Miracle Mile

El amor en el infierno

Por Emiliano Fernández

Durante la década del 80 en el mercado cinematográfico reinaron los productos masivos destinados en especial al público de índole familiar, algo así como el germen de esa triste infantilización progresiva que incluso hoy padecemos aunque en su vertiente más insoportable, la que pretende entronizar los gustos más vacuos del segmento adolescente y de los adultos que se quedaron petrificados en esa etapa de la vida. Por suerte no todo el cine del período fue cortado con la misma tijera, lo que nos deja un margen suficiente para encontrar creaciones inconformistas de la talla de la extraordinaria Miracle Mile (1988), la segunda de las únicas dos películas que nos regaló Steve De Jarnatt. Para aquellos que no lo sepan, aclaremos que el director norteamericano se dio a conocer con la también interesante Cherry 2000 (1987), aquella pesquisa futurista -protagonizada por David Andrews y una bella Melanie Griffith- en pos de un nuevo “chasis” para un androide símil muñeca sexual.

 

Ahora bien, Miracle Mile es un combo poderoso debido -entre otras razones- a que aglutina elementos de varios géneros que se van complementando en un desarrollo que nunca deja de sorprender. Lo que comienza como una comedia romántica para corazones nostálgicos pronto se transforma en una alegoría vinculada a la ciencia ficción de supervivencia, un panorama de por sí enrarecido que a su vez deriva primero en terror y luego en un drama post apocalíptico de pulso seco y casi deprimente. La estructura interna del trabajo es francamente fenomenal porque consigue una proeza pocas veces vista no sólo en el ámbito del cine sino del arte en general: los cambios de tono, esos que nos van guiando entre actos, son armónicos y meticulosos, cuestionando uno de los preceptos más conservadores de la producción hollywoodense (el encerrarse en un solo género) y a la par poniendo de relieve que con talento se puede redondear una obra de calidad (la “coherencia caótica” es el lema).

 

Lejos del atolladero de las fábulas parsimoniosas y huecas de destrucción masiva centradas en los mandos ejecutivos del gobierno, esas que pululan hoy por hoy en el mainstream y nos aburren con una duración excesiva y su chauvinismo de cotillón, el opus de De Jarnatt mantiene siempre los pies sobre la tierra al presentarnos la perspectiva de un “hombre común” que hace lo posible por sobrevivir ante eventualidades que escapan a su control, pero -a diferencia de las fórmulas berretas del cine pochoclero- sin convertirse en un héroe y privilegiando sólo a la mujer que ama, a costa de casi todo lo que se cruza en su camino. El eje del relato es Harry Washello (un inmejorable Anthony Edwards), un trombonista que una noche llega tardísimo a una cita en una cafetería con Julie Peters (Mare Winningham), circunstancia que lo ubica en el momento y en el lugar exactos para atender una llamada telefónica en la que le comunican que en 70 minutos caerán las neutrónicas en Los Ángeles.

 

Tomando como punto de partida uno de los leitmotivs más utilizados del cine posterior a la Segunda Guerra Mundial, léase el holocausto por un conflicto nuclear, la propuesta comienza a enloquecer de a poco a medida que la paranoia y los temores latentes afloran en cada uno de los personajes secundarios, quienes en un principio desconfían de Washello para luego terminar aceptando su palabra al darse cuenta que algunos detalles contextuales concuerdan con un ataque vía misiles. Si bien las ironías sociales, económicas y culturales marcan el periplo de Harry en su conjunto, la línea divisoria a nivel narrativo se materializa a la mitad del metraje, cuando sus intentos desesperados por salvaguardar a Julie provocan indirectamente una explosión en una estación de servicio y el deceso de dos policías, los cuales mueren calcinados. En este sentido, no cabe duda que el oscurecimiento por escalas del espectro dramático de Miracle Mile es uno de los “santos griales” del cine del período.

 

De hecho, el film aprovecha con inteligencia una andanada de recursos característicos de los 80 como el fetichismo consumista, una fotografía y un diseño de producción de tonos furiosos, la dialéctica “suburbios marginales versus nuevos yuppies”, la iconografía del marketing violento, el inicio del revisionismo nostálgico del arte de épocas pasadas y hasta una banda sonora compuesta por Tangerine Dream, aquellos adalides del ambient espacial tracción a sintetizadores. Para comprender el estatuto de pasión cinéfila que hay detrás de la película debemos considerar que a De Jarnatt le llevó ocho años poder rodar su guión y estrenar el resultado, un acto del porfiar sutil que se tradujo en una joya impredecible, por momentos pesadillesca y engalanada por un ritmo certero y en verdad apabullante. Como si se tratase de una mixtura conceptual de Después de Hora (After Hours, 1985) y 12 Monos (12 Monkeys, 1995), la obra es un estudio -en tiempo real- en torno al amor en el infierno…

 

Miracle Mile (Estados Unidos, 1988)

Dirección y Guión: Steve De Jarnatt. Elenco: Anthony Edwards, Mare Winningham, John Agar, Lou Hancock, Mykelti Williamson, Kelly Jo Minter, Kurt Fuller, Denise Crosby, Robert DoQui, O-Lan Jones. Producción: John Daly y Derek Gibson. Duración: 87 minutos.

Puntaje: 10