Ghostbusters: Apocalipsis Fantasma (Ghostbusters: Frozen Empire)

El bodrio helado

Por Emiliano Fernández

Si uno tuviese un buen día podría decir que la década del 80 fue una especie de etapa de transición entre el Hollywood orientado a los adultos de la década del 70 hacia atrás y la rauda infantilización de los 90 en adelante a escala planetaria, algo que se sustenta por el generoso volumen de tanques orientados al segmento familiar multifacético, no obstante si uno hubiese atravesado una de esas jornadas de mierda típicas del capitalismo hambreador y represivo del nuevo milenio, bien podría afirmar que los años 80 marcaron el regreso con toda su fuerza del aparato mainstream estadounidense oligofrénico de siempre luego de un breve período de glorioso cine intelectual y con cojones que abarcó las anómalas décadas del 60 y 70 del Siglo XX, por ello mismo la idiotez y mojigatería promedio -salvo honradas excepciones- de la primera mitad de la centuria tuvo una suerte de correlato en el sustrato poco inteligente de tantos blockbusters ochentosos que retomaban el costado más pasatista del Hollywood Clásico para llevarlo hasta el límite y más allá, de hecho desarmando toda complejidad y apostando por un entretenimiento cada vez más precario y estupidizante que trata por igual a mayores, jóvenes y niños debido a que los considera manipulables o lelos.

 

Uno de los grandes estereotipos del período aludido es Los Cazafantasmas (Ghostbusters, 1984), propuesta de Ivan Reitman que consiguió destilar el combo retórico estándar de los 80 en dosis justas de aventuras, comedia tontuela y una fantasía altisonante apuntalada en toneladas de efectos especiales aptos para todo público, film a su vez de derecha, por su defensa del emprendedurismo promercado/ antiestatal del reaganismo y el thatcherismo, y de izquierda, por su sátira de los yuppies, los ciudadanos abúlicos y todos esos científicos homologados a tecnócratas que viven en burbujas autocontenidas o trabajan al servicio de la plutocracia capitalista, a veces sin siquiera saberlo. Luego de la floja Los Cazafantasmas II (Ghostbusters II, 1989), opus también de Reitman que atravesó un sinfín de problemas en cuanto a la escritura, el rodaje, la postproducción y los tests de audiencia promedio del mainstream, la saga fue dada por muerta hasta que a alguno de los imbéciles de los grandes estudios se le ocurrió reflotarla aunque para esa fauna woke que -como los neofascistas- no consume arte, así tuvimos la insoportable Cazafantasmas (Ghostbusters, 2016), aquel mega bodrio de Paul Feig con un reparto “inclusivo” excrementicio y ultra forzado de mujercitas.

 

Como el Siglo XXI se caracteriza por un comportamiento pendular en piloto automático digno de los tarados que todo lo ven en binomios o bandos bélicos o términos deportivos, después de la basura rosa de la corrección política llegó el opuesto exacto, un mamarracho nostálgico patético intitulado Cazafantasmas: El Legado (Ghostbusters: Afterlife, 2021), película impresentable del hijo de Ivan, Jason Reitman, que funcionaba como el epítome del “fan service” demagogo contemporáneo, eufemismo que hace referencia a la tendencia del mainstream del nuevo milenio a incluir estupideces, homenajes, latiguillos quemados y/ o jugadas melancólicas narcisistas como, precisamente, el regreso de aquellos Bill Murray, Dan Aykroyd, Ernie Hudson y Sigourney Weaver, todos protagonistas del film original de 1984. La secuela, Ghostbusters: Apocalipsis Fantasma (Ghostbusters: Frozen Empire, 2024), de Gil Kenan, es un desastre que profundiza todos los problemas previos y vuelve a aburrirnos con la misma premisa de siempre, ahora la lucha contra una deidad demoníaca llamada Garraka que busca conquistar el mundo con un ejército de fantasmas -de nuevo- alimentándose de las emociones negativas para congelar a toda la ciudad de Nueva York.

 

La película de Kenan, responsable de la simpática La Casa de los Sustos (Monster House, 2006) y las muy fallidas Ember: La Ciudad Perdida (City of Ember, 2008), Poltergeist (2015) y El Chico que Salvó la Navidad (A Boy Called Christmas, 2021), se extiende sin sentido a lo largo de casi dos horas que se sienten eternas y si bien algunas ideas no son del todo malas, como la introducción de dos personajes nuevos, el hindú piroquinético Nadeem Razmaadi (Kumail Nanjiani) y la fantasma adolescente Melody (Emily Alyn Lind), la experiencia no se sostiene primero porque la parentela ensamblada protagónica es anodina a más no poder, esa de Gary Grooberson (Paul Rudd), su pareja Callie Spengler (Carrie Coon) y los dos vástagos de ella, Phoebe (Mckenna Grace) y Trevor (Finn Wolfhard), más el interés romántico de este último, Lucky Domingo (Celeste O’Connor), y segundo porque el film exacerba problemas de antaño como la torpeza narrativa, la redundancia del relato, el exceso de CGIs, la pose soberbia hueca, la sobreabundancia de personajes y el claro “no reconocimiento” de que estamos ante la tercera remake encubierta al hilo con respecto a la odisea primigenia, tan graciosa y entretenida como ninguna de las continuaciones lo fue…

 

Ghostbusters: Apocalipsis Fantasma (Ghostbusters: Frozen Empire, Estados Unidos/ Canadá/ Reino Unido, 2024)

Dirección: Gil Kenan. Guión: Gil Kenan y Jason Reitman. Elenco: Bill Murray, Ernie Hudson, Dan Aykroyd, Paul Rudd, Carrie Coon, Finn Wolfhard, Mckenna Grace, Kumail Nanjiani, Celeste O’Connor, Emily Alyn Lind. Producción: Ivan Reitman, Jason Reitman y Jason Blumenfeld. Duración: 115 minutos.

Puntaje: 2