Sin Novedad en el Frente (All Quiet on the Western Front, 1930), de Lewis Milestone, no sólo es uno de los grandes clásicos del acervo pacifista, rubro nunca del todo popular en el cine de género porque éste tiende a la simplificación orientada a un público menudo que prefiere evadir sus culpas y la realidad en vez de confrontarlas y buscar soluciones a los problemas de siempre, sino también una de las obras cumbres de las propuestas bélicas en general, situación que por cierto tiene que ver tanto con la excelencia del film en concreto como con su enorme influencia a posteriori a lo largo de las muchas décadas, algo a su vez vinculado con el éxito en ventas de la novela de base del germano Erich Maria Remarque, En Occidente Nada Nuevo (Im Westen Nichts Neues), que fue publicada primero de manera seriada entre noviembre y diciembre de 1928 en el periódico Vossische Zeitung y luego en forma de libro en enero de 1929, la cual tendría inmediatamente una secuela, El Camino de Regreso (Der Weg Zurück), lanzada al mercado por primera vez en Vossische Zeitung entre diciembre de 1930 y enero de 1931 y publicada como novela tradicional en abril de 1931, y desencadenaría una serie interminable de imitaciones al punto de prácticamente inventar el subgénero literario -y por consiguiente, cinematográfico- de las memorias de veteranos de guerra y/ o de personas comunes y corrientes que participaron, en contra de su voluntad, accidentalmente o guiados/ manipulados en función de un entusiasmo doctrinario naif, de acontecimientos que abarcan a multitudes nacionales, determinan el destino de los pueblos o resultan cruciales de un modo u otro en gestas y en crisis de múltiple envergadura. Más importante aún, novela y película se meten de manera explícita y sin anestesia alguna con un tabú de entonces que en gran medida continúa siéndolo hoy en día aunque de manera más tenue, hablamos del nacionalismo y de sus consecuencias nefastas cuando deriva en xenofobia social extendida y guerras que sólo buscan el beneficio de las elites económicas, políticas, burocráticas, industriales y financieras y sus pugnas interimperialistas delirantes.
La propuesta en sí es al mismo tiempo individual estándar y colectiva/ coral/ en mosaico porque si bien el personaje más recurrente a lo largo del desarrollo narrativo es un soldado voluntario que cae presa del fervor ortodoxo masivo durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), Paul Bäumer (Lew Ayres), álter ego del propio Remarque, la trama abarca las tribulaciones en general de la Segunda Compañía del Ejército Imperial Alemán: luego de una arenga patriótica de parte del Profesor Kantorek (Arnold Lucy) a su clase de alumnos secundarios, Bäumer y sus amigos y colegas estudiantes se unen a las filas castrenses en el primer año del conflicto sin saber que en el campo de entrenamiento les espera el psicópata de Himmelstoss (John Wray), un cartero mediocre y campechano en la vida civil que muta en sádico instructor militar cuando es incorporado como sargento de reserva, lo que genera que los muchachos vean destruidas sus concepciones románticas del honor, los héroes y el “orgullo nacional” al comprobar los maltratos que padecen primero en casa y después en el frente de batalla, donde al fuego de la artillería francesa e inglesa se suman el hambre, la mugre, los piojos, las ratas, el estrés, el dolor de ver caer a compañeros, las amputaciones, los problemas de conciencia en un conflicto sin sentido alguno y la sensación asociada en torno a la inutilidad absoluta de la guerra porque trinchera ganada pronto muta en trinchera perdida y viceversa. La crueldad de Himmelstoss, quien eventualmente demuestra ser un cobarde y fallece en combate, contrasta con la afabilidad y la sabiduría de Stanislaus “Kat” Katczinsky (Louis Wolheim), un cabo veterano que oficia de mentor para Paul y los demás adolescentes, hombre que les enseña a desplegar el alambre de púas, a resguardarse de las bombas, a sobrellevar la tensión y ese miedo a morir y en especial a vivir con el hecho de asesinar a otro ser humano con cuchillo y tener que verlo agonizar de a poco en la trinchera, todo para soñar con bellos cuerpos femeninos, terminar en un hospital de campaña o recibir un permiso temporario para regresar al redil civil, donde la ignorancia es la única realidad.
Remarque, como decíamos antes un conscripto que volcó sus espantosas experiencias en el libro e inspiró películas varias de James Whale, Frank Borzage, John Cromwell, André De Toth, Georg Wilhelm Pabst, Douglas Sirk y Sydney Pollack, señala al chauvinismo como causa del odio bélico generalizado y a la complicidad popular -activa, la correspondiente a los varones, o pasiva, la de las mujeres- como pivote fundamental en materia de reproducir, aceitar, ponderar y validar los resortes discursivos más rancios o retrógrados y los esfuerzos específicos detrás de la conflagración, planteo ideológico de barricada que pudo trasladarse al genial guión de George Abbott, Maxwell Anderson, Del Andrews y C. Gardner Sullivan primero porque la faena que nos ocupa fue realizada en medio de las libertades de todo tipo de la etapa previa a la instauración en Hollywood del Código Hays, un período muy breve que va desde la introducción del sonido en 1929 hasta la implementación del sistema de censura en 1934, y segundo debido a que su director, Milestone, un señor de izquierda de toda la vida, estaba recién empezando su carrera y todavía no había sido fagocitado al cien por ciento por el mainstream estadounidense, nos referimos a un moldavo que emigró a América del Norte y desarrolló una larga trayectoria durante el Hollywood Clásico hasta transformarse en un típico cineasta impersonal aunque muy eficiente de aquella fase que podía rodar una obra maestra pacifista como Sin Novedad en el Frente y ser acusado de simpatizante comunista por el Comité de Actividades Antiestadounidenses del Congreso de los Estados Unidos y asimismo consagrarse durante la horrorosa Segunda Guerra Mundial (1939-1945) al cine de propaganda antifascista hecho y derecho en pos de “apuntalar” la demonización de los nazis y las Potencias del Eje a ojos del público yanqui para en última instancia impulsar la contienda, pensemos en convites maniqueos como Rebelión (Edge of Darkness, 1943), La Estrella Norteña (The North Star, 1943), El Corazón Púrpura (The Purple Heart, 1944) y Un Paseo en el Sol (A Walk in the Sun, 1945), todos opus marciales.
