Después de cuatro largas décadas de explotar incansablemente el modelo de negocios de las franquicias, contadas por cierto desde los lejanos años 80, Hollywood de a poco comienza a ver que ya no recibe críticas favorables por parte de la legión de infradotados y lambiscones promedio de la prensa y el público y cada día le cuesta más llegar a los números inflados en taquilla o visionado que espera en el mercado mundial, prueba irrefutable de ello son los últimos fracasos de Marvel, Morbius (2022), de Daniel Espinosa, y Madame Web (2024), de S.J. Clarkson, y los últimos de DC, Aquaman y el Reino Perdido (Aquaman and the Lost Kingdom, 2023), de James Wan, y The Flash (2023), obra de Andy Muschietti, amén de los mega bodrios de Netflix en línea con Rebel Moon (2023), de Zack Snyder, o los distintos vehículos comerciales para estrellas de cartón pintado como Chris Hemsworth y Gal Gadot. En este sentido lo peor que le puede pasar a una saga es que ya no consiga satisfacer ni a sus fanáticos menos exigentes y ello mismo es lo que ocurrió con Kung Fu Panda 4 (2024), epopeya de Mike Mitchell y Stephanie Stine que no sólo hace todo mal lo que los eslabones anteriores hacían bien sino que incluso destila un verdadero desinterés por los personajes fundamentales al extremo de convertirlos en sombras pálidas de lo que fueron en el pasado.
Aquí ni siquiera le podemos echar la culpa a guionistas nuevos porque los que regresan son los mismos de siempre de la franquicia, Jonathan Aibel y Glenn Berger, más la flamante incorporación de Darren Lemke y ese ignoto “material adicional” de David Lindsay-Abaire y Lillian Yu, en suma un equipo con la friolera de cinco integrantes que no logra despertar ni un mínimo atisbo de la magia y el encanto de Kung Fu Panda (2008), de Mark Osborne y John Stevenson, Kung Fu Panda 2 (2011), de Jennifer Yuh Nelson, y Kung Fu Panda 3 (2016), de Yuh Nelson y Alessandro Carloni. Hoy, sin demasiada justificación ni lógica alguna, el Maestro Shifu (Dustin Hoffman) insta a Po (Jack Black) a dejar de ser el célebre Guerrero Dragón y a transformarse en el Líder Espiritual del Valle de la Paz, para lo que debe elegir a un nuevo sucesor pero la tarea dura hasta que regresa el tétrico Tai Lung (Ian McShane), quien en realidad es una nueva villana metamorfa, La Camaleona (Viola Davis), que envía a su discípula, una zorra diminuta llamada Zhen (Nora Lum alias Awkwafina), para que engañe al panda y obtenga aquel Báculo de la Sabiduría que le dio el Maestro Oogway (Randall Duk Kim), todo porque fue rechazada cuando niña en las academias del kung fu y ahora desea robarle las destrezas a todos los maestros del Reino de los Espíritus.
La película arrastra tantos problemas que uno sinceramente no sabe por dónde empezar porque el inconveniente excluyente de fondo se resume en el reemplazo para nada sutil de la fábula tragicómica de crecimiento y sabiduría de antaño por una épica de acción eterna/ estupidizante/ hollywoodense donde el contenido discursivo y el corazón del relato, como decíamos vinculados al poder de la humildad y la inocencia, ahora se reducen a casi cero: el despropósito argumental de turno, el hecho de buscar un heredero sin mayor explicación cuando por fin el protagonista se asentó como el Guerrero Dragón, banaliza la gesta de las tres realizaciones anteriores porque en Kung Fu Panda 4 el trasfondo espiritual/ ético del título desaparece y desde el vamos termina homologado a una especie de trabajo de base policial dedicado a “patear traseros”, precisamente como si estuviésemos hablando de un cargo político o público que debe ser renovado de manera sistemática porque se sabe que todos los que gozan de un poco de poder terminan mutando en dictadores en el corto plazo, así las cosas el ensalzamiento de la sinceridad y de la torpeza de Po del pasado, rasgos que escondían el potencial de grandeza de un protector social, en esta ocasión se convierte en una justificación hueca para un montón de secuencias de acción completamente rutinarias.
Para colmo los chistes son realmente malos, el diseño surrealista -y toda su delicadeza- dejó de existir y los personajes secundarios dejan bastante que desear porque el Maestro Shifu ya resulta insoportable por lo pedante y aburrido, los padres del panda parecen una pareja gay caricaturesca, Li Shan (Bryan Cranston) y el Señor Ping (James Hong), La Camaleona no es más que un refrito sin alma de Tai Lung del film original de 2008, Lord Shen (Gary Oldman) de Kung Fu Panda 2 y el General Kai (J.K. Simmons) de Kung Fu Panda 3 y encima Zhen jamás termina de convencer como “compinche ambigua” porque Awkwafina hace siempre lo mismo en cada una de sus participaciones vocales en odiseas insípidas del mainstream, pensemos en ¡Patos! (Migration, 2023), de Benjamin Renner y Guylo Homsy, La Sirenita (The Little Mermaid, 2023), de Rob Marshall, Los Tipos Malos (The Bad Guys, 2022), de Pierre Perifel, Raya y el Último Dragón (Raya and the Last Dragon, 2021), opus de Don Hall y Carlos López Estrada, y aquella Bob Esponja: Al Rescate (The SpongeBob Movie: Sponge on the Run, 2020), de Tim Hill. No sólo nos enfrentamos al agotamiento de la fórmula sino al nulo esfuerzo del equipo de DreamWorks a la hora de inyectarle nueva vida a una historia que definitivamente ya había alcanzado su cúspide muchos años atrás…
Kung Fu Panda 4 (Estados Unidos/ China, 2024)
Dirección: Mike Mitchell y Stephanie Stine. Guión: Jonathan Aibel, Glenn Berger y Darren Lemke. Elenco: Jack Black, Awkwafina, Viola Davis, Dustin Hoffman, Bryan Cranston, James Hong, Ian McShane, Ke Huy Quan, Ronny Chieng, Lori Tan Chinn. Producción: Rebecca Huntley. Duración: 94 minutos.