lo dejó cojo en medio de semejante hostigamiento de nunca acabar.

 

De un modo similar a la también maravillosa Los Extraños (The Strangers, 2008), de Bryan Bertino, aunque sin el gustito norteamericano por las máscaras, Ellos hace de la austeridad indie su fuerte e incluso ofrece una experiencia más morbosa porque promediando la cacería uno descubre que el leitmotiv macabro se reduce a niños “divirtiéndose”, jugando por jugar, en un planteo que reemplaza a las diversas misiones de las cruzadas pueriles tenebrosas del pasado, en sintonía con El Pueblo de los Malditos (Village of the Damned, 1960), ¿Quién Puede Matar a un Niño? (1976) y/ o Los Niños del Maíz (Children of the Corn, 1984), con la vacuidad ideológica del presente y un hedonismo que se consume a sí mismo vía un individualismo paradójicamente compartido y de impronta bien sádica. La realización por suerte evita los típicos latiguillos posmodernos feministas a través de los cuales el hombre desaparece temprano en el metraje -hoy llegando apenas a los 74 minutos- para dejar paso a la pavada de la autosuperación femenina desde su inferioridad física, ya que en esta oportunidad ambos se mantienen con vida durante buena parte del desarrollo retórico y por cierto el realismo sucio de fondo, apuntalado en cámaras en mano aunque sin abusar, hace que sus “poco convenientes” gritos hasta se sientan honestos en consonancia con la desesperación del acoso y la furia subsiguiente, sin que importe el detalle de que están revelando su posición a los pequeños asesinos, esos que en la trama también mueren y hasta gustan de torturar ahogando con bolsas a sus víctimas (gracias al Infierno hablamos de una obra europea, en la que estos menesteres son posibles, y no de una película yanqui).

 

Está claro que Ellos arrastra mucho del encanto de los debuts y el tener que devanarse los sesos para extraer de los escasos recursos disponibles todo lo que se pueda, lo que de hecho desencadenó la extraordinaria puesta en escena en general y las paupérrimas propuestas siguientes de los directores, todas con presupuestos más holgados y sin llegar al nivel de calidad de este primer paso, entre las cuales se cuenta el encargo hollywoodense El Ojo del Mal (The Eye, 2008), exponente de la otra gran obsesión del terror contemporáneo además de los thrillers de invasión de hogar, léase el sustrato sobrenatural y los fantasmas amigos de la venganza. Lejos de esa triste inclinación higiénica mainstream por los espectros, aunque curiosamente también de las hermosas barrabasadas gore de los otros exponentes más recordados del extremismo europeo, como por ejemplo Alta Tensión (Haute Tension, 2003), El Descenso (The Descent, 2005), Al Interior (À l’intérieur, 2007), La Frontera del Miedo (Frontière(s), 2007), Mártires (Martyrs, 2008) y la formalmente similar Eden Lake (2008), Ellos invoca con astucia y gran sentido del ritmo los ecosistemas hermanados de la casa campestre idílica en crisis, el bosque misterioso nocturno y hasta el laberinto de esas alcantarillas suburbanas que esconden este semi tabú de ser acechados -y tener que reventar- a unos purretes que van desde la escolaridad primaria hasta la adolescencia y no mucho más en términos de edad, uno de los mejores testimonios y pruebas convalidantes del hecho de que se puede construir un convite de terror extremadamente eficaz alrededor de una persecución que hasta nos miente diciendo que todo está basado en hechos reales…

 

Ellos (Ils, Francia/ Rumania, 2006)

Dirección y Guión: David Moreau y Xavier Palud. Elenco: Olivia Bonamy, Michaël Cohen, Adriana Mocca, Maria Roman, Camelia Maxim, Alexandru Boghiu, Emanuel Stefanuc, Horia Ioan, Stefan Cornic, George Iulian. Producción: Richard Grandpierre. Duración: 74 minutos.

Puntaje: 8