Atmósfera Cero (Outland)

Dopaje capitalista en el espacio

Por Emiliano Fernández

Semi olvidada en lo que respecta a la carrera de Sean Connery aunque muy tenida en cuenta en lo que atañe a la trayectoria de Peter Hyams, Atmósfera Cero (Outland, 1981) merece mayor crédito del que se le suele conceder en términos históricos no sólo porque hablamos de un trabajo muy influyente en materia del look promedio futuro del cyberpunk espacial sino además debido a que constituye una de las cúspides indudables tanto del derrotero profesional del legendario actor escocés como de su homólogo del director neoyorquino: en ambas carreras el mejor período es el intermedio, ese que se ubica entre los primeros trabajos por encargo y las últimas y deslucidas faenas, ya desde la década del 90 hacia adelante y enmarcadas en la triste metamorfosis de un mainstream norteamericano que fue descripto a la perfección por el propio Connery a la hora de explicitar la principal razón detrás de su retiro de la actuación en 2006, concretamente la desilusión con los “idiotas que ahora hacen películas en Hollywood”. En este sentido, basta con pensar que el intérprete para los 70 y 80 ya estaba lejos de aquellos 50 consagrados a la televisión y de unos 60 dominados por la saga de James Bond/ 007, a la que de todos modos volvería de vez en cuando aunque ya de manera marginal y en medio de extraordinarias colaboraciones con realizadores de la talla de Alfred Hitchcock, Sidney Lumet, John Huston, Mikhail Kalatozov, Martin Ritt, John Boorman, John Milius, Richard Lester, Michael Crichton, Terry Gilliam, Richard Brooks, Fred Zinnemann, Russell Mulcahy, Richard Attenborough, Jean-Jacques Annaud, Brian De Palma, Steven Spielberg y John McTiernan, entre muchos otros que colaboraron en esto de ennoblecer la figura de un intérprete todo terreno con un carisma, una versatilidad y una presencia escénica majestuosas y en verdad incomparables.

 

El recorrido de Hyams, hoy incluso guionista, fue relativamente similar porque pasó de obras hoy enterradas por el transcurrir de los años como Manos Sucias sobre la Ciudad (Busting, 1974), Nuestro Tiempo (Our Time, 1974) y Un Detective Curioso (Peeper, 1975) a levantar el nivel cualitativo a partir de la recordada Capricornio Uno (Capricorn One, 1977), catalizador de una serie de opus memorables que incluyen a La Calle del Adiós (Hanover Street, 1979), Los Verdugos de la Justicia (The Star Chamber, 1983), 2010: El Año que Hicimos Contacto (2010: The Year We Make Contact, 1984), Dos Policías en Apuros (Running Scared, 1986), Presidio (The Presidio, 1988), también con Connery, Testigo Accidental (Narrow Margin, 1990) y la gloriosamente desquiciada Siga en Sintonía (Stay Tuned, 1992), retahíla que por cierto se corta con la apenas simpática Timecop (1994) y la catarata de colaboraciones subsiguientes fallidas con Jean-Claude Van Damme, amén de un deslucido intento de hacer lo propio con Arnold Schwarzenegger, El Día Final (End of Days, 1999), y de su mejor jugada dentro del enclave del horror, La Reliquia (The Relic, 1997). Por lo general a Atmósfera Cero se la suele considerar una remake de A la Hora Señalada (High Noon, 1952), de Zinnemann, y la descripción está bien pero vale aclarar que dicha relectura abarca sólo la segunda parte del relato ya que la primera hora funciona más como una clásica investigación a lo film noir en torno a los manejos corruptos del mandamás de una comunidad hermética cuya única ley es la que dicta el tirano en cuestión, uno por supuesto vinculado a los manejos mafiosos y depredadores del capitalismo espurio extraccionista que se obsesiona con determinado recurso natural al punto de considerar “factores secundarios” a todos los bípedos y a todo lo que cae bajo su órbita de influencia.

 

