We Are Love, de The Charlatans

Disipándose silenciosamente

Por Emiliano Fernández

Pocos la tienen en cuenta en el nuevo milenio pero The Charlatans es una banda inglesa hoy por hoy formada por el cantante histórico, Tim Burgess, más Mark Collins en guitarra, Tony Rogers en teclados, Martin Blunt en bajo y Peter Salisbury en batería/ percusión, este último célebre por The Verve y reemplazo concreto de Jon Brookes, que falleció en 2013 producto de un tumor cerebral, del mismo modo que Rogers sustituyó a Rob Collins, el cual pereció en 1996 en un accidente de tránsito en Gales. El grupo fue y sigue siendo muy exitoso en el Reino Unido aunque no puede decirse lo mismo en lo que atañe a Estados Unidos y el resto del planeta, a pesar de sin duda ofrecer la faceta más amable y tranquila de aquella escena de fines de los años 80 y comienzos de los 90 conocida como Madchester, categoría en la que entraron The Stone Roses, Happy Mondays, Inspiral Carpets, Northside, 808 State, The Shamen, New Fast Automatic Daffodils, James y The Mock Turtles, entre otros colectivos del montón. Tampoco podemos soslayar el rol de The Charlatans como uno de los artífices del “baggy” de cadencia dance, quizás la primera amalgama concienzuda de rock y música electrónica bailable, o post-punk y acid house, mediante ese “pegamento” que todo lo venía hermanando desde la década del 70, el funk, ingrediente que por cierto desaparecería en el britpop noventoso -ya de alcance planetario- de Oasis, Suede, Blur y Pulp. Los señores entregaron una cruza de garage, power pop, psicodelia, rock alternativo y rhythm and blues aunque filtrados por el indie y las postrimerías de la new wave más soulera, de hecho siendo deudores tanto de The Stone Roses y The La’s, miembros de la misma generación, como de The Smiths, New Order y XTC, padres inmediatos indisimulables asentados en los 80.

 

El período de oro está muy vinculado a Primal Scream en general, The Rolling Stones circa Their Satanic Majesties Request (1967) y la etapa asimismo lisérgica de The Beatles, léase Revolver (1966), Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967) y Magical Mystery Tour (1967), más chispazos de The Byrds, The Who, Bob Dylan, The Beach Boys e incluso The Waterboys y The Chemical Brothers, pensemos en Some Friendly (1990), Between 10th and 11th (1992), Up to Our Hips (1994), The Charlatans (1995), Tellin’ Stories (1997) y Us and Us Only (1999), trabajo que los llevó a saltar desde la independencia de Beggars Banquet Records al mainstream de Universal Music Group. La decadencia estuvo signada por montañas de cocaína y unos coqueteos poco felices con el rock industrial, el country, la música disco, el dub, el pop progresivo y el reggae a lo The Clash, en este caso enmarcados en los olvidables Wonderland (2001), Up at the Lake (2004) y Simpático (2006). El regreso a un buen nivel de calidad se produce gracias a una vuelta a aquello que saben hacer bien, el pop dance delicado, aunque abandonando las diferentes entonaciones de los 90 para centrarse decididamente en el sonido seminal madchestereano de Some Friendly, esquema que pasa a dominar sin medias tintas la retahíla compuesta por You Cross My Path (2008), Who We Touch (2010), Modern Nature (2015), Different Days (2017) y We Are Love (2025). Este último disco, efectivamente el primero en largos ocho años, fue producido por Dev Hynes, Stephen Street y Fred Macpherson, frontman del colectivo indie Spector, y constituye la que quizás sea la reapropiación más armónica y gratificante de la neopsicodelia que supieron patentar los británicos al comienzo de su carrera, ahora destilándola de cualquier “distracción” foránea que podría enturbiar el asunto ya que, sinceramente, The Charlatans nunca fue una banda que se lleve muy bien que digamos con la expansión de su sonido, basta con recordar que su cenit suele ubicarse en movimientos de repliegue hacia un núcleo acid pop intoxicante en función del cual se sienten como peces en el agua. El álbum aprovecha con destreza los teclados de Rogers, las guitarras de Collins y el trasfondo siempre juvenil de la voz de un Burgess que además se las ingenia para escribir letras que hacen gala de su madurez pero también de una sutil retromanía, recuperando con perspicacia motivos un tanto ingenuos del acervo cancionero de los años 60, jugada que en términos generales reafirma el buen momento del grupo y su carácter eternamente complementario dentro de la escena musical anglosajona del pasado, estrato que paradójicamente los lleva a destacarse en el desierto de un Siglo XXI saturado de solistas y bandas idénticas que ni siquiera consiguen esta medianía disfrutable que tan bien -y con tanta facilidad- alcanzan los miembros de The Charlatans.

