A mitad de los sesenta, la novela de Merriam Modell publicada a fines de los cincuenta bajo el seudónimo de Evelyn Piper, Bunny Lake ha Desaparecido (Bunny Lake Is Missing, 1957), gozaba de un gran éxito. La obra combinaba elementos de suspenso y conflictos familiares que la hacían muy atractiva, principalmente por su tratamiento de la maternidad en soledad, cuestión que también le interesaba a Penelope Mortimer, una escritora que se adentraba en sus novelas en cuestiones de temática feminista. Antes de emprender la adaptación del guión junto a su esposo John Mortimer, a pedido de Otto Preminger, Penelope tan solo había escrito un film para televisión pero ya tenía en su haber una obra literaria envidiable y su última novela a la fecha, El Devorador de Calabazas (The Pumkin Eater, 1962), había sido llevada al cine por Jack Clayton con un guión de nada más ni nada menos que Harold Pinter en un drama protagonizado por Anne Bancroft, mientras que su esposo, John, contaba con una extensa carrera de guionista de televisión y dramaturgo y había adaptado al cine la novela de la escritora inglesa Shelley Smith, La Balada del Fugitivo (The Ballad of the Running Man, 1961).
Los Mortimer trabajaron intensamente en el guión de Bunny Lake ha Desaparecido (Bunny Lake Is Missing, 1965), transformando la novela de Modell completamente a pedido del director, que la veía demasiado simple y falta de credibilidad, trasladando a su vez la acción de Nueva York a Londres, donde Preminger se sentía más cómodo y tenía locaciones perfectas para desarrollar su siniestra y perturbadora puesta en escena. Ann Lake (Carol Lynley) es una joven madre soltera con una pequeña niña de cuatro años, Bunny, que se muda a Londres para vivir con su hermano, Steven (Keir Dullea), un exitoso periodista que trabaja para una revista norteamericana cubriendo eventos de agencias internacionales. Tras dejar a la niña en la escuela en su primer día, la atareada mujer sigue con su interminable jornada en medio de la mudanza a un nuevo departamento en una ciudad que no conoce con costumbres ajenas, mientras su hermano se va a trabajar, pero cuando regresa a buscar a Bunny la niña ha desaparecido y nadie la puede encontrar. Así comienza una búsqueda de lo más peculiar que involucra a la policía, que descubre que no hay ninguna prueba de la existencia de la mocosa, encontrando indicios de que la pequeña puede ser una invención de una joven trastornada y su hermano cómplice. Para el Superintendente la situación se vuelve impredecible y comienza a indagar en la posibilidad bastante creíble de que la niña no haya existido nunca y que la investigación sea una pérdida de tiempo generada por una mujer perturbada.
Si en un comienzo la estética de los créditos introductorios ofrece una mirada infantil del asunto como clave de la naturaleza del film, Preminger y los Montimer le imprimen a la historia un suspenso devastador en un thriller psicológico que roza el terror en el que el rompecabezas de la trama se va armando en la mente lógica del Superintendente Newhouse (Laurence Olivier), el encargado de la investigación de la desaparición de Bunny. La búsqueda devela una serie de irregularidades tanto en la institución educativa como en la vida misma de la pareja de hermanos en una historia plena de escenas inolvidables como aquella del hospital de muñecas, una secuencia filmada en The Barry Elder Doll Museum que parece una pesadilla salida de algún libro de Ray Bradbury, amén de la inclusión de canciones de la banda británica The Zombies, los cuales compusieron tres temas para la película y aparecen en varias escenas, incluidas presentaciones televisivas que los protagonistas ven en un pub tradicional londinense. La inclusión del rock, como las imágenes de protestas o los excéntricos personajes que aparecen, son parte de una contextualización sobre una Londres convertida en centro de un caos social producto de los cambios ocurridos en la década del sesenta en todo el mundo. El film contrapone la cultura emergente del rock y de las protestas que buscan transformar un planeta que se concibe injusto a las instituciones que sostienen la hegemonía del sistema comunal conservador, ejemplificadas en la escuela, el psiquiátrico y la policía, tres pivotes que quedan bastante mal parados tanto por su incompetencia como por los cuestionamientos alrededor de su función.
