Weird: The Al Yankovic Story

El acordeón de las parodias

Por Emiliano Fernández

No es de extrañar que Alfred Matthew “Weird Al” Yankovic se haya volcado finalmente a una biopic farsesca sobre su persona, Weird: The Al Yankovic Story (2022), ya que no saca un álbum nuevo desde los ya lejanos Alpocalypse (2011) y Mandatory Fun (2014) debido a su idea de volcarse a la edición de singles en tiempos en los que el formato discográfico tradicional está relegado a los artistas de corazoncito retro y en los que la pauperización cultural de la globalización reclama productos de corta duración y muy específicos, para determinados nichos que a su vez ponen en primer plano el retroceso de aquellos mercados uniformizados del Siglo XX que constituyeron los principales “cotos de caza” de Yankovic a la hora de elegir una canción que prácticamente todos conocían -poderío inflado de las compañías discográficas de por medio- y parodiarla cambiándole la letra. Después de la friolera de doce años desde la primera aparición del falso e hilarante tráiler del mismo título de aquel 2010, escrito y dirigido por Eric Appel y protagonizado por Aaron Paul para la plataforma cómica y productora de cine y televisión Funny or Die, hoy Weird Al se asocia con el mismo Appel, un neoyorquino con una larga experiencia televisiva que aquí debuta en el formato del largometraje, para una película no particularmente brillante pero muy entretenida que le debe mucho a las sátiras marca registrada de los años 70, 80 y 90 de Mel Brooks, Carl Reiner, Colin Higgins, el primer Woody Allen y el trío conocido como ZAZ o Zucker, Abrahams y Zucker, ese de Jim Abrahams y los hermanos David y Jerry Zucker.

 

Yankovic siempre se las arregló muy bien para moverse cómodo en la línea divisoria entre el sustrato sardónico de Frank Zappa y Captain Beefheart, aquel surrealismo del colectivo inglés Monty Python, las sátiras más tontuelas de impronta televisiva y cinematográfica y la cuidada labor de arqueólogo/ antropólogo musical de su descubridor y mecenas, el célebre Dr. Demento, por ello mismo Weird: The Al Yankovic Story no es precisamente original aunque se las ingenia para funcionar como una cruza loable entre el pastiche paródico de biopics rockeras símil Walk Hard: The Dewey Cox Story (2007), film de Jake Kasdan, la autorreferencialidad muy irónica del Howard Stern de Private Parts (1997), dirigida por Betty Thomas, y el trasfondo mayormente bufonesco de This Is Spinal Tap (1984), de Rob Reiner, y UHF (1989), de Jay Levey, la otra incursión de alto perfil de Weird Al en el cine aunque ya más cerca del humor de Zucker, Abrahams y Zucker modelo Airplane! (1980), Top Secret! (1984) y The Naked Gun: From the Files of Police Squad! (1988), en la que tuvo un cameo. Daniel Radcliffe toma la posta de Paul y entrega un trabajo sinceramente muy logrado que amplía su registro como actor cómico de una forma similar a lo hecho con anterioridad por Guns Akimbo (2019), de Jason Howden, y Swiss Army Man (2016), de Dan Kwan y Daniel Scheinert, dos películas no del todo logradas porque no supieron aprovechar el evidente gustito por el absurdo del británico, su eterno look de nerd y su desesperación por seguir construyendo una trayectoria por fuera de la franquicia estúpida de Harry Potter.

 