 

Kingdom of Ours abre el disco a pura intensidad y dejando en claro el carácter de veteranos de los músicos porque en un único movimiento logran conjurar a The Stone Roses, aquel George Harrison insertando temas solistas todavía dentro de The Beatles y por supuesto la etapa noventosa de gloria de The Charlatans, combo psicodélico puesto al servicio de una letra muy ambiciosa de Burgess en la que compara su vida con una película, reflexiona sobre los fracasos del camino y parece mantener largas conversaciones con la parca mientras el narrador se disipa silenciosamente hacia su muerte. We Are Love, tema que le da su nombre al álbum, salta con comodidad hacia el power pop de impronta guitarrera indie ochentosa con una letra hiper hippona o más bien digna del folk rock de autoafirmación militante de los años 60, en suma proponiendo la búsqueda de la verdad en medio del oscurantismo capitalista, poniendo en valor la capacidad sanadora del lenguaje, denunciando la estafa de la fauna neofascista y eventualmente rescatando al amor como el único recurso que le gana al pesimismo y la irracionalidad. Suerte de acid pop con muchas pinceladas de noise, baggy y sobre todo de aquella Pared de Sonido/ Wall of Sound de Phil Spector, Many a Day a Heartache cae en esa intrascendencia o apenas corrección de tantas canciones del grupo desde sus inicios, algo así como un relleno que por cierta eficacia rockera no deja de ser un tema intercambiable o quizás condenado automáticamente al olvido, en esta oportunidad con el cantante hablando sin demasiadas metáforas sobre sus días de angustia producto de la adicción a las drogas, a su vez motorizadas por la curiosidad, el placer y la autoexigencia laboral. A contramano de lo que parece insinuar su título, For the Girls, un estupendo regreso al ABC sesentoso de Madchester, no es un homenaje pollerudo a la fauna femenina sino al romance en sí y su carácter profundamente “entretenido” porque existe una posibilidad de debacle a la vuelta de cada esquina si homologamos el asunto a una caminata/ deriva situacionista por la ciudad, según los versos específicamente la sobresensibilidad del cariño, su sustrato muchas veces efímero, la poca paciencia de los amantes, el recuerdo de relaciones previas, las infaltables peleas y esa comodidad burguesa -y tendencia humana al melodrama, una capa que se superpone- que genera dudas en el corazón cuando la panza está llena y hay ganas de inventar problemas.

 

You Can’t Push the River juega con el soft rock de Fleetwood Mac y el art pop modelo Steely Dan, dos pivotes fundamentales de la delicadeza y la elegancia en el ámbito del rock que los ingleses recuperan con astucia para canalizar el asunto hacia una letra algo críptica en la que el ego, el destino y la capacidad de componer música se transforman en sinónimos desde una contingencia creativa que parece inexorable, a veces moviéndose en consonancia con esa torpeza representada en la confusión del narrador entre el novelista Henry Miller y el dramaturgo Arthur Miller. Deeper and Deeper, canción mediocre que no se decide entre el dance, el funk y la música disco, no sólo no logra una síntesis coherente sino que no aprovecha de manera individual cada uno de sus ingredientes e incluso se podría decir que la letra de Burgess deja bastante que desear, ahora cayendo en lugares comunes como el aislamiento por un mejunje un tanto sobrecargado de amor, drogas, depresión, cansancio, recuerdos dolorosos y miedo paranoico promedio a la sociedad. Fiel a la esquizofrenia compositiva del grupo, Appetite vuelve a levantar el nivel gracias a una sorprendente amalgama de post-punk y baggy con la misma filosofía psicodélica de siempre y un maravilloso segmento instrumental que complementa los versos solipsistas marca registrada del frontman, excusas orientadas a señalar el hedonismo y el cinismo en el amor/ sexo durante este Siglo XXI donde la satisfacción egoísta es la regla máxima y la falta de compromiso corre en paralelo, por ello los actos de llamar, escribir y hablar al prójimo se enmarcan en el maquiavelismo utilitarista sin ética alguna.

