Al séptimo arte, siempre deseoso de exacerbar las situaciones diarias para sacarnos de lo común y corriente señalando su peligrosidad, le encanta los relatos claustrofóbicos o tal vez simplemente consagrados a una sola locación porque son baratos -dimensión presupuestaria de por medio- y mantienen elevada la tensión si se manejan con eficacia los resortes del suspenso, un nervio construido tanto en función de la atribulada convivencia con nuestros semejantes, ese infierno o paraíso en la Tierra, como en lo que respecta a una hipotética amenaza foránea. Mucho más interesantes que las parábolas del encierro tradicional, en sintonía con una prisión, un asedio criminal o algún que otro escenario postapocalíptico del montón, son las películas de claustrofobia a cielo abierto ya que son las que más se parecen a la vida cotidiana y sus círculos viciosos, un esquema en el que la libertad parece estar a disposición del sujeto pero éste opta por repetir los mismos patrones de siempre a pesar del evidente hastío que generan, así el asunto se suele justificar incansablemente mediante latiguillos discursivos -a veces sinceros, casi siempre hipócritas o cínicos- vinculados a la familiaridad del hogar, las obligaciones del trabajo, las necesidades económicas y el apego a diversos allegados, colegas, seres queridos o quizás amigos de la más variada naturaleza.
Los Condenados (The Damned, 2024), atractiva ópera prima del cineasta islandés Thordur Palsson rodada en inglés con dinerillo de su país natal más aportes adicionales de Irlanda, el Reino Unido y Bélgica, es de hecho una de estas propuestas de aislamiento a la intemperie que combina los tres agentes del caos por antonomasia del rubro que nos compete, léase primero una geografía inhóspita que invita a la reclusión de impronta defensiva, segundo unos dilemas morales con destino de conflictos y catástrofe en puerta y tercero el infaltable acecho externo que reconfigura la autoindulgencia de los seres humanos bajo la sombra de un problema verdadero al que deben enfrentar si pretenden salir con vida. La idea de base fue responsabilidad del mismo Palsson pero en términos prácticos tercerizó el guión, el cual recayó en Jamie Hannigan: Eva (una correcta Odessa Young) es la viuda veinteañera de un tal Magnus que poseía una estación de pesca en el Ártico del Siglo XIX y falleció no hace mucho tiempo cuando su bote encalló en una zona rocosa muy peligrosa del mar llamada Los Dientes, por ello la mujer se transformó en la administradora del lugar y controla desde la costa a un grupo de pescadores en realidad liderado por Ragnar (Rory McCann), timonel veterano, amén de la atracción de la viuda hacia otro pescador, el joven Daniel (Joe Cole).
El film, más que una trama, cuenta con una premisa muy simple aunque bien utilizada, en esencia la aparición de un barco que también queda atrapado en Los Dientes y al cual los pescadores deciden no ayudar porque poseen poco alimento para lo que resta del invierno y para colmo vienen comiendo el cebo empleado para la pesca, sin embargo la llegada de un barril con carne de cerdo salada los lleva a acercarse por la noche al lugar del naufragio y la aventura del saqueo deviene en pesadilla porque comienzan a luchar con una comitiva de supervivientes desesperados del barco encallado que pretenden subir al bote de turno, lo que rápidamente lo hundiría por el peso extra, por ello se dedican a romperles las cabezas con hachas en plena oscuridad e histeria. Con Ragnar fallecido y una caja recuperada con coñac y aceite para lámparas, la desesperación va en aumento porque los cadáveres de los náufragos aparecen en una playa cercana, la cocinera supersticiosa de repente desaparece, Helga (Siobhan Finneran), alguien roba el pescado acumulado y para colmo los hombres empiezan a pelearse entre sí porque en sus desvaríos diurnos y nocturnos creen ver a una figura fantasmal que identifican como un “draugr”, criatura del folklore escandinavo que aquí sería un náufrago autoresucitado con anhelos de venganza contra los “no socorristas”.
Palsson, quien como Hannigan cuenta con un mínimo pasado televisivo en el campo de los thrillers, Los Asesinatos del Valhalla (The Valhalla Murders, 2019-2020) en el caso del realizador y La Mujer en la Pared (The Woman in the Wall, 2023-2024) en lo referido al guionista, en Los Condenados no ofrece nada original aunque resulta indudable que detenta oficio y sabe combinar ejes temáticos interconectados como la supervivencia, la crueldad, el egoísmo, la codicia, la culpa, la nostalgia, la intemperancia y por supuesto esa locura que puede ser tanto producto del aislamiento helado, las noches eternas y el hambre como obra de la influencia sobrenatural del mentado draugr, según el dúo creativo una mixtura de ingredientes para todos los gustos en línea con los espectros, los zombies, los telépatas, los demonios y los asesinos en serie. Entre canciones de marineros borrachines y putañeros, las ganas locas de Eva de por fin reemplazar a Magnus con Daniel y esas prácticas antiguas para evitar la maldición como martillarle clavos en los pies a los finados, atarlos y girar tres veces su féretro, la película demuestra una bienvenida paciencia narrativa, coquetea con el terror arty/ elevado sin engolosinarse y mantiene siempre un enfoque discursivo prosaico a sabiendas de que los vivos fueron, son y serán mucho más espantosos que los muertos…
Los Condenados (The Damned, Islandia/ Irlanda/ Reino Unido/ Bélgica, 2024)
Dirección: Thordur Palsson. Guión: Jamie Hannigan. Elenco: Odessa Young, Siobhan Finneran, Joe Cole, Rory McCann, Turlough Convery, Lewis Gribben, Francis Magee, Mícheál Óg Lane, Andrean Sigurgeirsson, Guillermo Uria. Producción: Conor Barry, Tim Headington, Kamilla Hodol, Guðmundur Arnar Guðmundsson, Emilie Jouffroy, Nate Kamiya, John Keville, Theresa Steele Page y Benoit Roland. Duración: 89 minutos.