Amantes

Cuando el amor ahoga

Por Emiliano Fernández

Así como el melodrama es uno de los géneros artísticos más antiguos de la humanidad por su capacidad para adaptarse a un millón de situaciones que resuenan en verdad para los consumidores culturales de todas las épocas, el triángulo amoroso es una de sus vertientes más populares tanto porque pone en entredicho el eterno fetiche social con la monogamia, impuesto desde hace siglos para mantener una cierta estabilidad a nivel vincular entre las personas, como porque genera ese morbo con el placer que uno podría descubrir robando parejas ajenas o simplemente acostándose con otro individuo del montón; todo dentro de una concepción en la que al sexo le importa un comino los planteos éticos, la respetabilidad comunal, los celos de turno y la crisis en general que el asunto podría desencadenar en el seno de la dupla en cuestión. Si bien Amantes (1991), sin duda la mejor película de Vicente Aranda, desde el vamos coquetea con la estructura del film noir y con referencias varias al ecosistema de los criminales, las matufias y semejantes, a decir verdad es un melodrama hecho y derecho que analiza la represión sexual en España durante el franquismo, dictadura hiper conservadora de influjo católico en la que el sustrato pasional era tabú y se solía trabajar por debajo de la mesa de cada hogar vía hipocresía, y esta misma dinámica del ménage à trois que -como corresponde tratándose de una obra centrada en un proceso de envilecimiento crónico- conduce a una rauda tragedia por desborde de sentimientos que nos hablan de la faceta menos amena y más asfixiante del cariño compartido símil dependencia.

 

La historia detrás de la propuesta está basada en un caso verídico ocurrido en la década del 50 y fundamentalmente en Madrid. Paco (Jorge Sanz) es un joven del interior de España que trabajaba en el campo de su familia antes de ser reclutado en el contexto del servicio militar obligatorio y puesto bajo el mando de un comandante franquista (Enrique Cerro), vínculo mediante el cual aparentemente conoció dos años atrás a quien es actualmente su novia, Trini (Maribel Verdú), empleada doméstica del militar y de su afable esposa (Mabel Escaño). Cuando termina el período correspondiente a la conscripción, el muchacho decide quedarse en Madrid para estar cerca de la chica, una muy buena cocinera aunque bastante remilgada en materia del contacto físico porque atesora su virginidad en función del clásico conservadurismo católico de abstinencia sexual hasta el matrimonio. Las frustraciones del hombre se acumulan y termina descargándolas con su flamante casera, Luisa (Victoria Abril), una cuarentona y viuda que trabaja en un estanco y se dedica a estafar a pobres tipos vía contratos varios con sus dos socios, el Gordo (Gabriel Latorre) y el Minuta (José Cerro), este último el abogado que consigue las víctimas de ocasión. El ingenuo Paco trata de balancear el amor y la seguridad que le brinda Trini con la sensualidad de la mucho más experimentada Luisa, no obstante la primera descubre el affaire y cae en celos patológicos que esquivan la separación y la segunda desencadena una subordinación muy fuerte por parte del joven al punto de ausentarse, ser apático o tratar bastante mal a su “novia oficial”.

 

A diferencia de tantos films similares, la película se mantiene en el terreno del realismo sin histerias o neurosis de por medio ya que desarrolla con sumo cuidado las dos relaciones tóxicas y cómo se van enturbiando más y más: Paco empieza a trabajar bajo recomendación del comandante en una fábrica de ladrillos pero renuncia rápidamente y le miente a Trini diciendo que consiguió como reemplazo un puesto de despachante en una panadería, sin embargo termina inmiscuido en los manejos criminales de Luisa y en su generoso apetito sexual, ese que lleva a la mujer a controlar al muchacho a gusto aunque vale aclarar que la veterana en el fondo es sincera, le retribuye su cariño y hasta se muestra igual de celosa que la propia Trini. La situación se desmadra por mucho primero cuando la esposa del comandante le “enseña” a Trini cómo funcionan los hombres a nivel amatorio, en esencia instándola a que se acueste por fin con Paco, y segundo cuando el Gordo y el Minuta intiman a Luisa a restituir un dinerillo que aparentemente sustrajo y suman a la ecuación a un matón (Ricard Borràs) que no tiene ningún problema en acosarla, golpearla y hasta quemarla para que pague lo que debe, así la debacle termina de asomar su cabeza mediante la triste idea de Paco de robarle a Trini las miles de pesetas que supo ahorrar a lo largo de años de trabajo para el comandante con el objetivo manifiesto de cubrir el monto que los acreedores le reclaman a Luisa. La cocinera incluso le comenta a su madre (Alicia Agut) que se casó con Paco, en un intento desesperado de recuperar al muchacho como pareja.

