Good Home (Dom Dobry)

Disyuntivas en el abuso

Por Emiliano Fernández

Si bien no es conocido fuera de su país natal y de cierto circuito alternativo de festivales internacionales, léase lejos de los más renombrados de Europa Occidental como Cannes, Berlín y Venecia, Wojciech Smarzowski es uno de los cineastas más famosos, inquietos, valientes y decididamente polémicos de Polonia, un señor al que no le ha temblado las manos a la hora de analizar la hipocresía social, el pasado represivo comunista, aquella asimilación nacional/ cultural durante la Segunda Guerra Mundial, las masacres y crímenes de lesa humanidad, el matrimonio como institución, el alcoholismo y la corrupción policial, en la Iglesia Católica y estatal en general, pensemos para el caso en esa serie de propuestas que tuvieron una importante repercusión vernácula e incluso en Europa del Este, hablamos de The Wedding (Wesele, 2004), The Dark House (Dom Zły, 2009), Rose (Róża, 2011), Traffic Department (Drogówka, 2012), The Mighty Angel (Pod Mocnym Aniołem, 2014), Hatred (Wołyń, 2016), Clergy (Kler, 2018) y The Wedding Day (Wesele, 2021), esta última una especie de secuela espiritual de su ópera prima. El último y muy interesante trabajo de Smarzowski, Good Home (Dom Dobry, 2025), respeta su idiosincrasia ultra provocadora y decadentista con la idea de ofrecer un retrato antihollywoodense del abuso doméstico y sus consecuencias, donde la linealidad narrativa estalla por los aires y todas las atrocidades del montón aparecen en pantalla para sacarse de encima inmediatamente al público cobarde y mojigato del mainstream del Siglo XXI, uno conformista y mediocre hasta la exasperación.

 

Como hiciese con la lacra eclesiástica en Clergy, las miserias sociales en The Wedding y The Mighty Angel, los policías en The Dark House y Traffic Department y las crueldades bélicas en Rose, Hatred y The Wedding Day, hoy el cineasta polaco evita todo eufemismo con el objetivo de llamar a las cosas por su nombre e incomodar al espectador sacándolo de su zona de confort y subrayando la estupidez y maldad del ser humano desde siempre, en esta oportunidad decididamente exacerbando la naturaleza fragmentaria/ esquizofrénica de algunas de sus obras y acercándose nuevamente al terreno de un hipotético neoexploitation centrado en monstruos sociales que operan bajo un amparo popular e institucional que en el presente sigue vivo como deja constancia el neofascismo payasesco global, claramente en crisis. Nuestra protagonista es Goska (Agata Turkot), una profesora a distancia de inglés que vive con su madre autoindulgente y conservadora (Agata Kulesza) y debe soportar los constantes pedidos de ayuda de su hermana mayor, Magda (Maria Sobocinska), una tarada que se mueve como un parásito al igual que su marido, Edek (Lukasz Gawronski). Goska encuentra en Internet a Grzesiek (Tomasz Schuchardt), un estafador, psicópata y operador político que la llena de flores y le pide casamiento durante unas vacaciones en Venecia, a lo que accede a pesar de saber que le ocultó un matrimonio previo que terminó en guerra con un vástago de por medio, Mateusz (Wojciech Górecki), el cual muta en hermanastro de la nena que nace del vínculo gracias a un embarazo de pesadilla, Zosia (Natalia Olszewska).

