Death Race 2000

El crepúsculo de los ídolos

Por Martín Chiavarino

Basada en un relato corto del guionista de films de ciencia ficción que hoy se han convertido en clásicos del género, Ib Melchior, Death Race 2000 (1975) fue un film con muchos problemas que intentó competir con el gran éxito de ciencia ficción de ese año, Rollerball (1975), el trabajo de Norman Jewison protagonizado por James Caan.

 

El film narra el itinerario de cinco corredores y sus copilotos en una carrera sangrienta que sirve como espectáculo de un gobierno autoritario en Estados Unidos. Cada uno de los corredores representa una idiosincrasia de esta distopía norteamericana donde el entretenimiento ha sustituido a la democracia. De entre ellos, Frankenstein (David Carradine) es el que mejor representa a esta dictadura mediática que elude la verdad y calumnia a sus enemigos. Operado en múltiples oportunidades, el cuerpo ortopédico del piloto con más carreras ganadas tiene la misma cantidad de material sintético y metálico que carne y hueso. Frankenstein representa al hombre del futuro que vive para la carrera que se realiza una vez al año y está dispuesto a dar su vida por su misión. Mientras los corredores reciben puntos por atropellar personas, un grupo de la resistencia intenta sabotear la competencia y difundir su mensaje democrático para sacudir a las masas de su pasividad ante la matanza indiscriminada televisada.

 

La televisión como un medio de desinformación y entretenimiento, la consolidación de las formas que tomaba la sociedad del espectáculo y la construcción de los ídolos populares son las cuestiones principales que retoma el opus de Paul Bartel sobre los nuevos sacrificios humanos en nombre de una identidad norteamericana basada en la velocidad y la muerte, que ha reemplazado hasta al hace tiempo fenecido y abusado sueño americano.

 

Con el espectáculo convertido en eje de la aquiescencia de un sistema totalitario en el que cualquiera puede morir para otorgarles puntos a los famosos corredores de la carrera mortal, el mundo alienado de la obra de Bartel nos interpela vía esas resistencias que reproducen los totalitarismos que combaten y las idealizaciones y la mistificación de los personajes públicos del entretenimiento masivo ya sin la verdad como mecanismo redentor.

 

El guión del film producido por Roger Corman fue escrito por Robert Thom y reescrito por Charles B. Griffith a pedido del director Paul Bartel, ya que consideraba que no iba a poder filmar el desquicio que Thom había concebido. Caótica y por momentos hasta ridícula, Death Race 2000 es un gran exponente de la libertad creativa de los años setenta en el cine y del imaginario fantástico de Corman, considerado en su momento un director y productor de films clase B para un público sin demasiadas expectativas. Tras la finalización del film, Corman recortó muchas de las escenas que Bartel había filmado y que consideraba su marca registrada dentro de la película, injertándole los sellos típicos del terror sanguinario que caracterizaba a Corman. David Carradine era en ese momento la estrella de la exitosa serie Kung Fu y Sylvester Stallone, otro de los corredores, un actor sin pergaminos que un año más tarde se convertiría en Rocky Balboa. Simone Griffeth, Sandy McCallum, Mary Woronov, Roberta Collins, Louisa Moritz y Harriet Medin completan el elenco de una propuesta con varios giros inesperados, romances de carretera, traiciones, sabotajes, muertes varias a granel y mucha sangre.

 

Death Race 2000 tuvo una remake sin pena ni gloria en 2008 de la mano de Paul W.S. Anderson, el realizador de los films del popular videojuego Resident Evil, e influenció films como The Running Man (1987), miniseries como Blood Drive (2017) y, por supuesto, la saga de Mad Max (1979), del realizador australiano George Miller, entre algunas de las principales obras desencadenadas por el espíritu del texto de Ib Melchior. Bartel y Corman crearon aquí un film de ciencia ficción tan desparejo como excepcional, con algunas ideas absolutamente geniales que descolocan al espectador como todo buen exponente de un género que se destaca por sus contradicciones y su capacidad de evocar futuros impensados pero desafortunadamente posibles y no tan lejanos de la distopía que hoy vivimos, más que por su calidad técnica. Cómica y aterradora, la película logra cautivar por su desparpajo y su visión sobre la vida como escollo del camino, transformando al ídolo en villano y al héroe de antaño en el antihéroe del presente, único exponente del espectáculo de la muerte que siempre tiene una sorpresa bajo su máscara.

 

Death Race 2000 (Estados Unidos, 1975)

Dirección: Paul Bartel. Guión: Robert Thom y Charles B. Griffith. Elenco: David Carradine, Simone Griffeth, Sylvester Stallone, Mary Woronov, Roberta Collins, Martin Kove, Louisa Moritz, Don Steele, Joyce Jameson, Carle Bensen. Producción: Roger Corman. Duración: 80 minutos.

Puntaje: 8