El Ejército de los Muertos (Army of the Dead)

Destrucción o renacimiento

Por Emiliano Fernández

Zack Snyder es una de esas pocas figuras dentro del ámbito del cine contemporáneo que generan una división tajante entre quienes lo aman y quienes lo detestan a morir, en suma los primeros diciendo que es uno de los pocos realizadores actuales con un estilo muy propio y un evidente amor por el cine de género que va más allá de los encargos eventuales del mainstream y los segundos aseverando que es un creador mediocre que abusa de las cámaras lentas, alarga innecesariamente el metraje de sus films y es tan incompetente a nivel narrativo y formal como cualquier otro esclavo anodino de la industria del marketing audiovisual de nuestros días. Como tantas veces suele ocurrir, la verdad se ubica en una región intermedia entre ambas posiciones porque resulta muy cierto que el señor abusa de esos ralentíes que acelera y desacelera a gusto pero tampoco se puede desconocer que por lo menos le permiten no meter cien cortes por minuto como hacen todos los otros cineastas cuando quieren apuntalar una escena de acción vertiginosa o hiperquinética, sin embargo asimismo resulta innegable que el norteamericano es en esencia un envase vacío porque puede pasar sin demasiados problemas ideológicos/ discursivos/ identitarios de filmar 300 (2006), basada en el cómic del fascista de siempre Frank Miller, a rodar Watchmen (2009), inspirada en la novela gráfica homónima del campeón de la izquierda contracultural Alan Moore. Antes de consagrarse a los superhéroes de DC, universo en donde creó la pasable El Hombre de Acero (Man of Steel, 2013) y las insoportables Batman v Superman: El Origen de la Justicia (Batman v Superman: Dawn of Justice, 2016) y Liga de la Justicia (Justice League, 2017), Snyder nos entregó la simpática Ga’Hoole: La Leyenda de los Guardianes (Legend of the Guardians: The Owls of Ga’Hoole, 2010), película animada que no vio prácticamente nadie, y Sucker Punch (2011), sin dudas su proyecto más personal porque no está basado en material previo alguno e incluso cuenta con un guión original de su autoría.

 

Ahora bien, muchos de los que lo odian y denigran tienen en muy alta estima a su ópera prima, El Amanecer de los Muertos (Dawn of the Dead, 2004), a la que utilizan sin cesar para afirmar que todo lo que hizo a posteriori es una soberana mierda: en cuanto a gustos no hay nada escrito pero resulta muy preocupante que sobrevaloren tanto un film correcto y no mucho más en especial si lo comparamos con la original, El Amanecer de los Muertos (Dawn of the Dead, 1978), gran obra maestra satírica de George A. Romero sobre el consumismo y sus catedrales, los malls y shopping centers, lo que desde ya trae a colación la ignorancia de buena parte de la fauna cinéfila, su reducido o nulo dejo inconformista y en especial su desconocimiento en cuanto a reinterpretaciones posmodernas previas en torno al acervo de los zombies, en línea con El Regreso de los Muertos Vivos (The Return of the Living Dead, 1985), de Dan O’Bannon, y El Más Allá (E tu Vivrai nel Terrore! L’aldilà, 1981), de Lucio Fulci. En realidad a Snyder le gusta mezclarlo todo con el cine de acción modelo ochentoso, específicamente el más violento y sexista, de allí también se explican las reacciones que suscitan sus productos entre el público castrado actual y su necesidad de volver a filmar en ese mismo terreno apelando a la neo nostalgia que despierta su debut como director de cine luego de encarar videoclips para gente como Soul Asylum, Lizzy Borden, ZZ Top, Peter Murphy, Morrissey y Rod Stewart. Recordemos que el amigo Zack se había retirado del ojo público en 2017 por el suicidio de su hija Autumn, provocando que Joss Whedon completara Liga de la Justicia y él eventualmente comenzase un “operativo retorno” en 2020 primero ofreciendo su corte de aquel film, un bodrio de cuatro horas, y después retomando un proyecto de secuela de El Amanecer de los Muertos que se le había ocurrido durante el rodaje de la susodicha, nuevamente acercándonos al territorio de una faena cien por ciento Snyder símil la imaginativa, trash y muy ninguneada Sucker Punch.

