La idea reciente de Paul McCartney, hoy un señor con la friolera de 83 años, de repasar, condensar y poner en valor el período de su carrera posterior a la ruptura de The Beatles que definitivamente considera más valioso o crucial, aquella década del 70 que lo encontró ratificándose como un músico de peso mundial y cosechando su última serie de canciones eternas, tiene que pensarse como una suerte de espejo en solitario de la movida, asimismo reciente, en pos de relanzar el proyecto multimedia The Beatles Anthology (1995-2000) para asociarlo a la marca Walt Disney, el nuevo socio de Apple Corps, una idea comercial/ marketinera muy poco feliz que por cierto arrojó resultados desparejos porque por un lado se agradece la reedición del libro en primera persona, The Beatles Anthology (2000), y aquel flamante noveno episodio de Oliver Murray para la serie documental televisiva, The Beatles Anthology (1995), un backstage de la reunión del grupo durante los años 90 para los álbumes dobles de rarezas Anthology 1 (1995), Anthology 2 (1996) y Anthology 3 (1996), y por el otro lado resulta algo mucho doloroso el lanzamiento de Anthology 4 (2025), disco muy intrascendente que para colmo incluye versiones espantosas realizadas con inteligencia artificial de las “canciones nuevas” de la trilogía de las postrimerías de la centuria anterior, Free as a Bird y Real Love, amén de una tercera e innecesaria aparición de Now and Then, otro tema más construido a partir de demos caseros del querido John Lennon, después de su publicación como single en 2023 y como track final de la reedición extendida de ese mismo año de 1967-1970 o Blue Album (1973), una antología de grandes éxitos. McCartney, con un ego enorme pero paradójico que en el caso de The Beatles lo lleva a desparramar culpa entre sus otrora compañeros y en su carrera solista a arrebatos de sinceridad masoquista, comenzó a preparar el terreno de a poco para esta fiebre nostálgica setentosa mediante los lanzamientos del disfrutable Wings (2025), compilado doble del material de la banda de cabecera del liverpuliano con su esposa tecladista, Linda McCartney, el ex guitarrista de The Moody Blues, Denny Laine, y una andanada de músicos que abandonarían frustrados el grupo por su nula participación en la toma de decisiones, y el estupendo One Hand Clapping (2024), álbum grabado en vivo y sin público en 1974 en Abbey Road Studios, en Londres, que formaba parte de un especial televisivo dirigido por David Litchfield que eventualmente sería cancelado por mostrar las tensiones entre Paul y sus compañeros símil Let It Be (1970), rockumentary de Michael Lindsay-Hogg acerca de las peleas de la etapa terminal de The Beatles, esas correspondientes a Abbey Road (1969) y el disco homónimo.
Así como la acepción audiovisual de One Hand Clapping tuvo un estreno efímero en cines de todo el globo, ahora es momento de la llegada de un documental propiamente dicho, de dejo posmoderno, con vistas a analizar el derrotero de Paul entre 1969, fecha de la ruptura sin anunciar -puertas adentro- del grupo que lo unió con Lennon, George Harrison y Ringo Starr, y 1981, año de la desaparición formal de Wings producto del alejamiento de Laine, hablamos de Paul McCartney: Hombre en Fuga (Paul McCartney: Man on the Run, 2025), trabajo que tuvo una premiere en el Festival de Cine de Telluride, en el Estado de Colorado, y una distribución masiva al año siguiente mediante el servicio de streaming Amazon Prime Video. El maravilloso opus, que a su vez derivó en un soundtrack, Man on the Run (2026), fue dirigido, escrito y producido por uno de los próceres del rubro del Siglo XXI, Morgan Neville, conocido en primera instancia por una larga seguidilla de documentales musicales alrededor de Keith Richards, Brian Wilson, James Brown, Sam Phillips, Peter Asher, U2, Jack Clement, The Stooges, Leonard Cohen, Hank Williams, Mark Ronson, Ray Charles, Johnny Cash, Carole King, Pearl Jam, Muddy Waters, The Rolling Stones, Rick Rubin, Taylor Swift, Yo-Yo Ma, Elton John, Leon Russell y James Taylor, y en segundo lugar por otra tanda de faenas aunque más eclécticas y ahora centradas en Steve Martin, Fred Rogers, Orson Welles, Anthony Bourdain, Andy Kaufman, Bill Gates, Mike Veeck, Wayne White y los acalorados debates de 1968 entre los intelectuales Gore Vidal y William F. Buckley. Paul McCartney: Hombre en Fuga no sólo viene a corregir dos films fallidos de los últimos meses del estadounidense Neville, Pieza por Pieza (Piece by Piece, 2024), retrato bizarro de Pharrell Williams combinando documental y recreaciones ficcionales vía una animación basada en los bloques de construcción y los juguetes de la compañía danesa Lego, y Crisis: 1975 (Breakdown: 1975, 2025), gesta errática para Netflix sobre la intersección entre cine e historia a partir de la genial producción cultural del año del título, sino que además, como decíamos anteriormente, reivindica la mejor fase de McCartney en soledad, esos años 70 de una efervescencia compositiva verdaderamente admirable que parió tanto los mejores temas del susodicho luego de The Beatles, Every Night, Maybe I’m Amazed, Too Many People, The Back Seat of My Car, C Moon, Band on the Run, Jet, Let Me Roll It, Listen to What the Man Said, Let ‘Em In, Silly Love Songs, esa Junk, With a Little Luck, Goodnight Tonight, Junior’s Farm, Uncle Albert/ Admiral Halsey y Live and Let Die, como lo más parecido a una flamante dinámica de impronta grupal, incluso oficiando de dictador dentro de Wings.
