Godzilla Minus One (Gojira -1.0)

El bushidô durante la ocupación

Por Emiliano Fernández

La globalización que llegó de la mano de Internet y el final de la Guerra Fría supuestamente iba a llevarnos a sociedades más democráticas e interconectadas porque se pensaba, allá en la década del 90 del siglo pasado, que la comunicación al alcance de todos facilitaría la vida de una comunidad que ya no era la ciudad de turno o siquiera el país sino todo el bendito planeta, sin embargo semejante utopía no tenía en cuenta un par de detalles que siempre meten la cola para embarrarlo todo, primero la enorme concentración de poder dentro del capitalismo, una plutocracia en donde la igualdad no es posible por la dictadura del dinero especulador de hoy en día, y segundo la misma cultura humana, casi siempre temerosa del cambio y tendiente a confundir planteos retrógrados con “novedades” sólo porque esto o aquello ha sido semi olvidado por las masas. En la industria cinematográfica este estado de cosas generó una retahíla interminable de productos anodinos que siguen al pie de la letra los criterios productivos de Hollywood en los distintos géneros en cuestión, por ello ya no importa el origen nacional en sí de cada película ya que todas son intercambiables a escala esencial y encima parecen estar orientadas a un único prototipo de espectador, ese tarado globalizado que sólo conoce el cine anglosajón, no consume más de dos o quizás tres films por mes y se la pasa celebrando el escapismo más infantiloide y despreciando en piloto automático -como buen lobotomizado por el mercado y las campañas de marketing- las películas de su propio país, esas que por cierto alguna vez tuvieron una personalidad propia que fue anulada por esta sincronización cultural planetaria hacia el gusto reducido yanqui.

 

El cansancio que ha provocado la mediocridad de esta colección de productos audiovisuales homologados a botellas de Coca Cola -o a cualquier exponente de la comida chatarra- ha sido tan grande que desencadenó en el nuevo milenio una situación insólita en materia de la recepción de las propuestas grandes, medianas y chicas por parte del verdadero público cinéfilo, hablamos por supuesto de un estado de permanente “entusiasmo cero” porque se da por sentado que la basura cultural es el promedio del mainstream del presente y ya no existen aquellos tanques/ blockbusters de antaño que representaban un acontecimiento de por sí, tanto en términos de un director fetichizado hasta las nubes como en lo que atañe al mega espectáculo hollywoodense que despertaba expectativa, excitación real o quizás simple ansiedad por la fecha de estreno. Por suerte no todo está perdido y de vez en cuando aparece alguna realización que se caga en todo y recupera aquello que su país hacía bien en la fase de los años 80 hacia atrás, en este sentido Godzilla Minus One (Gojira -1.0, 2023), dirigida y escrita por Takashi Yamazaki, nos ofrece personajes humanos complejos, pone en vergüenza a la ristra de bodrios recientes de la franquicia en su acepción norteamericana, esos a cargo de Gareth Edwards, Michael Dougherty y Adam Wingard, y supera incluso al último reboot en live action de la saga en su vertiente nipona, la digna Shin Godzilla (Shin Gojira, 2016), de Hideaki Anno y Shinji Higuchi, redondeando una de las mejores faenas de género de los últimos tiempos y sin duda una de las más interesantes de las 32 secuelas que tuvo el opus original de Ishirô Honda sobre el armamentismo, Godzilla (Gojira, 1954).

 

La fórmula que aplica Yamazaki es relativamente sencilla y muy eficaz porque combina la épica estándar del kaiju con el drama neorrealista posbélico, la fábula política y la tragedia familiar cercana al cine japonés clásico de mediados de la centuria pasada, aquel de Kenji Mizoguchi, Yasujirô Ozu, Akira Kurosawa y Masaki Kobayashi. El relato comienza en 1945, cuando un piloto kamikaze con gran miedo a morir, Koichi Shikishima (Ryunosuke Kamiki), simula un desperfecto técnico en su avión y aterriza en una base de reparaciones de la Isla Odo, donde nuestro monstruo gigantesco con look de dinosaurio ataca y mata a todos salvo al susodicho y a un tal Sosaku Tachibana (Munetaka Aoki), mecánico que lo hace responsable por no tener el valor suficiente para dispararle a la criatura con el cañón de la aeronave. Koichi pronto regresa a Tokio y descubre que sus padres murieron y sólo sobrevivió una vecina llamada Sumiko Ota (Sakura Ando), pobre mujer que perdió a sus tres hijos por el bombardeo estadounidense sobre Japón. El protagonista eventualmente entra en contacto con una chica que también se quedó sin familia, Noriko Oishi (Minami Hamabe), y para colmo está cuidando a un bebé de una madre ya fallecida, Akiko (Sae Nagatani), por ello los tres construyen una parentela tácita mientras él consigue un trabajo en un barco encargado de desactivar las minas que dejaron yanquis y nipones en el mar, así se topa de nuevo con un Godzilla que muta por las pruebas nucleares norteamericanas de 1946 en el Atolón Bikini e incluso tiene la capacidad de regenerarse y lanzar un mortífero rayo de calor, con el que destruye sin más un distrito populoso de la querida Tokio, Ginza.