Más allá de la heterogeneidad bien pragmática y de impronta oportunista/ acomodaticia de Milestone, quien nos regaló otras películas muy atendibles como Hermanos de Armas (Two Arabian Knights, 1927), La Horda (The Racket, 1928), El Cuarto Poder (The Front Page, 1931), El General Murió al Amanecer (The General Died at Dawn, 1936), De Ratones y Hombres (Of Mice and Men, 1939), El Extraño Amor de Martha Ivers (The Strange Love of Martha Ivers, 1946), Hasta el Último Hombre (Halls of Montezuma, 1951), Los Miserables (Les Miserables, 1952), La Gloria se Escribe con Sangre (Pork Chop Hill, 1959), Once a la Medianoche (Ocean’s Eleven, 1960), Motín a Bordo (Mutiny on the Bounty, 1962) y por supuesto Arco del Triunfo (Arch of Triumph, 1948), otra gran adaptación de una novela de Remarque con un elenco que incluía a Charles Boyer, Ingrid Bergman y Charles Laughton, Sin Novedad en el Frente continúa apabullando por su realismo sucio para las escenas de acción, su sustrato humanista de denuncia para con las barrabasadas del poder capitalista y su meticulosidad de acentuación subjetiva en lo que atañe a la fotografía y los travellings de Arthur Edeson, destacándose la secuencia inicial del “reclutamiento” en el aula escolar, la nocturna del alambre de púas, esa de la primera carnicería de las dos manos amputadas por una granada, la discusión sobre la idiotez de la guerra a posteriori de una comilona, la del hospital con el agonizante Franz Kemmerich (Ben Alexander), aquella de la trinchera con el pobre soldado francés, Gérard Duval (Raymond Griffith), el tierno fuera de campo entre Bäumer y Suzanne (Yola d’Avril), una de las tres féminas a las que los soldados ofrecen comida por sexo, todas las del reencuentro con la madre del púber (Beryl Mercer), esa del ataque a las idioteces patrioteras de Kantorek ante una nueva comitiva de borregos prestos al sacrificio, la del triste óbito de Katczinsky y por supuesto el inolvidable desenlace con el fallecimiento de Paul a instancias de un francotirador enemigo mientras trataba de tocar una mariposa en una trinchera, hobby adolescente que no tiene cabida en medio de la masacre.
La película, que sería objeto de una remake televisiva bastante digna, la de 1979 de Delbert Mann, y que tendría una continuación vía la muy inferior Amargo Regreso (The Road Back, 1937), epopeya sobre el desajuste militar en la vida civil dirigida por Whale y destruida por los cambios pronazi luego introducidos por la Universal Pictures, explora la noción de que las guerras son conflictos hipócritas, salvajes y demenciales craneados por viejos, léase la mafia dirigente, y peleados por jóvenes, la carne de cañón masculina, de allí que la odisea asimismo pueda interpretarse como un retrato de la vida de los varones desde el idealismo de la infancia y la pubertad, pasando por la eclosión de una adultez traumática y llegando a la necesidad de convivir con los fantasmas que la sociedad impone en la psiquis de todos los sujetos. El legado del opus de Milestone resulta incalculable aunque se puede nombrar la influencia que tuvo en el antibelicismo, la mezquindad de los oficiales, el entrenamiento inhumano/ mecanicista, las explosiones eternas, los sueños eróticos y el retrato derrotista de las penurias de trinchera de convites como La Gran Ilusión (La Grande Illusion, 1937), de Jean Renoir, Roma, Ciudad Abierta (Roma, Città Aperta, 1945), de Roberto Rossellini, La Patrulla Infernal (Paths of Glory, 1957), joya de Stanley Kubrick, El Puente (Die Brücke, 1959), de Bernhard Wicki, Fuego en la Llanura (Nobi, 1959), de Kon Ichikawa, Johnny Tomó su Fusil (Johnny Got His Gun, 1971), de Dalton Trumbo, La Cruz de Hierro (Cross of Iron, 1977), de Sam Peckinpah, Apocalypse Now (1979), de Francis Ford Coppola, El Barco (Das Boot, 1981), de Wolfgang Petersen, Pelotón (Platoon, 1986), de Oliver Stone, Nacido para Matar (Full Metal Jacket, 1987), también de Kubrick, Rescatando al Soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998), de Steven Spielberg, Vivir al Límite (The Hurt Locker, 2008), de Kathryn Bigelow, Dunkerque (Dunkirk, 2017), de Christopher Nolan, y 1917 (2019), de Sam Mendes, entre muchas otras que utilizaron un enfoque muy cuidado y semi expresionista para registrar el calvario de hombres que quedaron deshechos por la guerra…
Sin Novedad en el Frente (All Quiet on the Western Front, Estados Unidos, 1930)
Dirección: Lewis Milestone. Guión: George Abbott, Maxwell Anderson, Del Andrews y C. Gardner Sullivan. Elenco: Lew Ayres, Louis Wolheim, John Wray, Arnold Lucy, Ben Alexander, Beryl Mercer, Raymond Griffith, Scott Kolk, William Bakewell, Slim Summerville. Producción: Carl Laemmle Jr. Duración: 133 minutos.