 

Luego de una pieza minúscula con aires de “segue”/ tema transicional, Salt Water, basada en la guitarra acústica y el amor por la playa de Burgess, amén de sonidos contextuales vinculados a las mareas y a personas disfrutando de fondo, llega el momento de Out on Our Own, interesante tema con coros de Kevin Godley, baterista y cantante de 10cc, verdaderos sultanes del pop progresivo y el soft rock de los 70, que atesora una generosa capacidad de metamorfosis, pensemos que la segunda parte invoca por igual el house y la psicodelia sesentosa acelerada y la primera mitad apacible sintoniza con su equivalente de los años 90 símil esos Mercury Rev de Deserter’s Songs (1998) y The Flaming Lips de The Soft Bulletin (1999) y Yoshimi Battles the Pink Robots (2002), sin olvidarnos de una letra que celebra el proceso de composición colectiva, el sarcasmo paradójicamente romántico/ idealizado y lo que puede generar la humildad en términos prácticos cuando uno alcanzó la madurez necesaria para comprenderlo, de hecho obteniendo más de lo esperado -si se espera poco- en contraposición a pretender mucho y luego descubrirse en la decepción más lastimosa. La rutinaria Glad You Grabbed Me, con el saxofón jazzero de Peter Gordon, estadounidense que editó un disco a dúo con Burgess, el mayormente fallido Same Language, Different Worlds (2016), está disfrazada de canción de amor -o tal vez amistad- y construida alrededor de una base de batería de Salisbury de influjo post-punk y una serie de recuerdos impostados de parte del cantante que giran alrededor de la fascinación hoy demodé de los británicos con Estados Unidos, un nuevo pretexto para considerar la propia mortalidad y los alcances de la memoria en materia de pequeñas situaciones mundanas de felicidad plena. Now Everything, cierre etéreo correspondiente en un cien por ciento al arsenal de The Charlatans, por un lado vuelve a las alegorías cinematográficas y continúa pegándole al hedonismo caprichoso de la posmodernidad, ese que abraza tanto la inmediatez como el fatalismo fetichizado, y por el otro lado se repliega hacia el núcleo duro de siempre, ahora poniendo el acento en la etapa lisérgica de The Beatles en su acepción lennoneana, en concreto con referencias musicales a megaclásicos de la talla de Tomorrow Never Knows, de Revolver, A Day in the Life, de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, y Strawberry Fields Forever e I Am the Walrus, ambas de Magical Mystery Tour.

 

We Are Love deja en el olvido el importante número de invitados del disco previo, ese Different Days que contó con la colaboración de Paul Weller de The Jam, Johnny Marr de The Smiths, Donald Johnson de A Certain Ratio y Gillian Gilbert y Stephen Morris de New Order, más el novelista Ian Rankin y la actriz Sharon Horgan, porque hoy The Charlatans optan por reagruparse alrededor de la psicodelia más fundamentalista, planteo que en su ecosistema compositivo es lo mejor que les puede ocurrir más allá de la costumbre de oxigenarse cambiando de productores a cada rato, por cierto sin dejarlos que opinen demasiado sobre el siguiente escalón discográfico (como decíamos antes, en la trayectoria de los señores dominan los peldaños de bajada, no los de subida, porque son espontáneos y mucho mejores). La placa cuenta con temas admirables pero en conjunto no es ninguna maravilla como tampoco lo es el derrotero artístico del grupo, banda cuya idiosincrasia derivativa aunque en ocasiones disfrutable se presta mucho a ser comparada con las de otros popes por antonomasia de la escena madchestereana, en este sentido siempre cayeron muy por detrás de sus amados The Stone Roses pero superaron la mediocridad casi irredimible de Inspiral Carpets y de prácticamente toda la carrera de Happy Mondays con la salvedad de Pills ‘n’ Thrills and Bellyaches (1990), la obra maestra y único disco ameno en serio de Shaun Ryder y compañía. The Charlatans siempre están a un paso de desaparecer bajo el peso de su propia nostalgia hasta que una vez más encuentran la fuerza suficiente para mantenerse en movimiento con una vitalidad asombrosa, amiga de contradicciones varias como una eficacia general que esconde un periplo errático y una imaginación que sólo crece cuando está encerrada entre los cuatro muros de la psicodelia de tiempos hoy muy lejanos, destinados a no regresar nunca más.

 

We Are Love, de The Charlatans (2025)

Tracks:

  1. Kingdom of Ours
  2. We Are Love
  3. Many a Day a Heartache
  4. For the Girls
  5. You Can’t Push the River
  6. Deeper and Deeper
  7. Appetite
  8. Salt Water
  9. Out on Our Own
  10. Glad You Grabbed Me
  11. Now Everything