El guión, muy simpático por cierto y en línea con el extrañamiento delirante pero familiar del músico, está firmado por Appel y Weird Al y comienza en su infancia (Richard Aaron Anderson), cuando su madre, Mary (Julianne Nicholson), le compra un acordeón contra la opinión de su padre proletario, Nick (Toby Huss), quien le rompe el instrumento porque el muchacho concurre a una “fiesta clandestina” de polka. Cuando abandona su hogar y se muda con unos muchachos que eventualmente se transforman en su banda, Steve (Spencer Treat Clark), Jim (Jack Lancaster) y Bermuda (Tommy O’Brien), de repente se le ocurre reescribir la letra de My Sharona (1979), el hitazo de The Knack, para convertirla en My Bologna (1979), el single debut de Yankovic, ganándose un contrato discográfico con los hermanos Tony (el mismísimo Weird Al) y Ben Scotti (Will Forte) y el mecenazgo del Dr. Demento (Rainn Wilson), en una fiesta del cual un DJ de la competencia, el también mítico Wolfman Jack (un estupendo e histriónico Jack Black), lo reta a improvisar una sátira a partir de Another One Bites the Dust (1980), de Queen, con el compositor adelante, John Deacon (David Dastmalchian), así surge Another One Rides the Bus (1981). El film crea una ucronía o simple “mundo patas para arriba” cuando el protagonista se hace millonario, compone Eat It (1984) y considera que Beat It (1982), de Michael Jackson, es una parodia rudimentaria de su canción, así derrapa en el alcoholismo, en el capricho de sólo componer piezas originales y en un affaire con una Madonna ultra maquiavélica (Evan Rachel Wood).

 

Sin duda la primera parte de la película es mucho más freak y disfrutable que la segunda mitad porque en el comienzo se ridiculiza con sutileza la estructura narrativa de Bohemian Rhapsody (2018), de Bryan Singer, y Rocketman (2019), de Dexter Fletcher, mediante una mordacidad contracultural que por ejemplo permite la insólita aparición en la escena de la fiesta veraniega del Dr. Demento de gente como Zappa, Pee-Wee Herman, David Bowie, Alice Cooper, Salvador Dalí, Grace Jones, Andy Warhol, Divine, Captain Beefheart, Elton John, Tiny Tim, Elvira y hasta los integrantes de Devo, algo que eventualmente muta en un desquicio a lo ZAZ cuando Madonna lo manipula para que convierta a Like a Virgin (1984) en Like a Surgeon (1985), detalle inspirado en la realidad porque la artista de hecho sugirió el título símil encargo tácito para retroalimentar con la sátira el éxito del tema primordial, preámbulo para el secuestro de la cantante por parte de Pablo Escobar (Arturo Castro) con vistas a forzar a Yankovic a actuar en su cumpleaños en Colombia en un planteo irónico que por supuesto deriva en una masacre parecida a aquellas de Hot Shots! (1991) y Hot Shots! Part Deux (1993), el díptico paródico tardío de Abrahams con Charlie Sheen, Lloyd Bridges y Valeria Golino, la primera pegándole duro y parejo a Top Gun (1986), de Tony Scott, y la segunda al John Rambo de Sylvester Stallone de Rambo: First Blood Part II (1985), de George P. Cosmatos, y Rambo III (1988), de Peter MacDonald. La revelación del pasado como acordeonista amish de Nick, excusa para incluir Amish Paradise (1996), canción que se mofa del Coolio muy exasperado de esa Gangsta’s Paradise (1995) que asimismo tuvo su origen en Pastime Paradise (1976), joya de Stevie Wonder, y el gracioso asesinato del desenlace de Weird Al en la ceremonia del Grammy de 1985, a instancias de un secuaz de esta Madonna de la mucho más bonita y mejor actriz Wood, constituyen en conjunto un buen remate para una realización que a rasgos generales retoma sabiamente a escala musical la mejor etapa de la carrera del retratado, aquella primigenia de los álbumes “Weird Al” Yankovic (1983), “Weird Al” Yankovic in 3-D (1984) y Dare to Be Stupid (1985), todos producidos por su socio recurrente Rick Derringer, período en el que el señor demostró que era mucho más que un acto de un único chiste y que podía entretejer sketchs originales, prodigiosos videoclips, imitaciones estilísticas y popurrís varios de polka entre el latiguillo de siempre de las reversiones a mitad de camino entre el homenaje y la burla…

 

Weird: The Al Yankovic Story (Estados Unidos, 2022)

Dirección: Eric Appel. Guión: Eric Appel y “Weird Al” Yankovic. Elenco: Daniel Radcliffe, Evan Rachel Wood, Rainn Wilson, Julianne Nicholson, Toby Huss, Richard Aaron Anderson, Jack Lancaster, Jack Black, Tommy O’Brien, Will Forte. Producción: “Weird Al” Yankovic, Eric Appel, Max Silva, Whitney Hodack, Tim Headington, Joe Farrell, Mike Farah y Lia Buman. Duración: 108 minutos.

Puntaje: 7