¡Ayuda! (Send Help)

Educando al psicópata burgués

Por Emiliano Fernández

Con la apenas simpática ¡Ayuda! (Send Help, 2026), regreso de Sam Raimi a ese terror que lo hizo conocido de la mano de la querida trilogía de Ash Williams (Bruce Campbell), léase Diabólico (The Evil Dead, 1981), Noche Alucinante (Evil Dead II, 1987) y El Ejército de las Tinieblas (Army of Darkness, 1992), el cineasta estadounidense pretende recuperar la legitimidad perdida por sus últimos dos mamarrachos como director, Oz, el Poderoso (Oz, the Great and Powerful, 2013) y Doctor Strange en el Multiverso de la Locura (Doctor Strange in the Multiverse of Madness, 2022), de una forma similar al lugar que ocupó en su carrera Arrástrame al Infierno (Drag Me to Hell, 2009), precisamente el intento previo de no perder el cariño de los fans de la primera hora debido a los tres productos descartables e inmediatamente anteriores que realizó para el mainstream más banal, El Hombre Araña (Spider-Man, 2002), El Hombre Araña 2 (Spider-Man 2, 2004) y El Hombre Araña 3 (Spider-Man 3, 2007), películas inofensivas que subrayan el proceso de castración creativa de fondo y lo ubican en la misma categoría de Peter Jackson, otro director que empezó en la comarca del horror contracultural y después se vendió a Hollywood a partir de El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo (The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring, 2001) y sus dos rutinarias secuelas de 2002 y 2003. La decepción es moderada pero está presente porque efectivamente ¡Ayuda! es una epopeya leve, apenas correcta y por demás redundante que supera a las bazofias del Siglo XXI de Raimi pero lejos está de la mucho más divertida Arrástrame al Infierno, un film que a su vez languidecía al compararlo con la trilogía con Campbell u otras propuestas también disfrutables del errático Sam, sobre todo El Hombre sin Rostro (Darkman, 1990) y Un Plan Simple (A Simple Plan, 1998), aunque por lo menos oficiaba de pieza de idiosincrasia autoral, escrita por él y su hermano mayor, Ivan, y bastante representativa de su trayectoria en general, entre lo lunático y lo mordaz.

 

La faena que nos ocupa puede leerse como una fábula grotesca sobre el arte de sobrevivir, tanto en una isla desierta como en una oficina gris del montón, que tiende a actualizar el esquema básico de Robinson Crusoe (1719), la famosa novela de Daniel Defoe, y aquella denuncia social de las comedias negras ochentosas y noventosas antiyuppies en línea con De Origen Desconocido (Of Unknown Origin, 1983), de George P. Cosmatos, Después de Hora (After Hours, 1985), de Martin Scorsese, Cómo Triunfar en Publicidad (How to Get Ahead in Advertising, 1989), obra de Bruce Robinson, Un Golpe al Sistema (A Shock to the System, 1990), de Jan Egleson, El Vagabundo (The Vagrant, 1992), de Chris Walas, El Precio de la Ambición (Glengarry Glen Ross, 1992), de James Foley, En Compañía de Hombres (In the Company of Men, 1997), joya de Neil LaBute, y Psicópata Americano (American Psycho, 2000), de Mary Harron. De todos modos la noción de base del no muy brillante guión de la dupla compuesta por Damian Shannon y Mark Swift, responsables de productos lastimosos como Freddy vs. Jason (2003), de Ronny Yu, Viernes 13 (Friday the 13th, 2009), de Marcus Nispel, y Baywatch (2017), de Seth Gordon, es una inversión literal de la premisa detrás de Insólito Destino (Travolti da un insolito destino nell’azzurro mare d’agosto, 1974), obra maestra de Lina Wertmüller con Giancarlo Giannini y Mariangela Melato que aquí se retoma sin el componente romántico y exacerbando las truculencias vinculadas a la lucha de clases en la islita de turno, antes mediante el obrero comunista del primero y la burguesa demócrata cristiana de la segunda, responsable por su obstinación y estupidez de que quedasen varados en un inhóspito pedazo de tierra del Mar Mediterráneo, y ahora a través del enfrentamiento entre un parásito capitalista que heredó un imperio, Bradley Preston (Dylan O’Brien), y una empleada contable suya que hace de la sumisión su principal horizonte, Linda Liddle (Rachel McAdams), sumamente eficaz con los numeritos.