 

Se podría decir que Aranda, el cual empezó a filmar en la década del 60, nunca fue un gran director y acumuló muchas obras muy olvidables durante la primera fase de su carrera, destacándose especialmente aquella anomalía intitulada La Novia Ensangrentada (1972), un clásico del horror español y europeo del período. Por suerte a fines de los 80 el cineasta levantó bastante la puntería en términos cualitativos con dos biopics alrededor de la figura de Eleuterio Sánchez Rodríguez alias El Lute, famoso ladrón y escapista crónico de los presidios pesadillescos del franquismo, El Lute: Camina o Revienta (1987) y El Lute II: Mañana Seré Libre (1988), films interesantes que lanzaron a la fama al gran Imanol Arias. En Amantes el realizador aprovecha con mano maestra su obsesión de siempre con el erotismo y los romances más tórridos, circunstancia que en el momento del estreno levantó algo de polvareda mediática gracias a la carga sexual de algunas escenas que vistas desde el presente del nuevo milenio no espantarían a nadie, hablamos de la célebre secuencia del pañuelo rosa (Luisa le mete en el culo el simpático trozo de tela a Paco, símbolo de un sadomasoquismo algo light), la del cunnilingus (el personaje de Abril se sienta en la cara de su homólogo de Sanz) y la de Trini ofreciendo su virginidad a Paco (se levanta la pollera y tienen sexo en el departamento de la femme fatale, especie de equiparación simbólica que pone en primer plano la represión del franquismo a la que nos referíamos con anterioridad y cómo se establece una competencia tácita en torno a qué hembra se queda con el semental).

 

De todas formas el opus de Aranda no se preocupa demasiado por el suspenso que podría generar el esquema narrativo y opta en cambio por examinar las complejas relaciones entre los personajes sirviéndose de las excelentes actuaciones del trío protagónico, sobresaliendo lo hecho por la maravillosa Maribel Verdú y especialmente por una Victoria Abril bien putona y en plan “come hombres” en la mejor etapa de su derrotero profesional, aquella caracterizada por películas como ¡Átame! (1989), Tacones Lejanos (1991) y Kika (1993), sus tres recordadas colaboraciones con Pedro Almodóvar, Nadie Hablará de Nosotras Cuando Hayamos Muerto (1995), de Agustín Díaz Yanes, y Libertarias (1996), también de Aranda. El guión del director, Álvaro del Amo y Carlos Pérez Merinero es sencillo pero eficaz y se nota mucho el sustrato real de los acontecimientos, esos que en un principio habían sido planeados por el productor Pedro Costa para constituir la base de un capítulo de La Huella del Crimen (1985-2010), conocida serie de la Televisión Española en torno a diversos casos policiales del país ibérico, para a posteriori terminar convirtiéndose en un largometraje propiamente dicho. Quizás lo más atractivo de la tragedia de fondo, la cual por supuesto deriva en asesinato, pasa por el hecho de que retrata sin maquillaje formal alguno -o eufemismos o corrección política- hasta qué punto el amor puede ahogar a las personas de la mano de coyunturas y circunstancias a las que los protagonistas no saben o no pueden ponerles un freno, provocando que la pasión se vuelva más y más macabra y demencial…

 

Amantes (España, 1991)

Dirección: Vicente Aranda. Guión: Vicente Aranda, Álvaro del Amo y Carlos Pérez Merinero. Elenco: Victoria Abril, Jorge Sanz, Maribel Verdú, Enrique Cerro, Mabel Escaño, Alicia Agut, José Cerro, Gabriel Latorre, Saturnino García, Ricard Borràs. Producción: Pedro Costa. Duración: 109 minutos.

Puntaje: 8