Preminger, que también oficia de narrador en off y presentador del drama, le toma el pulso al espectador en cada escena con un estilo sádico y sin piedad, gracias a una madre desesperada que se aferra a la posibilidad de encontrar a su hija mientras la policía y las autoridades escolares actúan confundidos. De entre este meollo los personajes del hermano de la madre, Steven, y el Superintendente emergen como los protagonistas de un conflicto de testosterona alrededor de los métodos de búsqueda en una obra con ecos de Psicosis (Psyco, 1960), el film de Alfred Hitchcock escrito por Joseph Stefano en base a la novela homónima del escritor estadounidense Robert Bloch. Si el Superintendente es un típico personaje de la policía inglesa que utiliza la lógica como método de trabajo infalible en todo momento, Steven es un joven sobreprotector desencajado que intenta consolar a su hermana mientras investiga por su cuenta, con sus herramientas de indagación periodística, acerca de la desaparición de su sobrina, agregando más incoherencia e interrogantes que respuestas a una situación desesperante.
El guión de Penelope y John Mortimer construye un suspenso muy sólido en el que el final es imposible de predecir y se adentra en temas tabú para la época como la maternidad en soledad, el aborto, los trastornos psicológicos y las perversiones sadomasoquistas, y hasta da indicios sobre la posibilidad de una relación incestuosa entre los hermanos. Cada personaje tiene una profundidad aterradora, desde el Superintendente que vive para su trabajo hasta la madre desesperada, criaturas que revelan su verdadera naturaleza cuando la trama los lleva hasta los abismos de la cordura.
Bunny Lake ha Desaparecido tiene actuaciones soberbias por parte de un elenco espectacular, encabezado por Carol Lynley, Keir Dullea y Laurence Olivier, pero también cuenta con interpretaciones realmente extraordinarias de personajes secundarios como la composición de Noël Coward del casero de Ann Lake, un sadomasoquista locutor de la BBC que acosa a su inquilina en shock y hasta a los policías que buscan a Bunny en un film que sorprende en cada escena. Martita Hunt también compone a un personaje extravagante, una mujer mayor que vive en el ático de la escuela de la que es propietaria pero que ya no dirige, recluida en su investigación sobre los sueños infantiles mientras emite sus comentarios sobre la desaparición, relacionándola con otras situaciones similares ocurridas en el pasado.
Otto Preminger crea aquí un film que desorienta al espectador en una búsqueda de veinticuatro horas que recorre los sórdidos escondrijos de una ciudad en la que el conservadurismo se mezcla con la nueva cultura rock, los viejos verdes que pululan ebrios por toda la metrópoli acechando a mujeres solas y una policía perdida en una situación que parece de lo más peculiar, con personajes que aparecen y desaparecen como en una historia de terror gótico.
Tanto en su realización técnica, en sus posicionamientos de cámara y en sus créditos iniciales como en su exquisito guión y su impresionante manejo del suspenso, Bunny Lake ha Desaparecido es una extraordinaria realización que lleva muchos de los temas que trata a otro nivel. Esta intensidad transgresora del medio pelo cinematográfico de la época en muchos sentidos es producto de la valentía de Penelope Mortimer, que ya había traspasado esos límites en sus novelas autobiográficas Papa se ha ido de Caza (Daddy’s Gone A-Hunting, 1958) y El Devorador de Calabazas, obras que habían convertido a las problemáticas de la mujer y su voz en cuestiones centrales, alejándose del lugar de seducción y banalidad en el que era ubicada para presentar personajes femeninos inteligentes, capaces de resolver situaciones psicológicas complejas, encarar escapes de instituciones psiquiátricas y abrirse camino hacia la verdad a pesar de la incompetencia de la policía y de las autoridades educativas.
Bunny Lake ha Desaparecido (Bunny Lake Is Missing, Reino Unido, 1965)
Dirección: Otto Preminger. Guión: Penelope Mortimer y John Mortimer. Elenco: Laurence Olivier, Carol Lynley, Keir Dullea, Martita Hunt, Anna Massey, Clive Revill, Finlay Currie, Lucie Mannheim, Noël Coward, Adrienne Corri. Producción: Otto Preminger. Duración: 107 minutos.