Autorretrato y El Sueño, Hermano de la Muerte, de Jesse Ball

Curiosidades de una identidad errante

Por Martín Chiavarino

A lo largo de su obra el escritor estadounidense Jesse Ball ha logrado cultivar con éxito un minimalismo narrativo extremo con la literatura del absurdo como pilar fundamental, construyendo fábulas que discurren sobre la vulnerabilidad humana y la ética en sociedades opresivas. En Autorretrato (Autoportrait, 2022), Ball se aleja de la ficción para adentrarse en el ensayo autobiográfico, evitándolo a la vez con la actitud de rebeldía que lo caracteriza con el objetivo de concentrarse en ciertos aspectos de su personalidad y en cuestiones relativas a su sentido del humor, su aversión al sarcasmo, las drogas que probó, su espíritu competitivo, sus ansias de aprendizaje, sus terrores nocturnos y migrañas e incluso su meticuloso sentido del orden y su tendencia a la hiperactividad.

 

Publicado originalmente en inglés por la editorial Catapult, Autorretrato fue escrito como un ejercicio espejo del Autorretrato (Autoportrait, 2005) del escritor, fotógrafo y pintor francés Édouard Levé, creado al igual que la obra en cuestión cuando el artista fallecido en París había cumplido treinta y nueve años. Evocando la mirada fragmentaria y declarativa de Levé, Jesse Ball narra su vida a esa misma edad en prácticamente la misma cantidad de páginas que su admirado colega, en una meditación sobre la propia identidad y mortalidad.

 

Con esta lógica, Jesse Ball ofrece una colección de curiosidades sobre su persona que conforman su identidad y su idiosincrasia para enfrentarse al mundo, desde su predisposición para adiestrar perros hasta las estrategias para contener la eyaculación, su amor por las largas caminatas, el invierno, el frío y su mascota, su odio al calor y a leer por obligación y su propensión a ponerse muchas capas de ropa, ofreciendo incluso una reflexión sobre su mal carácter.

 

Desde sus innumerables trabajos, que van desde proyeccionista de cine, coordinador de una colonia de vacaciones, profesor particular, crupier de blackjack, vigilante nocturno, pizzero, mozo, repartidor, lavacopas, carpintero de obra, barista y paleador de nieve, Ball habla de todo, incluso de su inclinación a hacer todo rápido, de sus accidentes y subsecuentes operaciones y su afición por los sueños lúcidos, repasando muchos de los experimentos realizados a lo largo de su vida destinados a ejercitar su capacidad para recordar los sueños.

 

En oraciones cortas unidas por el hilo conductor de su personalidad y su vida, que a veces parecen desconectadas unas de otras y escribiendo de corrido al igual que Levé, Ball explica su necesidad de ser autodidacta debido a la dificultad que tiene para aprender de otros. También analiza su relación con los libros, la comida, el transporte, las drogas, el alcohol, las personas y sus matrimonios, pasando de anécdotas a particularidades y de disquisiciones sobre su existencia a gustos personales.

 

Al igual que su compatriota, el genial Kurt Vonnegut, Ball desarrolla aquí una voz inocente, cálida, que intenta conectar con el lector compartiendo sus sentimientos más descarnados, abriéndose a un mundo hostil para buscar almas gemelas. Desde su percepción de la recepción de sus libros hasta su depresión crónica, pasando por su afición por la poesía de Alice Oswald o la obsesión con las obras de Marco Aurelio y la versión original de Hojas de Hierba (Leaves of Grass, 1855), de Walt Whitman, Jesse Ball habla de todo lo que hace a una vida humana, la suya propia, trazando un recorrido por sus experiencias, manías, sueños, anhelos, odios y búsquedas.

 

Viajero incansable, Ball repasa sus lugares favoritos en el mundo, su preferencia por los paisajes postindustriales, la búsqueda de la singularidad de los árboles y su necesidad de adentrarse en los bosques. Ávido jugador de ajedrez, capaz de convertirse en un oponente implacable o en un perdedor agradecido, Ball habla de su incapacidad de ser parte de cualquier grupo, de sus severas migrañas, su aversión por las religiones establecidas, su educación atea y anarquista, su apego a su madre, su debilidad por la generosidad y su propensión a guardarse sus opiniones.

 

En estos datos interconectados que a la vez parecen inconexos, Ball reconstruye su humanidad alejándose de la autobiografía tradicional para plantear una reflexión sobre el concepto de identidad a través de una colección de peculiaridades, intereses, comportamientos inusuales y acciones que han marcado su vida, que prefiguran la humanidad de una persona capaz de aislarse del mundo en medio de la multitud, disfrutando de una bandada de pájaros que sobrevuelan una ciudad ensimismado entre las miserias cotidianas de las personas que circulan por las calles.

 

Autorretrato es una obra que busca escapar de los moldes del género para reflexionar sobre el dispositivo literario, al que analiza a partir de la consciente ambigüedad de su prosa, su mirada sobre el absurdo y su búsqueda de rehuir de la literatura como secuencialidad.

 

La obra fue publicada por la editorial Sigilo con una traducción de Virginia Rech a la par de El Sueño, Hermano de la Muerte: Una Guía para Niños que Sueñan (Sleep, Death’s Brother, 2017), un texto breve traducido por Santiago Featherston con muchas imágenes representativas del mundo onírico que explora los sueños promoviendo diversos ejercicios que le han servido para conectarse con sus experiencias nocturnas desde una perspectiva más consciente. Siguiendo a autores como Marie-Jean-Léon Le Coq, Stephen LaBerge, Robert Bosnak y otros, Jesse Ball propone aquí hábitos y realiza reflexiones acerca de la relación que tenemos con el sueño para que entendamos que la forma en la que lo experimentamos, y en la que básicamente vivimos, es tan sólo una entre muchas posibles y de la que podemos salir si realmente queremos, proponiendo que el sueño se emparenta con la muerte desde una perspectiva simbólica, ya que tanto el sueño como el óbito son fronteras de nuestra vida consciente que tememos traspasar.

 

Al igual que en todos sus libros, Sigilo pone mucho énfasis en el diseño de tapa. Martina Zangari y Max Rompo fueron los encargados del diseño de Autorretrato, con un arte plagado de símbolos que refieren a la traducción del mundo alegórico de Jesse Ball, mientras que la diseñadora e ilustradora Andi Landoni fue la encargada de la tapa de El Sueño, Hermano de la Muerte, una obra para ejercitar la relegada percepción onírica.

 

Autorretrato, de Jesse Ball, Sigilo, 2024.

El Sueño, Hermano de la Muerte, de Jesse Ball, Sigilo, 2024.