El Gran Falsificador (L'Affaire Bojarski)

El arte de hacer dinero

Por Martín Chiavarino

El Caso Bojarski (L’Affaire Bojarski, 2025), estrenada en Argentina con el título de El Gran Falsificador, es la reconstrucción de la carrera delictiva de Ceslaw Jan Bojarski (1912-2003), un ingeniero polaco capturado por el ejército húngaro durante la Segunda Guerra Mundial, luego refugiado en Francia tras escapar de un campo de prisioneros de guerra, que al no conseguir trabajo en ningún lado emprendió una exitosa labor falsificando billetes.

 

Narrada de forma cronológica, salvo una escena introductoria que se sitúa a inicios de la década del cincuenta para homenajear la apertura de Fuego contra Fuego (Heat, 1995), una de las obras cumbres de Michael Mann, la propuesta se centra en el proceso de falsificación de billetes y su puesta en circulación por parte del protagonista, Jan Bojarski (Reda Kateb), lo que le proporcionó una cuantiosa entrada de dinero y a su vez le generó la persecución policial y problemas varios que afectaron la convivencia familiar con su esposa e hijos.

 

Discípulo de Claude Lelouch, el realizador Jean-Paul Salomé intentó aquí homenajear al polar, léase el cine policial francés de las décadas del cincuenta y sesenta, época en la cual se sitúa la acción, recuperando desde las películas de Jean-Pierre Melville protagonizadas por Alain Delon hasta los trabajos de Jules Dassin y Jacques Becker, pasando por Claude Sautet e incluso el más contemporáneo Mann, pero con un resultado sensiblemente inferior que reproduce todos los problemas del cine europeo actual, hablamos de una dirección correcta sin identificaciones de autor, poco desarrollo de las tramas paralelas, falta de tensión en todas sus escenas y particularmente un apego excesivo a los procesos de creación de los billetes y a situaciones personales que podrían haber sido mejor presentados y que resultan un poco redundantes.

 

Por otra parte, la historia central es interesante por sí misma. El protagonista, Bojarski, un inmigrante polaco cuyos papeles se perdieron en la guerra durante su huida y la ocupación nazi de Polonia, no puede conseguir trabajo por no contar con documentos y no puede conseguirlos porque no hay forma de demostrar que es quien dice ser, por lo que lleva innumerables inventos que no puede patentar a empresas que no lo pueden contratar, con el resultado de que tanto él como su amigo Anton Dowgierd (Pierre Lottin), que lo inicia en el mundo de las organizaciones criminales, tengan que dedicarse a actividades fuera de la ley, en un comienzo falsificando pasaportes para ayudar a escapar de Francia a refugiados y perseguidos por el nazismo y luego falsificando billetes para un capo mafia, lo que a la postre lo conduce a independizarse gracias a un acontecimiento fortuito.

 

Solo, en un rincón secreto del fondo de un galpón en el jardín de su casa en Bobigny, al noreste de París, Bojarski, nuestro ingeniero con una gran habilidad manual para el dibujo, falsifica francos franceses con unas meticulosidad y talento que la ganan el apodo de “El Cézanne del dinero falso” en la prensa y el acoso policial. El dolor de cabeza que le genera a las autoridades del Banco de Francia no es retratado demasiado, sino tan solo mencionado. Tampoco hay una narración veraz de la lógica que lleva a André Mattéi (Bastien Bouillon), el oficial de policía destinado al caso, a creer que los billetes son la operación de una organización delictiva con un equipo de numerosos falsificadores, o a la especulación de que puede ser obra de un servicio de inteligencia extranjero con intenciones de desestabilizar la economía francesa.

 

El film pone mucho hincapié en la frustración de Mattéi y la jactancia de Bojarski de su genialidad para la falsificación y la puesta en circulación de los billetes falsos, más la relación con su esposa, Suzanne (Sara Giraudeau), a la que el protagonista trata de ocultarle sus actividades. Las actuaciones de todo el elenco son de lo mejor de la película, recreando personajes obsesionados o engañados imposibilitados de salir de sus jaulas, que se dedican a intentar descubrir la debilidad del otro y ocultar las propias, reaccionando violentamente cuando las situaciones se les van de las manos.

 

El desempeño en fotografía de Julien Hirsch y de dirección respecto del trabajo de falsificación es elogioso, dando cuenta de cada una de las instancias del proceso de creación de los billetes, desde la construcción de las planchas a la imitación de las tintas, la creación del mismo tipo de papel y la copia de las filigranas con relieve y las marcas de agua.

 

Uno de los puntos más altos de la película es su retrato de las condiciones sociales de la época, las privaciones de posguerra y el mundo clandestino en el ambiente de los años cuarenta, cincuenta y sesenta a través de escenas filmadas en Lyon, París y Vichy. A nivel técnico, para un imprentero o un diseñador gráfico la película presenta un gran interés por la cantidad de tiempo y el nivel de detalle que Bojarski dedica a su labor en su taller clandestino, creando billetes que hoy son considerados obras de arte y se venden en subastas.

 

La música de Mathieu Lamboley constituye uno de los puntos más flojos, con tonadas monótonas, sin personalidad y que no aportan tensión a ninguna de las escenas, las cuales de por sí distan demasiado en calidad de las películas que el director y los coguionistas, Bastien Daret y Delphine Gleize, intentan recuperar, ya sea El Samurái (Le Samouraï, 1967), Rififí (Du Rififi chez les Hommes, 1955) o la mencionada Fuego contra Fuego. El Gran Falsificador no logra ser más que un film correcto, con un gran potencial y buenas intenciones, pero desgraciadamente Salomé carece del talento para llevar la historia a otro plano, más cercano al genial cine que intenta homenajear.

 

El Gran Falsificador (L’Affaire Bojarski, Francia, 2025)

Dirección: Jean-Paul Salomé. Guión: Jean-Paul Salomé, Bastien Daret y Delphine Gleize. Elenco: Reda Kateb, Bastien Bouillon, Sara Giraudeau, Pierre Lottin, Quentin Dolmaire, Victor Poirier, Olivier Loustau, Cédric Weber, Camille Japy, Francis Leplay. Producción: Michel Hazanavicius, Florence Gastaud y Bertrand Faivre. Duración: 129 minutos.

Puntaje: 6