En lo que respecta al periplo discográfico, el film va desde las dos joyas proto indie o proto lo-fi de los comienzos solistas, McCartney (1970) y Ram (1971), hasta el synth-pop y la new wave del ya impresentable McCartney II (1980), su regreso en términos prácticos al repliegue minimalista, abarcando en sí todo el abanico softrockero de Wings, asimismo dividido en la cúspide que todos conocemos, Band on the Run (1973), y una seguidilla que cubre los mediocres Wild Life (1971) y Red Rose Speedway (1973), los apenas simpáticos Venus and Mars (1975) y Wings at the Speed of Sound (1976) y los claramente horrendos London Town (1978) y Back to the Egg (1979). Construido mediante toneladas y toneladas de imágenes de archivo, esos collages visuales fascinantes característicos de Neville, una gran edición sonora/ musical y reportajes nuevos y clásicos en off a Paul y Mick Jagger, Sean Lennon, Chrissie Hynde de The Pretenders y sus hijas Mary y Stella McCartney, entre registros del montón de los fallecidos Laine, Lennon y Linda más el infaltable ninguneo a un Harrison al que poco se lo ve y menos se lo escucha en nuestra pantalla, estamos ante un documental melómano en serio que deja afuera a los zopencos del público en general y a los fans casuales ya que aquí se hace hincapié en los álbumes de estudio y su vínculo con el parecer en cada momento del señor, algo fundamental para interpretarlos como productos de determinada alineación de Wings y determinado cúmulo de tribulaciones contextuales. La propuesta explora todos los tópicos esperables de la era, pensemos en la pugna judicial de Macca con Allen Klein, el manager de The Beatles que reemplazó a Brian Epstein, la depresión y el cuasi alcoholismo durante su retiro campestre después de la separación de la legendaria banda, la necesidad de legitimar a Wings como un proyecto válido o autónomo, los primeros problemas con la ley en 1973 por andar cultivando marihuana, la reconversión al vegetarianismo bajo la influencia de Linda, aquel especial televisivo idiota para la cadena británica ATV y su homóloga norteamericana ABC, James Paul McCartney (1973), la falta de compromiso político del protagonista en tiempos muy agitados, los ataques de la prensa a Linda por su insípida voz y su nula experiencia como tecladista, las comparaciones con las carreras solistas del Lennon de Plastic Ono Band (1970) e Imagine (1971), el Harrison del doble All Things Must Pass (1970) e incluso el Starr de Beaucoups of Blues (1970), los cambios permanentes de integrantes en materia de la batería y aquella segunda guitarra de Wings, el éxito monumental de Band on the Run y sus semi coqueteos con la muerte como cuando lo asaltan grabando en Nigeria o casi se ahoga durante unas vacaciones en Hawái.