 

El Ejército de los Muertos (Army of the Dead, 2021), como decíamos antes una especie de continuación espiritual del debut del yanqui, no podría haber llegado en peor momento y con un peor envase retórico ya que vista desde el presente parece una remake apenas camuflada de Península (2020), corolario deslucido de la muy superior Invasión Zombie o Tren a Busan (Busanhaeng, 2016), ambas de Yeon Sang-ho, quien para Península ya había robado de lo lindo de la insuperable Escape de Nueva York (Escape from New York, 1981), de John Carpenter: en esta oportunidad Snyder le deja todo servido a los que lo odian para que lo sigan masacrando y a los que lo aman para que continúen arrojándole flores, desde ya partiendo de la misma colección de características que abarcan un metraje de dos horas y media, muchas más cámaras lentas, personajes unidimensionales, diálogos pobretones pero graciosos, una historia muy simple, un tono narrativo que combina la farsa con la seriedad y por supuesto su típica amalgama de géneros, precisamente los que trabajaba Península, léase el terror de resucitados, el suspenso de las infecciones, las películas de atracos o heist movies, la comedia tontuela a lo “pareja dispareja” o buddy movie, la ciencia ficción apocalíptica y finalmente el drama familiar de vínculos agrietados que van sanando a lo largo del derrotero. En sí El Ejército de los Muertos parece un producto hueco de los 80 aunque rodado con los engranajes retóricos hiper pulidos de los 90, como los ralentíes, los juegos con el fuera de foco y aquel preciosismo de la publicidad y el videoclip, amén del sustrato CGI del nuevo milenio en materia de complementar el interesante diseño de las criaturas reanimadas y de desperdigar gore por todos lados. El catalizador del relato es una reformulación de sus homólogos de la saga iniciada por el clásico de 1985 de O’Bannon, ahora reemplazando los barriles de antaño con un container que termina abriéndose debido a un accidente vial cuando una parejita de recién casados provoca la calamidad en cuestión.

 

La señorita le succiona el pene a su flamante marido mientras conduce en una ruta desierta, el hombre deja de prestarle atención al camino y todo deriva en un choque de frente y en una explosión contra el reglamentario camión de la milicia estadounidense, el cual llevaba a un zombie/ infectado/ conejillo de Indias que fue manipulado con ADN extraterrestre, lo que deriva en una pandemia que toma por asalto a una Las Vegas que sigue el destino de la Gran Manzana de Escape de Nueva York y la Península de Corea de Península, hoy por hoy siendo cerrada cual prisión que desaparecerá con una bomba nuclear el feriado del Cuatro de Julio. Scott Ward (buen trabajo de Dave Bautista) es el tipo duro que tiene una relación distante con su deliciosa hija, Kate (Ella Purnell), luego de que tuviese que matar a su madre mordida/ contagiada por uno de los zombies devoradores de carne, señor que de la nada es contactado -como si su condición de sobreviviente del apocalipsis de ultratumba y salvador del Secretario de Defensa fuese sinónimo de “mercenario”- por un millonario inmundo llamado Bly Tanaka (Hiroyuki Sanada), el cual le propone sacar 200 millones de dólares que quedaron en el sótano de su hotel y casino de Las Vegas, el Strip, a cambio de 50 millones que podrá distribuir como prefiera entre su pelotón de extracción. Hay que reconocer que a pesar de su excesiva duración la película es casi siempre entretenida y al compararla con la basura zombie que se ha venido haciendo del 2000 en adelante, como las últimas temporadas de The Walking Dead, consigue destacarse gracias al hecho de que ofrece una versión inteligente, humana y tribal de los no muertos, ahora con la capacidad de amar y engendrar bebitos zombies, muy adeptos ellos a las ceremonias y la cadena comunal de mando a lo Mad Max (1979), de George Miller, aunque todo más noble, además cuentan con la asistencia de un tigre y un caballo ultra putrefactos, y encima un buen número de ellos hibernan en silencio en la oscuridad o esperan el agua de lluvia para revivir de nuevo.

