3x1 de Rutger Hauer

Desde lo visceral

Por Ernesto Gerez

“Hoy en día las grandes películas son parte de una industria en la que la plata se tiene que recuperar lo antes posible. Con una película chica tenés un poco más de margen. Yo busco películas con cojones y no veo muchos cojones en el cine actual”. La cita es de una entrevista que Rutger Hauer le dio hace poco más de un año al Hollywood Reporter, y que sintetiza la idea que tenía sobre el cine, a la vez que gran parte de su carrera; porque tanto en sus comienzos con Paul Verhoeven como en sus trabajos en Estados Unidos posteriores a la fama lograda con Blade Runner, algo que nunca le faltó a muchas de las películas en las que actuó fue un buen par de cojones. Verhoeven siempre estuvo más allá de los prejuicios y las convenciones y supo darle un buen uso al cuerpo de Hauer, pero también en el derrotero del actor en suelo americano, que incluyó mucho cine de género (en algunos casos más interesante que en otros), se puede percibir que las elecciones de sus papeles casi siempre estuvieron ligadas a algo más que lo económico, algo que se aproxima a esa idea de un cine popular que moviliza desde lo visceral y que no puede ejecutarse sin agallas. Para continuar festejando el cine al que le puso esa cara nacida para el ojo mecánico, aquí rescatamos tres películas que formaron parte de su trabajo en el género en Estados Unidos y Canadá que no están entre las más prestigiosas ni tuvieron el consenso de la crítica, pero que establecen lazos con su maravillosa idea del cine.

 

The Hitcher (1986):

 

The Hitcher es un thriller motorizado en el que Hauer es John Ryder pero es nadie; es más un ente que una persona. Ni siquiera un lado B del replicante que le abrió las puertas de los camarines de Hollywood, sino algo más parecido al Michael Myers de Carpenter, una fuerza de la naturaleza, una representación de la maldad. Su víctima principal es Jim (C. Thomas Howell), el pibe que le hace la gamba y lo levanta con su auto. Ryder no es un psicópata escondido en simpatías ni oculta sus intenciones nunca; cuando Jim le tira unos chistes buena onda, Ryder le devuelve una pared. Si no nos había quedado claro con el nombre, con la primera escena ya sabemos de qué va la cosa. Género directo, thriller de acecho con algo de la obsesión hitchcockiana del falso culpable pero sin vueltas de tuerca. Porque cuando Ryder empiece a hacer maldades, la policía va a inculpar a Jim. Y que lo culpen a él no es descabellado porque Ryder, como decíamos, podría ser un fantasma, un papá ausente que vuelve como holograma para enseñarle a su hijo que es mejor ser un hombre que un caballero. De hecho, en uno de los primeros diálogos, Ryder le dice que lo detenga, como si todo el quilombo, toda la maldad, fuera una prueba. Y también podría ser una pesadilla; cuando la película empieza con Jim manejando entre las montañas, se queda dormido y zafa de que un camión lo choque; en ese momento empieza a llover y aparece en escena el villano. Mal sueño, brote paranoide o realidad, no importa, las consecuencias para nosotros son las mismas, y el juego que propone el género funciona de todas maneras. Como decía Faretta en la revista Fierro, toda película de horror es un viaje iniciático, y Hitcher no es la excepción (además de que vuelve literal lo del viaje del protagonista al subirlo a la carretera); Ryder quiere morir desde el principio, y Jim deberá aprender a defenderse en el mundo real (fuera de la protección de su hogar) y matar a sus miedos representados en Ryder. Jim también podría ser un fantasma como Ryder; o mejor dicho, otro títere del dispositivo mítico-narrativo de Hitcher. Cuando un policía le pide identificación no la tiene, cuando llama a su casa nadie contesta, y podría no tener nombre como tampoco podría tenerlo el personaje de Hauer. Además de la violencia que acompaña la iniciación, Hitcher nos regala la presencia de Jennifer Jason Leigh; la salvación del héroe y una actuación en la que termina despedazada (aunque en fuera de campo), como en un sacrificio que anticipa una carrera que no podía fallar (más allá de que para aquel momento ya era una actriz establecida e incluso ya había trabajado junto a Hauer en Flesh+Blood). Western asfaltado, policías asesinados y un Hauer que recuerda al mejor Arnold Schwarzenegger.

 

The Hitcher (Estados Unidos, 1986)

Dirección: Robert Harmon. Guión: Eric Red. Elenco: Rutger Hauer, C. Thomas Howell, Jennifer Jason Leigh, Jeffrey DeMunn, John M. Jackson, Billy Green Bush, Jack Thibeau, Armin Shimerman, Gene Davis, Jon Van Ness. Producción: David Bombyk y Kip Ohman. Duración: 97 minutos.