La historia se centra en el Alguacil Federal William T. O’Niel (Sean Connery), quien llegó hace dos semanas a la tercera luna de Júpiter, Ío, para tomar el mando del destacamento de policías de un emplazamiento minero que la Liga de Naciones Industrializadas del futuro le concedió en calidad de franquicia a la empresa Con-Amalgamate, un pueblo espacial de unos dos mil habitantes dedicado a la extracción de titanio que recibe suministros una vez a la semana y cuyo período estandarizado de servicio para los trabajadores es de un año, con el personal administrativo superior gozando del privilegio de poder vivir con su familia durante los 12 meses reglamentarios. O’Niel se muda con su esposa Carol (Kika Markham) y su hijo no tan pequeño Paul (Nicholas Barnes), no obstante rápidamente se queda solo cuando la mujer lo abandona porque -a pesar de que lo sigue queriendo- prefiere regresar a la Tierra que seguir acompañando interminablemente a su marido de puesto en puesto, algo que impidió que el chico conociese nuestro planeta y se pasase la vida surcando la galaxia. De golpe se empiezan a acumular cadáveres que indican que ocurre algo extraño en las instalaciones: primero un minero sufre alucinaciones en el exterior y termina con su cabeza estallada al desconectar su traje, luego un colega suyo baja sin protección por un ascensor e implosiona sin más y finalmente otro trabajador padece delirios paranoicos homicidas, ataca a una de las muchas prostitutas de la compañía y es asesinado por el segundo directo de O’Niel, el Sargento Montone (James Sikking). Las inevitables sospechas del alguacil lo llevan a pedirle a la Doctora Lazarus (Frances Sternhagen) que analice la sangre del último cuerpo y así descubre una potente anfetamina intravenosa, el eutimal polidiclórico, que eleva de inmediato los niveles de productividad de los sujetos pero después de diez u once meses de consumo sin cesar los convierte en psicóticos tremendos. Buscando personal con antecedentes penales por tráfico de drogas el protagonista encuentra a los dealers del caso y al principal responsable de introducir las dosis de anfetaminas dentro de la estación espacial, nada menos que el Gerente General Mark B. Sheppard (Peter Boyle), un oligarca que anda vanagloriándose ante sus subalternos de que desde que asumió el control viene rompiendo los récords de extracción de titanio de Con-Amalgamate. La guerra entre ambos estalla cuando O’Niel acecha a uno de los esbirros del líder vernáculo, Nicholas P. Spota (Marc Boyle), quien a posteriori aparece muerto, y detiene a otro, Russel B. Yario (Richard Hammatt), confiscando y destruyendo todo un cargamento de eutimal polidiclórico. Luego del asesinato adicional de Montone, que estaba siendo sobornado por Sheppard aunque venía ayudando al alguacil, el mafioso al servicio de la mega empresa decide contratar a dos sicarios para matar al personaje de Connery, los cuales llegarán en la siguiente nave de suministros para poner el mojón decisivo en una contienda del tipo “David contra Goliat” en la que la inteligencia del alguacil -cercana a la picardía del que se sabe desamparado y con una menor capacidad de respuesta- será su arma de cabecera a la hora de defenderse.

 

Uno de los puntos más interesantes y característicos de la película, esa ambientación símil fábrica de la Revolución Industrial a lo Alien (1979), se condice directamente con el rodaje en Pinewood, los míticos estudios de filmación británicos, ámbito crucial para construir esa sensación de claustrofobia, peligro y sutil retro decadencia steampunk que también podía apreciarse en la estilísticamente semejante obra maestra de Ridley Scott, otra epopeya de proletarios estelares que terminan transformados en “carne de cañón” a instancias de la voracidad capitalista de siempre y su fetiche con recurrir a cualquier estrategia a mano con tal de maximizar las ganancias y luego ocultar los chanchullos y/ o barbaridades del caso para que no se sepa hasta dónde pueden caer a nivel moral los ejecutivos de turno, en esta oportunidad simbolizados en un Sheppard que balancea primero lo que se espera de él, que eleve la productividad al cielo, y segundo el medio que encontró para llevarlo a cabo, léase un dopaje eterno haciendo adictos de a poco a los empleados de Con-Amalgamate con vistas a exprimirlos todo lo que den y eventualmente reemplazarlos por otros con cuerpitos y mentes frescas (de hecho, la Doctora Lazarus, algo así como la compinche/ ayudante del adalid en su faena humanista, contabiliza 52 incidentes de enajenación suicida u homicida durante el último año, lapso de tiempo hegemonizado por la administración del repugnante CEO en la piel del gran Peter Boyle). Hyams siempre fue un muy buen director para las persecuciones y secuencias de acción y aquí se luce vía las exquisitas fotografía de Stephen Goldblatt y música de Jerry Goldsmith, además de asimismo aprovechar el gris y el blanco omnipresentes en la rusticidad del diseño de producción de Philip Harrison, la dirección de arte de Malcolm Middleton y la decoración de sets de Stuart Rose. Al igual que A la Hora Señalada, Atmósfera Cero funciona como un gran elogio a la rebeldía y el inconformismo, al no respetar las normas cuando éstas van en contra de los ideales de izquierda porque destruyen la dignidad de los seres humanos para transformarlos en entidades que obedecen y siguen los lineamientos de un redil enmarcado en la corrupción consuetudinaria, el poder concentrado y la cosificación de los seres vivos, cada día más homologados a recursos a explotar o a máquinas cuya única razón de ser es producir o servir a sus amos tácitos. La cobardía y pasividad comunal, por supuesto, constituye otra de las dimensiones retóricas fundamentales porque la casi absoluta soledad desde la que O’Niel enfrenta a los sicarios de Sheppard pone de manifiesto a la par la fuerza de voluntad del hombre y la mediocridad autovictimizante y autodestructiva a largo plazo de unas mayorías que miran para otro lado cuando alguien les pide auxilio, como si su posición social/ laboral/ económica/ espiritual fuese la mejor o no pudieran verse el día de mañana en el mismo rol de vulnerabilidad que el protagonista, quien evita todas las payasadas de la ciencia ficción posmoderna -láseres, naves cual jets y similares- y opta en cambio por cargarse a sus verdugos armado con una escopeta y después engañándolos desde el exterior, con un proverbial traje de astronauta…

 

Atmósfera Cero (Outland, Reino Unido, 1981)

Dirección y Guión: Peter Hyams. Elenco: Sean Connery, Peter Boyle, Frances Sternhagen, James Sikking, Kika Markham, Nicholas Barnes, Marc Boyle, Richard Hammatt, Clarke Peters, Steven Berkoff. Producción: Richard A. Roth. Duración: 109 minutos.

Puntaje: 8