Nebraska, de Bruce Springsteen
Luego de consagrarse en el mercado mundial con The River (1980), la carrera de Bruce Springsteen pega su primer volantazo respecto al rumbo artístico que definiría sus próximos pasos a través del monumental Nebraska (1982). Si bien la mayoría de las canciones que conforman el repertorio tenían como destino ser registradas junto a la E Street Band, Springsteen finalmente decidió conservarlas en su estado original (grabaciones a cara lavada con pinta de demo) para ser editadas en un álbum en solitario. A lo largo de sus diez tracks, Springsteen apenas se sirve de su guitarra y una armónica para rellenar un puñado de relatos sobre forajidos y marginados rurales, impresos en gemas como Highway Patrolman y Reason to Believe. Algunos seguramente encontraran ecos que remiten al Johnny Cash más solemne o pasajes dignos del Nick Cave de baladas fúnebres, inmersos en un clima árido y seco, bastante cercano al folk de cámara (desde la portada del disco se percibe la panorámica grisácea en la que el músico desenvuelve su costado crooner). Una obra cumbre en la discografía de Springsteen y uno de los trabajos más dignos del cancionero americano.
Nebraska, de Bruce Springsteen (1982)
Tracks:
Boy in da Corner, de Dizzee Rascal
Se dice que Dizzee Rascal es el responsable de fomentar la apertura del género grime a nivel internacional. Para aquellos que hasta el momento desconocían la existencia de dicha etiqueta, sepan que responde a una evolución del UK garaje en términos más agresivos (drum and bass al palo y breakbeats eufóricos). En el caso de Rascal todo surge a partir de su disco debut Boy in da Corner, una especie de diario voraz sobre la historia de vida que este joven MC nacido en los barrios bajos de Londres tenía para contarle al mundo. Además de las raíces nigerianas que corren por las venas de Rascal, y que se filtran en varias instancias del disco, también salen a la superficie sonidos urbanos (sirenas y disparos) que ofician de trasfondo para el pastiche de beats que gradualmente van al choque, acompañando a las rimas que nuestro anfitrión escupe de track en track. El corte Fix Up, Look Sharp lo acercó a las masas, y el resto de los temas le consiguieron varios galardones que elevaron la calidad de Boy in da Corner entre la crítica especializada.
Boy in da Corner, de Dizzee Rascal (2003)
Tracks:
Chairs Missing, de Wire
Durante el aluvión de discos emblemáticos que alumbraron la temporada del 77, los Wire nos habían entregado Pink Flag (1977), una carta de presentación sumamente urgente y caótica. Pero apenas unos meses más tarde, la banda de Colin Newman redoblaría la apuesta con una obra superior a su antecesora que colocaría a Wire en el pedestal de los críticos. En Chairs Missing (1978) se asoma una armonía que regula buena parte del itinerario para reflejar el costado más sólido del cuarteto londinense, una impronta madura que permitió apreciar a Wire desde una perspectiva evolutiva para sus futuros discos. A partir de este opus la prensa optó por impregnarles el rotulo de art punk (una etiqueta que ganaría más notoriedad con su siguiente placa), pero la verdad es que tanto Newman como el resto de los músicos apenas empezaba a regular la variable experimental de su identidad. Chairs Missing es un documento de escucha obligada, especialmente para todo aquel que quiera iniciarse con el material más jugoso de la era post punk.
Chairs Missing, de Wire (1978)
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