Más adelante nos topamos con el episodio fugaz y brillante de One Hand Clapping con el guitarrista Jimmy McCulloch y el baterista Geoff Britton, las primeras giras grandes y el furor que despertaron por la posibilidad de escuchar en vivo por primera vez muchas de las últimas canciones de The Beatles, aquella casi reunión con Lennon en 1976 con Saturday Night Live en la TV, la constante presión de la industria yanqui de la nostalgia en torno a los Fab Four, el surgimiento a finales de los 70 del punk o la primera generación que no veneraba ciegamente a los muchachos de Liverpool, la desaparición del entusiasmo a la hora de seguir tocando en una banda por el fracaso rotundo de London Town y en especial Back to the Egg, el hartazgo complementario de Linda para con los tours interminables por ser de carácter introvertido y preferir la vida familiar, el célebre arresto por marihuana en Japón en 1980 y los hilarantes diez días que debió pasar en la cárcel hasta ser deportado al Reino Unido sin cargo alguno, coyuntura en la que se edita McCartney II, y finalmente la salida de Laine de Wings en 1981, oficialmente por la negativa de McCartney a volver a girar, luego del asesinato de Lennon en 1980 por parte del lunático Mark David Chapman, y en realidad debido al no pago de royalties -se le entregó una tarifa plana por un contrato previo- en calidad de cocompositor de Mull of Kintyre, el hit más grande de la agrupación en el Reino Unido circa 1977 (McCartney en el documental pareciera querer hacer las paces a modo simbólico con Laine, fallecido en 2023 a la edad de 79 años, porque le dedica toda una secuencia de la realización de Neville a la composición del tema, enrolado en el folklore escocés, y explícitamente le asigna a Denny el haberlo ayudado a escribir la letra, detalle que el Paul de otras épocas -siempre sonriente pero feroz en la defensa de su labor- no hubiese consentido de ninguna manera). El director, que tiene buen ojo para los cambios culturales de la década sobre todo en lo que atañe al fantasma cada vez más difuso de The Beatles, emblema que se idolatra o se niega cual símbolo de pertenencia a determinadas faunas melómanas, trabaja con respeto la figura de Linda, una fotógrafa famosa dentro del ecosistema de la primera aristocracia rockera de fines de los 60 y comienzos de la década siguiente, recurre inteligentemente a los testimonios en off, lo que evita la redundancia de las cabezas parlantes del documental expositivo clásico, y enfatiza con esmero el trayecto entre la intentona ridícula de Paul de construir una democracia en Wings, algo imposible por su condición de superestrella narcisista, y la aceptación con el tiempo de su rol de “jefe bueno” en materia de controlar al colectivo de modo directo, ya sin quimeras de por medio.
En general Paul McCartney: Hombre en Fuga resulta un documental honesto sobre cómo eran las cosas durante aquel tiempo y no sobre la catarata de idealizaciones pasteurizadas posmodernas de tantos films y miniseries biográficas para los ecosistemas hermanados del cine y la música, por ello al hablar de su periplo solista después del divorcio de Lennon y compañía nuestro antihéroe no tiene a nadie más a quien culpar que a sí mismo en cuanto a su trasfondo ideológico inofensivo/ vacuo/ no militante, la inestabilidad en lo referido a los guitarristas y bateristas de Wings y por último la retahíla de porquería romanticona o banal o vagamente optimista que lanzó en aquella contradictoria etapa, efectivamente también la génesis de sus mejores placas, léase el debut de 1970 más Ram, Band on the Run y algunos pasajes de Venus and Mars y Wings at the Speed of Sound, y de la enorme mayoría de las mejores composiciones del liverpuliano, algunas de las cuales arañaron el nivel de calidad de los años de The Beatles. Con la clara intención de subrayar que la atemporalidad de las canciones radica en su destreza para crear melodías memorables, un tesoro que se esfumó entre sus colegas del nuevo milenio, y en la incómoda situación de que en realidad jamás necesitó a nadie más para el registro en estudio, esquema autodidacta y multiinstrumentista que comparte -por ejemplo- con Frank Zappa, la propuesta recurre a algunos eufemismos paradigmáticos del mainstream actual, el capítulo de Mull of Kintyre y ese otro centrado en la partida de Laine constituyen sin duda los más representativos, y tranquilamente podría haber incorporado el último disco “atendible” de la mediana edad, Tug of War (1982), más teniendo presente que el documental incluye el homicidio de Lennon y el álbum aludido aglutina las reacciones de McCartney al respecto, además de marcar el reencuentro entre el señor y el mítico productor de The Beatles, George Martin, después de haber colaborado juntos brevemente para Live and Let Die, canción titular de Vivir y Dejar Morir (Live and Let Die, 1973), epopeya de Guy Hamilton con Roger Moore como James Bond/ 007, sin embargo Paul McCartney: Hombre en Fuga indaga muy bien en todas las dificultades de madurar en público -o con miles de cámaras y micrófonos sobre el rostro- y reafirma por un lado el sustrato workaholic del retratado, casi siempre privilegiando al trabajo por sobre la parentela durante los 70 en una especie de Guerra Fría con su esposa, y por el otro lado la posibilidad de una existencia musical más allá de The Beatles, por más que sea dentro del corsé o el eterno tubo de ensayo de Wings, una banda de acompañantes bienintencionados con cierta dosis de camaradería destinada a curar heridas que nunca cicatrizaron del todo…
Paul McCartney: Hombre en Fuga (Paul McCartney: Man on the Run, Reino Unido/ Estados Unidos, 2025)
Dirección y Guión: Morgan Neville. Elenco: Paul McCartney, John Lennon, Linda McCartney, Denny Laine, Mick Jagger, Chrissie Hynde, Sean Lennon, Ringo Starr, George Harrison, Stella McCartney. Producción: Morgan Neville, Scott Rodger, Chloe Simmons, Meghan Walsh, Caitrin Rogers, Ben Chappell, David Blackman y Michele Anthony. Duración: 116 minutos.
