Hijos (Vogter)

Deshumanización y elementos irrecuperables

Por Emiliano Fernández

El Culpable (Den Skyldige, 2018), ópera prima del realizador y guionista Gustav Möller, califica no sólo como uno de los mejores thrillers del Siglo XXI, lo que lamentablemente no es mucho decir porque la enorme mayoría de las películas contemporáneas de suspenso, misterio y/ o agite psicológico o corporal dejan mucho que desear, sino también como un excelente ejemplo o “film resumen” de lo que Hollywood y sus cineastas asociados de la globalización en crisis de hoy en día, esa caterva de esclavos sin alma al servicio del gran capital, pretenden construir de manera maniática, hablamos por supuesto de una obra barata y adictiva cuyos méritos se comuniquen de boca en boca entre la fauna cinéfila, objetivo que casi nunca se materializa en la praxis porque la mediocridad y estupidez en general de casi todos los productos que llegan a las salas o al streaming anulan cualquier esperanza de crecimiento escalonado en popularidad. El recordado opus de Möller, un sueco asentado profesionalmente en Dinamarca, estaba construido alrededor de una sola locación, aquel centro de llamadas de emergencia de la policía de Copenhague, y un único protagonista verdaderamente fundamental, Asger Holm (Jakob Cedergren), oficial de calle que había sido degradado por un caso de gatillo fácil, léase el fusilamiento de un joven de 19 años, y que recibía una llamada de socorro vinculada a lo que parecía ser el secuestro de una mujer, Iben Østergård (Jessica Dinnage), por parte de su ex pareja, Michael Berg (Johan Gotthardt Olsen), justo después del destripamiento del bebé de ambos, Oliver, un cadáver a su vez descubierto por la hermana de seis años y nueve meses, Mathilde (Katinka Evers-Jahnsen).

 

La propuesta, como decíamos anteriormente, fue creciendo en aprecio en la comunidad de espectadores curtidos del planeta por las sorpresas que ofrecía la trama de Möller y Emil Nygaard Albertsen, el excelente manejo del entorno cerrado y la dinámica cuasi radial de las conversaciones, el glorioso desempeño de Cedergren y sobre todo una visceralidad u honestidad expresiva/ dramática/ testimonial a lo Sidney Lumet que resulta muy poco habitual en el cine excesivamente impostado y banal de la posmodernidad, caracterizado por hilos y giros narrativos que se ven a kilómetros de distancia ya que buena parte de los cineastas perdieron la capacidad de atraer al espectador con historias astutas que hablen de este presente o por lo menos se alejen de los clichés quemados del emporio mainstream estadounidense. El realizador a posteriori desapareció del candelero público, en esencia aceptando trabajos alimenticios en un par de series de los países escandinavos, La Ruta del Dinero (Bedrag, 2016-2019) y Corazón Oscuro (Mörkt Hjärta, 2022), y hasta negándose a participar a nivel creativo -sólo cobró el cheque- en la remake yanqui para tontitos de su debut, El Culpable (The Guilty, 2021), obra rutinaria e infinitamente inferior de Antoine Fuqua para Netflix con Jake Gyllenhaal en el rol central más participaciones del montón de Ethan Hawke, Paul Dano, Peter Sarsgaard y Riley Keough, por ello la súbita llegada de su segundo trabajo, Hijos (Vogter, 2024), nos toma a todos por sorpresa y de paso subraya los problemas en financiamiento y distribución que tienen los artistas realmente independientes en un nuevo milenio dominado por el conservadurismo y la concentración oligopólica lela.

 

Hijos, como aquella ópera prima, posee una premisa sencilla que apunta a otro protagonista adepto a decisiones un tanto cuestionables, Eva Hansen (Sidse Babett Knudsen), simpática guardia de prisión que gusta de confraternizar con los presos, enseñarles matemáticas e incluso introducirlos en prácticas homologadas al yoga, un panorama optimista que se va al demonio cuando ve ingresar en el penal a un tal Mikkel Iversen (Sebastian Bull), muchacho de 25 años con muchos tatuajes que asesinó a su hijo, Simon Hansen de 19, cuando este último cumplía tiempo de presidio por agresión y ambos se trenzaron en una pelea, por ello Iversen robó un cuchillo de la cocina y lo apuñaló en el pecho, la cara y la garganta. En un principio se presenta ante el director de la cárcel (Olaf Johannessen) con la idea de solicitar la baja aunque de golpe cambia de opinión y pide ser trasladada a la sección en la que está encerrado Mikkel, precisamente el bloque de máxima seguridad a cargo del jefazo Rami (Dar Salim), un pelado de ascendencia árabe y pocas pulgas que tiene sus dudas en materia de la “adaptabilidad” de Eva al flamante y más peligroso contexto. La actitud expectante muta en confrontación cuando Hansen desecha la correspondencia de la madre de Mikkel, Helle (Marina Bouras), le niega cigarrillos, le escupe la comida, lo somete a humillaciones y lo baña con manguera de bomberos después de que el preso le arrojase mierda en la cara. En una redada le planta un cuchillo y anfetaminas y lo golpea al extremo de romperle la nariz y fracturarle el cráneo, provocando que el esquema de poder se invierta porque el reo comienza a solicitarle beneficios a la mujer a cambio de no presentar cargos en su contra.

 

Möller y su coguionista reincidente, Albertsen, trabajan muy bien el choque entre por un lado el idealismo inicial, el cual luego sabemos está basado en la negación del trauma por el óbito de Simon y el hecho de haberlo abandonado a su suerte desde joven, lo que incluyó no visitarlo en prisión, y por el otro lado un nihilismo o quizás pragmatismo revanchista, sin duda el núcleo de esos abusos de Eva contra Mikkel que le terminan jugando en contra cuando la golpiza le deja todo servido al muchacho para extorsionarla y pedirle cosillas que la protagonista aprobaría si todavía tuviese puestos los zapatos humanistas de antaño, como asistir a la escuela del presidio, participar de las clases de yoga o visitar a su madre en su hogar durante una jornada con custodia. Recuperando motivos conceptuales de El Culpable como los dilemas éticos, la claustrofobia, el trabajo anodino, la angustia y un trasfondo identitario a priori enigmático, Hijos nos propone otro estudio sobre la violencia y la falta de paciencia de la actualidad aunque invirtiendo el recorrido anímico ya que aquí saltamos de la empatía hacia el sadismo mientras que en el film de 2018 el periplo corría al revés, amén de una maternidad que aparece equiparada a una condena o maldición y de un morbo femenino que explota en una coyuntura masculina asfixiante. Desde ya que Möller no logra superar a la película con Cedergren porque la vara de calidad estaba muy alta, sin embargo su segunda aventura detrás de cámaras ofrece actuaciones brillantes de Knudsen y Bull y le pega sin anestesia alguna a la deshumanización carcelaria y la superioridad moral farsesca de la posmodernidad, donde todos creen que el otro es un elemento social irrecuperable…

 

Hijos (Vogter, Dinamarca/ Suecia/ Francia, 2024)

Dirección: Gustav Möller. Guión: Gustav Möller y Emil Nygaard Albertsen. Elenco: Sidse Babett Knudsen, Sebastian Bull, Dar Salim, Marina Bouras, Olaf Johannessen, Jacob Lohmann, Siir Tilif, Rami Zayat, Mathias Petersen, Lone Rødbroe. Producción: Lina Flint. Duración: 94 minutos.

Puntaje: 7