 

Blind Fury (1989):

 

Hauer alguna vez dijo que en el fondo era un comediante, y algo de eso ya se puede ver en sus comienzos en Delicias Turcas (1973), pero en Furia Ciega se tiene que poner al hombro una comedia delimitada por el género. Él no es el payaso pero sí el responsable de la acción en una Zatoichi estadounidense pasada por el prisma del slapstick. Según Hauer fue la película que más le costó, no por ser una comedia sino por tener que aprender a manejar su bastón-espada, además de hacerse el ciego al mismo tiempo. Nick Parker (Hauer) es un ex combatiente de Vietnam que queda ciego en pleno combate y es rescatado y entrenado por unos guerreros campesinos de alguna aldea que no se menciona. Como en muchas películas post Vietnam el héroe deberá ahora enfrentarse a los suyos. En su vuelta a Estados Unidos -generando una relación oblicua con The Hitcher– también será un falso padre. Acá de Billy (Brandon Call), un nene al que la mafia le mata a la madre (encarnada por Meg Foster y esos ojos blancos que un año antes habían estado en la insuperable They Live) porque su papá verdadero -también ex combatiente- está metido en un quilombo de drogas. Furia Ciega tal vez sea una de las películas de género en las que trabajó Hauer en que más le cedió al mainstream, sobre todo por el rollo del nenito coprotagonista, algo tan coyuntural, tan Over the Top (1987), muy de ese primer Hollywood aniñado; un tipo de producción que hoy en día está igual o más vigente que en aquella época. De todos modos, en su momento fue calificada Restricted (para mayores de 17 años), y lo cómico deriva sobre todo del desquicio y la violencia que por momentos la aleja de la comedia de acción familiar y la acerca al cine de explotación.

 

Blind Fury (Estados Unidos, 1989)

Dirección: Phillip Noyce. Guión: Charles Robert Carner. Elenco: Rutger Hauer, Terry O’Quinn, Brandon Call, Noble Willingham, Lisa Blount, Nick Cassavetes, Rick Overton, Randall Cobb, Charles Cooper, Meg Foster. Producción: Daniel Grodnik y Tim Matheson. Duración: 86 minutos.

 

Hobo with a Shotgun (2011):

 

En el primer plano de Hobo with a Shotgun un tren pasa por arriba de la cámara (o por arriba nuestro) mientras suena una canción del alemán Michael Holm que también daba inicio al festival de sadismo de Mark of the Devil de Michael Armstrong, con un joven Udo Kier, en 1970. La elección del plano y de la canción sintetizan la idea de cine arrollador, brutal y estilizado de la ópera prima del director Jason Eisener (“un tercio de mis películas las hice con directores debutantes”, dijo Hauer por ahí). El holandés vuelve a ser un NN, el vehículo del mito, porque además de no tener nombre, le aclara a su amiga puta que “no es de ningún lado”. Hauer vuelve a interpretar a un personaje marginal, esta vez a un vagabundo mucho menos elegante y mucho más rabioso que el santo bebedor de 1988 de Ermanno Olmi (otro tremendo papel europeo de Hauer). Aunque la película haya salido de un falso trailer de la Grindhouse de Tarantino y Rodríguez (que tuvo distribución mundial), Hobo with a Shotgun es un film marginal como su protagonista. Y forma parte también de un cine marginal que pone en representación la violencia honesta y la furia que el mainstream desechó en pos de realizaciones tan buena onda como cínicas y que nunca miran al mundo. La película avanza con colores estallados y con una decapitación en plena calle que hace que llueva la sangre que pedía Slayer, aunque en la cortina de fondo no suene metal sino los sintetizadores de Power Glove. De todos modos, aunque no se lo escuche mucho, el rock and roll está ahí marcando el pulso; y el punk está presente en la imperfección del amateurismo, el espíritu del “hazlo tu mismo”, y en algunos diálogos que son dinamita, como el de uno de los canas que dice “todos somos policías corruptos”, pasándose por el culo la frase hecha de “hay policías buenos y malos”. La acción del linyera enfierrado del título se materializa en una ciudad de un futuro distópico que se puede dar dentro de diez minutos; Hauer es un tipo que se cansa de los hijos de puta que manejan todo y sale a tirarles tiros a todos. Un vengador anónimo que se mete con los que tienen la manija. Todo el relato es un reviente de delirio, tripas y fantasía, que llega al desenlace con una revolución lumpen, con un grupo de vagabundos reventando a tiros a la policía.

 

Hobo with a Shotgun (Canadá, 2011)

Dirección: Jason Eisener. Guión: John Davies. Elenco: Rutger Hauer, Pasha Ebrahimi, Robb Wells, Brian Downey, Gregory Smith, Nick Bateman, Drew O’Hara, Molly Dunsworth, Jeremy Akerman, Duane Patterson. Producción: Rob Cotterill, Niv Fichman y Frank Siracusa. Duración: 86 minutos.