 

En general bastante más sutil y algo menos ambiciosa que Sucker Punch, el otro proyecto mimado por el director y guionista desde la intimidad creativa, El Ejército de los Muertos por suerte ensucia el catálogo disponible en Netflix, una plataforma de streaming cada día más cercana a lo family friendly inofensivo y asexuado modelo Diney, y ofrece un lindo popurrí de estereotipos con patas en lo que atañe a los personajes paradigmáticos del cine de acción y de horror, así nos topamos con la señorita destinada a sobrevivir, desde ya la hija del protagonista, la dupla inconexa e hilarante, el soldado afroamericano Vanderohe (Omari Hardwick) y el bizarro cerrajero alemán Ludwig Dieter (Matthias Schweighöfer), la hermosa “coyote” que mete al grupo dentro del mortífero perímetro en donde reinan los muertos vivientes, la francesa Lily (Nora Arnezeder), el interés romántico de Ward, la mecánica mexicana María Cruz (Ana de la Reguera), el infaltable comic relief, la lesbiana y piloto Marianne Peters (Tig Notaro), el tirador experto, ese mitad latino y mitad gringo Mikey Guzmán (Raúl Castillo), y la refugiada amiga de Kate que motiva que la señorita quiera ir sí o sí con papi a Las Vegas, la madre soltera y prisionera de los monstruos Geeta (Huma Qureshi). Snyder insólitamente trabaja bastante bien la dimensión ideológica del film burlándose de Estados Unidos al comparar al país con la metrópoli zombie para decir que esta última es evidentemente más libre, a lo que se suma la constante analogía entre el personaje del adepto a los anabólicos, Bautista, quien encara la misión para reconciliarse con su hija, y Zeus (Richard Cetrone), el líder alfa de las hordas de engendros del averno que pretende venganza porque el esbirro de Tanaka, el cruel y maquiavélico Martin (Garret Dillahunt), decapitó a su pareja zombie embarazada, la bella Reina (Athena Perample), lo que enfatiza que los secuaces del capitalismo ponzoñoso y las instituciones públicas son los verdaderos villanos, nos referimos no sólo al personaje de Dillahunt sino también a un guardia de seguridad del campamento de refugiados que se ubica al lado del perímetro de contención de la ciudad, el violador serial Burt Cummings (Theo Rossi), payaso que es incorporado a la comitiva de mercenarios por una Lily que lo utiliza como ofrenda de paz ante la tribu de Zeus. Como siempre en el caso de Zack, el señor se luce en la fotografía, la sensualidad del elenco y la selección de canciones que condimentan la música incidental de Tom Holkenborg alias Junkie XL, no obstante la película podría haber sido mucho mejor de lo que es con un guión un poco más inspirado, menos cínico, más focalizado y con menos clichés sentimentaloides al paso, aun así el realizador se las ingenia para sintetizar el espíritu de las aventuras agridulces a lo John Huston, pensando que faenas de esta índole son un “todo o nada” símil destrucción o renacimiento, y para redondear buenas secuencias de acción como el montaje de la apertura, la de la presentación de la Reina, la del ejército de hibernantes, las de la bóveda del hotel/ casino y toda la batalla del final en su conjunto…

 

El Ejército de los Muertos (Army of the Dead, Estados Unidos, 2021)

Dirección: Zack Snyder. Guión: Zack Snyder, Shay Hatten y Joby Harold. Elenco: Dave Bautista, Ella Purnell, Omari Hardwick, Ana de la Reguera, Theo Rossi, Matthias Schweighöfer, Nora Arnezeder, Hiroyuki Sanada, Garret Dillahunt, Tig Notaro. Producción: Zack Snyder, Deborah Snyder y Wesley Coller. Duración: 148 minutos.

Puntaje: 6