 

Yamazaki, un artesano del cine de género posmoderno que coqueteó con la ciencia ficción, las aventuras, el drama familiar, la comedia, la fantasía, las epopeyas de época, el terror y sobre todo el anime, se encargó asimismo de los efectos especiales digitales y con unos magros 15 millones de dólares -el promedio hollywoodense actual ronda los 200 millones- consiguió un estupendo diseño del monstruo y escenas brillantes de acción que se suman a otros factores dignos de elogio como un buen desarrollo de personajes, un excelente manejo del suspenso, una paciencia narrativa muy inusual en el cine contemporáneo y la valentía de explorar con verdadera profundidad temáticas serias casi nunca presentes en una obra monumental volcada al entretenimiento, sobre todo esa culpa del sobreviviente y ese estrés postraumático que marcan la vida de Shikishima, para quien la guerra no terminó porque padece pesadillas y se siente un cobarde. Si bien el film es muy ambicioso y se mete con tópicos adicionales como la pobreza extrema capitalista, las familias compuestas, el peligro atómico, el fantasma del cataclismo reciente, la solidaridad, las segundas oportunidades ideológicas y sobre todo la ausencia del Estado, aquí con los nipones ocultando la presencia de la criatura para no generar pánico y con los yanquis lavándose las manos en medio de la Guerra Fría, Godzilla Minus One en realidad denuncia el condicionamiento suicida de aquel acervo castrense modelo Imperio del Japón (1868-1947), ciclo en el que la validación de base social estaba garantizada por la inmolación, y piensa el alcance del honor, la lealtad y especialmente el coraje -en suma del bushidô, el código de ética samurái que impregna toda la cultura vernácula- durante la ocupación del Japón por las tropas norteamericanas (1945-1952), cuando luego de la finalización de la Segunda Guerra Mundial las autoridades extranjeras pretendieron “pacificar” el país garantizando la total impunidad del Emperador Hirohito, un genocida y criminal de guerra que el inmundo General Douglas MacArthur, el jefazo de la ocupación, se encaprichó con mantener en su puesto sin ser juzgado por nada como si se tratase de un emblema folklórico con patas que despertase unidad, nada más alejado de la verdad porque buena parte de los políticos y el pueblo quería verlo destituido o ejecutado. Contraponiendo por un lado las secuencias de destrucción masiva a instancias del monstruo, nuevamente una clara metáfora del conflicto bélico, la naturaleza, la amenaza nuclear y la triste ignorancia humana, y por el otro lado la intimidad familiar deprimente de Koichi y su esposa e hija implícitas más sus compañeros de trabajo del buque dragaminas, entre ellos el ingeniero naval Kenji Noda (Hidetaka Yoshioka) que concibe otro de esos planes deliciosamente absurdos para matar al gigante, la propuesta se cree humanista pero también es bastante militarista, misógina e incluso puritana de vieja cepa, un credo que se condice con el resurgimiento de la derecha en el Siglo XXI y con el período histórico en cuestión, aquí con Shikishima no teniendo sexo con Oishi y en general reprimiendo sus intentos de libertad identitaria o laboral sin darse cuenta de que aquella posguerra inauguró la independencia femenina en Japón por el orgullo masculino herido a raíz de la derrota…

 

Godzilla Minus One (Gojira -1.0, Japón, 2023)

Dirección y Guión: Takashi Yamazaki. Elenco: Ryunosuke Kamiki, Minami Hamabe, Sakura Ando, Hidetaka Yoshioka, Munetaka Aoki, Sae Nagatani, Kuranosuke Sasaki, Yuki Yamada, Miou Tanaka, Yûya Endô. Producción: Kenji Yamada, Keiichiro Moriya, Kazuaki Kishida y Gô Abe. Duración: 124 minutos.

Puntaje: 8