 

Liddle, típico caso de “buen esclavo” que exuda una actitud positiva todo terreno y una cabeza gacha relativamente sincera ante la patronal, es ninguneada por sus compañeros de trabajo y pasada por encima en un ascenso en favor de Donovan Murphy (Xavier Samuel), un tarado de marketing, porque a su nuevo jefe, ese Preston que se transforma en presidente de la firma a raíz de la muerte de su padre, le genera una fuerte sensación de asco los restos de un sándwich de atún en la comisura de la boca de la mujer. Consternada por el hecho de que no la tenga en cuenta a pesar de sus siete largos años en la empresa, Linda se queja ante Bradley y lo único que consigue es que la invite de mala gana a un viaje a Bangkok, capital de Tailandia, para sellar una fusión en puerta, periplo que deriva en catástrofe aérea porque una tormenta provoca un accidente en el que sólo sobreviven Liddle y Preston, los únicos que tenían puestos los cinturones de seguridad al momento de la calamidad porque el resto de la troupe del jefazo estaba parado alrededor de una computadora y viendo el video de audición de la contable para Survivor (2000-2026), el reality show de CBS inspirado en el programa sueco Expedición Robinson (Expedition Robinson, 1997-2026). La fémina saca a relucir sus conocimientos de supervivencia al curar la pierna derecha malherida de Bradley y al aprovechar los recursos de la isla deshabitada en cuestión, así construye un refugio, recolecta agua de lluvia y se dedica a pescar, cazar jabalíes y buscar frutos comestibles, sin embargo el ego petulante de Preston mete la cola cuando la maltrata o se marcha con una muleta improvisada creyendo que aprendió lo suficiente para valerse solo. La cumbre del enfrentamiento modelo Guerra Fría llega con el envenenamiento de Liddle por parte de un Bradley que construyó subrepticiamente una balsa para huir, plan que no sale muy bien que digamos al igual que la idea de ella de mantener en secreto el avistaje regular de barcos y el asesinato de la prometida del varón, Zuri (Edyll Ismail), que llegó al lugar para rescatarlo.

 

Si bien las actuaciones de McAdams y O’Brien están volcadas acertadamente a la hipérbole o histrionismo caricaturesco, se agradece la aparición de Rip Her to Shreds (1976) y One Way or Another (1978), dos clásicos de Blondie, y el desarrollo incluye algunos momentos gore y/ o irónicos cien por ciento Raimi, como por ejemplo la caza del jabalí, el rescate con vómito de por medio, la secuencia de la falsa castración, la pesadilla culposa de ella y el epílogo con las dos miradas a cámara, la película en su conjunto se toma demasiado tiempo para construir una tensión que ya está prefijada desde el primer minuto del metraje porque los personajes son un tanto esquemáticos y en realidad no cambian en nada a lo largo de la progresión narrativa, una jugada que por un lado permite profundizar en la personalidad de cada uno y por el otro lado deriva en repeticiones y baches que podrían haberse evitado al introducir alguna metamorfosis auténtica -como sucedía en la odisea de Wertmüller, sin ir más lejos- o al incrementar la velocidad y el sadismo de la trama, por cierto algo esperable en aquel Raimi de los comienzos profesionales. ¡Ayuda! sí explora con eficacia el choque entre el optimismo ingenuo de ella y la soberbia capitalista de él dentro de un entramado conceptual que abarca la guerra entre los sexos, las relaciones de poder, esta convivencia entre diferentes, la frustración polirubro cotidiana y la cultura del ventajismo imbécil que niega esa solidaridad crucial para sobrevivir a largo plazo. En este sentido el último acto se caracteriza por el odio de clase de Preston ya que no puede adaptarse a su merma de poder ni considerar a Liddle un ser humano válido, de allí surge la espiral tardía de violencia a posteriori de los intentos fallidos de ella -un poco cercanos a Misery (1990), de Rob Reiner- en pos de educar al psicópata burgués mientras muta en una psicópata contextual, lo que en las postrimerías del relato la lleva a la decepción y a una vuelta al redil social aunque ya sin tener que soportar a compañeros o jefes bobos y narcisistas, incapaces de empatía alguna…

 

¡Ayuda! (Send Help, Estados Unidos, 2026)

Dirección: Sam Raimi. Guión: Damian Shannon y Mark Swift. Elenco: Rachel McAdams, Dylan O’Brien, Edyll Ismail, Xavier Samuel, Dennis Haysbert, Chris Pang, Thaneth Warakulnukroh, Emma Raimi, Kristy Best, Brad Flett. Producción: Sam Raimi y Zainab Azizi. Duración: 114 minutos.

Puntaje: 6