Prequelle, de Ghost

Deconstruyendo al metalero

Por Ernesto Gerez

El nuevo disco de Ghost era una incógnita. ¿Realmente la banda era sólo producto de la inspiración y el talento de Tobias Forge? ¿Los Nameless Ghouls eran figuritas intercambiables útiles sólo para tocar en vivo? Entre otras cuestiones, Prequelle llegaba para contestar estas preguntas. Porque el nuevo disco de Ghost es el primero luego del juicio que le hicieron a Forge varios de los antiguos miembros de la banda. El problema, como casi siempre y como en muchísimas bandas, fue la guita. Varios músicos se cansaron de la sanata de Forge y le iniciaron un juicio reclamando pagos atrasados de varios años. Recordemos que Ghost siempre cuidó mucho su imagen, no sólo desde la estética general (arte, vestuario, letras y canciones incluidas) sino desde su estrategia de marketing. La idea de Forge desde que se dio cuenta que la música que hacía no coincidía con su imagen nerd, fue optar por una puesta teatral y por jugar con el misterio: la identidad de los músicos nunca era revelada, ni en los discos, ni en los conciertos. Y como el mismo Forge comentó en una reveladora entrevista a la revista Revolver, a pesar de que muchas veces se sacaban fotos con algunos fanáticos ya sin el maquille ni las máscaras, los fans, generalmente, no los escrachaban públicamente; todo un logro en un mundo hiperdigitalizado y saturado de información. Sin embargo, a partir de los problemas legales, el jueguito del quién es quién no se pudo sostener. Por suerte para Forge el asunto ya había funcionado y Ghost ya era una banda instalada en el mainstream del rock pesado. En este contexto, Prequelle llegaba para reafirmar a Forge como solista y terminar de consolidar a Ghost en el plano musical mundial, o para indicar el comienzo de la caída. Indudablemente, y sin que sea necesario prestarle demasiado la oreja, el disco despeja las dudas que los acontecimientos extramusicales acercaron. La emotividad y la épica de las composiciones, en líneas generales, presentan a un Forge inspirado, confiado en su producto. En esta ocasión, avanza sin miedo hacia el pop. Si bien Ghost nunca fue una banda de metal, siempre tuvo elementos tanto de la música extrema como del hard rock, géneros que la acercaron a un público que mira de reojo ciertas melodías. En el camino quedaron influencias como Mercyful Fate o Blue Öyster Cult, incluso algunas más pesadas. Pero su norte, desde el primer disco, fue la obsesión por los aspectos melódicos. Guitarras con algo de distorsión y riffs aguerridos en los versos pero con muchísimo pop en los arreglos vocales y, sobre todo, en los estribillos. A veces, con resultados de mayor oscuridad, como en varios pasajes de Meliora (2015), su disco anterior y tal vez su pico creativo máximo, sobre todo en temas como el inmejorable Cirice, y, a veces, con resultados menos satisfactorios, como los de su segundo disco, Infestissumam (2013)

 

En Prequelle el concepto deja un poco de lado la oda a Satán de sus obras anteriores y parece poner un acento más cercano en la realidad, al menos si pensamos en el concepto. El disco abre con el primero de tres temas instrumentales que van a funcionar como separadores. Esas canciones sin voces marcan el camino del disco. La introducción, Ashes (“cenizas”; de un pasado que se quemó y desapareció, por ejemplo la vida con sus viejos compañeros), abre paso a los temas que funcionan como nexo con sus discos anteriores. Uno de ellos es Rats, primer corte y presentación del concepto de Prequelle pero no por ello el mejor del disco; parece, más bien, haber sido elegido sólo por su poder de síntesis de sus trabajos previos. Rats es sobre la peste negra, una metáfora sobre la pudrición del mundo actual, y, por qué no, un palito para sus ex amigos. La trama continúa con Faith, uno de los temas más rockeros del disco que también recuerda a viejas composiciones de Forge. Esta primera parte finaliza con See the Light, donde Forge vuelve a mencionar a las ratas, esta vez, sin mucha metáfora detrás: “muchos pecados que he presenciado, y en muchos de hecho he estado, muchas ratas con las que me hice amigo”. El tono de See the Light es más amable musicalmente que Rats y Faith, y nos va llevando a la esencia del disco: la emotividad. La quinta canción es también instrumental como la introducción y es, a la vez, la siguiente separación de estructuras. Miasma, además de profundizar en el concepto de la emoción -casi como podría hacerlo una canción elegida al azar de Tangerine Dream- incluye en su clímax un solo de saxo e introduce de esa manera a un séptimo miembro. En esta segunda parte del disco, que podríamos denominarla como la sección ochentosa, Forge sienta las bases del concepto musical. Dance Macabre podría encajar perfectamente en un compilado de new retro wave o en alguna secuencia feel-good de una película de acción arquetípica de hace tres décadas. Pro Memoria baja la intensidad y un piano nos traslada de nuevo al leitmotiv emocional y hacia una composición que comienza a empardar con la épica del final del disco, Witch Image. El último separador, Helvetesfönster (“la ventana del infierno”) conecta a Ghost con algo del folklore escandinavo entre arpegios oscuros. El cierre está a cargo de Life Eternal; de nuevo el piano, de nuevo el acento en el pop, otra vez ese tipo de melodía dulce que, por suerte, no empalaga y de nuevo la épica con un “forever” que repite un coro durante casi toda la canción.

 

Prequelle, lejos de presentar a un Tobias Forge gastado y en retirada, es el cuarto disco de un proyecto que aún demuestra vitalidad y sabe correrse tanto de los lugares comunes del rock pesado como de los del pop, logrando una mezcla tan satisfactoria como, seguramente, irritante para ciertos ridículos elitistas que creen que el rock y el metal no son música popular.

 

Prequelle, de Ghost (2018)

Tracks:

  1. Ashes
  2. Rats
  3. Faith
  4. See the Light
  5. Miasma
  6. Dance Macabre
  7. Pro Memoria
  8. Witch Image
  9. Helvetesfönster
  10. Life Eternal