 

El corazón del film es la locura progresiva de Goska a raíz del temor a un Grzesiek que asimismo va exhibiendo su verdadera impronta de a poco, la de un demente celoso, amigo del control y la policía y capaz de insultarla, mostrarle videos íntimos de ella a cualquiera, golpearla, serle infiel sin esconderlo, intentar ahogarla, dejarla encerrada en el domicilio compartido o exiliarla sin más, violarla, manipularla con mentiras, lastimarla teniendo sexo durante el embarazo, robarle dinero o pedir créditos a su nombre, darle latigazos, ponerle un collar o no dejarla dormir enfocándole al rostro una luz símil sesión de tortura, amén del hecho de maltratar y eventualmente matar a un pobre perrito que hallaron en Italia. Todo este delirio parasitario e hiper sádico, a su vez condimentado con latiguillos como las citas literarias para conquistarla, las muchas flores para pedir perdón y los sobornos policiales y el intercambio de favores para evitar terminar preso, se enmarca en un relato agitado a lo Gaspar Noé o Nicolas Winding Refn aunque sin la pirotecnia visual de aquellos, convulsión que en todo caso tiene mucho más que ver con la multiplicidad de cámaras, una edición experimental, un registro documental áspero, algunas escenas surrealistas y cierta estética en sintonía con el metraje encontrado/ “found footage”, sin olvidarnos de la interminable confusión entre realidad y fantasía y una retahíla de líneas argumentales alternativas según las opciones de la protagonista en cada etapa de su martirio, más cerca de Elige tu Propia Aventura (Choose your Own Adventure, 1979-1998), la célebre andanada de libros de hiperficción explorativa publicados por la editorial Bantam Books, que de los videojuegos desde la década del 70 hasta el presente o aquella lamentable Bandersnatch (2018), faena retrointeractiva de Black Mirror (2011-2025) dirigida por David Slade y escrita por Charlie Brooker para ser vista con los comandos de Netflix, cloaca del streaming contemporáneo.

 

Smarzowski, como decíamos antes, no sólo apunta al cliché en materia de la recreación de estos casos, en esencia la complicidad de la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, el sistema judicial, la policía y la Iglesia Católica o toda la fauna judeocristiana en términos macros, sino que se entretiene con la idiotez del bípedo promedio dentro de un rango que abarca tanto a Grzesiek, un excremento atrapado en sus desvaríos y su maquiavelismo de lo más burdo, como a la misma Goska y su parentela, todos haciendo de las peleas banales y la apatía o pasividad un culto al extremo de facilitarle las cosas al psicópata, prueba de que el único fascista bueno es el fascista muerto. Good Home, por suerte, en una sola jugada primero evita el fatalismo omnipresente, en este caso mostrando que existe una red civil de asistencia a las víctimas que funciona muchísimo mejor que el Estado, y segundo no cae en la misandria berreta de tanto panfleto feminista de años anteriores, en este sentido en una secuencia volcada a un grupo de apoyo encontramos a una madre sufriendo palizas de parte de su hijo y a un esposo siendo incriminado por una hembra lunática vía autoflagelación. Aunque el montaje puede resultar confuso o quizás cansador a la larga por la tendencia del director y guionista a subdividir cada situación en disyuntivas o dilemas que reciben su correspondiente representación para que Goska elija entre la sensatez o más brutalidad y horror, las actuaciones de Turkot y Schuchardt son muy buenas, ella cerca de la Margaux Hemingway de Lipstick (1976), de Lamont Johnson, aquella Farrah Fawcett de Extremities (1986), de Robert M. Young, y la Jodie Foster de The Accused (1988), de Jonathan Kaplan, y además Smarzowski logra combinar con eficacia la hipérbole melodramática grotesca, la cuasi violación y venganza/ “rape and revenge”, el suicidio -e irresponsabilidad- de parir en el Siglo XXI y finalmente la manipulación hogareña/ “gaslighting” de eje claustrofóbico…

 

Good Home (Dom Dobry, Polonia, 2025)

Dirección y Guión: Wojciech Smarzowski. Elenco: Agata Turkot, Tomasz Schuchardt, Agata Kulesza, Maria Sobocinska, Lukasz Gawronski, Arkadiusz Jakubik, Magdalena Smalara, Nadia Samagalska, Wojciech Górecki, Natalia Olszewska. Producción: Wojciech Gostomczyk y Janusz Hetman. Duración: 108 minutos.

Puntaje: 7