Psicópata Americano (American Psycho)

El culto a la superficie

Por Emiliano Fernández

El feminismo ambiguo y nada condescendiente de Mary Harron resulta bastante extraño dentro del contexto histórico, cultural y artístico de las últimas décadas porque tiende a no ser moralista y/ o redundante a nivel discursivo, un planteo ideológico completamente a contramano de los sermones de la corrección política institucional del nuevo milenio, las pavadas misándricas de las feminazis asexuadas de las redes sociales y hasta las diversas perspectivas de directoras previas o cuasi contemporáneas, pensemos para el caso en el lirismo de la neozelandesa Jane Campion, el existencialismo de la francesa Claire Denis o el surrealismo de la norteamericana Julie Taymor. Harron, nacida en Canadá, no teme explorar personajes controversiales como esa Valerie Solanas (Lili Taylor) de I Shot Andy Warhol (1996), la chiflada payasesca que intentó matar al padre del arte pop en 1968, o el tenebroso trío de Susan Atkins (Marianne Rendón), Patricia Krenwinkel (Sosie Bacon) y Leslie Van Houten (Hannah Murray) de Charlie Says (2018), aquellas seguidoras del tremendo Charles Manson (Matt Smith) en sus legendarias correrías homicidas de 1969, además asimismo adora analizar personajes más “livianos” aunque aún interesantes como aquellos de The Notorious Bettie Page (2005), biopic acerca de la célebre modelo de pin-up de los 50 del título en la piel de Gretchen Mol, y The Moth Diaries (2011), ejemplo de terror gótico y vampírico símil Carmilla (1872), de Sheridan Le Fanu, sobre la relación de dos alumnas de un internado, Rebecca Cantor (Sarah Bolger) y Ernessa Bloch (Lily Cole). Si pensamos la carrera de la directora en términos de calidad, sus últimas dos propuestas, Charlie Says y The Moth Diaries, languidecen frente a la trilogía inicial, hablamos de las mencionadas I Shot Andy Warhol y The Notorious Bettie Page más Psicópata Americano (American Psycho, 2000), la “oveja negra” de su filmografía, su realización más popular en todo el mundo y definitivamente el mejor eslabón concreto de su poco prolífica trayectoria.

 

Basada en la famosa novela homónima de 1991 del norteamericano Bret Easton Ellis, la película en cuestión es el resultado de una década de desarrollo por parte del productor Edward R. Pressman para adaptar un texto que casi todos consideraban infilmable, como lo demostraría en gran medida la participación fallida de gente como Stuart Gordon, David Cronenberg y Oliver Stone, todos en suma ayudando a empantanar el proyecto, y la misma naturaleza de un libro de impronta satírica exacerbada -y sin una historia tradicional- que combinaba un retrato irónico de las costumbres de los yuppies de los años 80, exposiciones semi quirúrgicas sobre la cultura popular de entonces y una catarata de descripciones -con lujo de detalles, por supuesto- en torno a los asesinatos, violaciones, torturas, mutilaciones, antropofagia, necrofilia y depravaciones varias cometidas por el protagonista, el grotesco y demencial Patrick Bateman, vicepresidente del departamento de fusiones y adquisiciones de Pierce & Pierce, un banco de inversión de Wall Street. A diferencia de las ideas y el punto de vista de los otros cineastas señalados, los cuales se tomaban demasiado en serio al asunto o pretendían un enfoque autoexplicativo típico del mainstream posmoderno y su miedo maniático a que un espectador a priori bobalicón no entienda lo que sucede, Harron sí captura en líneas generales el tono sarcástico descocado del libro de Ellis y simplemente opta por bajar el nivel de la violencia -la de tipo sexual y la clásica a lo slasher anárquico y bien gore- para no ofender a nadie mientras coquetea con el exploitation nihilista de los 70, se burla del consumismo seudo importante y socializador de los jóvenes ejecutivos de ayer y hoy e incluye una mínima perspectiva colateral de las muchas víctimas del señor, detalle obligatorio en un lenguaje audiovisual como el séptimo arte pero ausente en las páginas de la novela, ésta centrada únicamente en el punto de vista para nada confiable y algo robótico de un Bateman que puede ser el responsable de algunas muertes y haber imaginado el resto.

 

El guión de Harron y Guinevere Turner, actriz y escritora colaboradora de la canadiense en The Notorious Bettie Page y Charlie Says, respeta el libro presentándonos a un Bateman (Christian Bale) de 27 años que vive en un ostentoso departamento de Manhattan y tiene una secretaria que lo ama sin decírselo, Jean (Chloë Sevigny), una novia banal que anhela matrimonio, Evelyn Williams (Reese Witherspoon), y una amante drogadicta, Courtney Rawlinson (Samantha Mathis), que está por casarse con un tal Luis Carruthers (Matt Ross), colega suyo como sus supuestos amigos -a los que en realidad detesta, todos compitiendo con sus respectivas tarjetas de presentación- Craig McDermott (Josh Lucas), David Van Patten (Bill Sage) y Timothy Bryce (Justin Theroux). Obsesionado con su vestimenta, su cutis, los restaurants de moda y aquel pop ochentoso de Robert Palmer, Huey Lewis & the News, Phil Collins y Whitney Houston, Patrick trabaja poco y nada, se la pasa perdiendo el tiempo en reuniones sociales huecas, cosifica a hombres y mujeres por igual y comienza a acechar, matar y torturar tanto por aburrimiento como por esa soberbia del privilegiado más delirante, llegando a acuchillar a un mendigo negro (Reg E. Cathey), asesinar a patadas a su perro, tratar de meter un gato en un cajero automático, golpear y violar con una percha de alambre a un par de prostitutas, Christie (Cara Seymour) y Sabrina (Krista Sutton), reventar a distintas personas circunstanciales, desmembrar y canibalizar a algunas hembras y sobre todo matar a un tal Paul Allen (Jared Leto), otro yuppie ególatra y anodino que lo confunde con Marcus Halberstram (Anthony Lemke), homicidio que por cierto lo pone bajo el radar del detective privado Donald Kimball (Willem Dafoe). Pudiendo faenar a Jean, Courtney y un gay reprimido de su círculo cercano, Carruthers, Bateman no lo hace pero experimenta un colapso luego de un tiroteo con la policía, su separación de Evelyn y eso de canibalizar a una “amiga”, Elizabeth (Turner), y matar a Christie con una motosierra mientras escapaba.

 

Resulta evidente que el interés principal de Harron no pasa simplemente por construir un retrato de época, en línea con la obsesión del mainstream para con las tramas en burbujas temporales, sino por señalar al reaganismo y el thatcherismo de los 80 como el nacimiento del neoliberalismo que seguimos padeciendo en el Siglo XXI prácticamente con los mismos ropajes, tantos los económicos de la especulación desenfrenada y la inflación y la pobreza siempre por las nubes como los culturales en sintonía con el fetiche social generalizado con las superficies lustrosas falaces a lo máscaras de unas perfección y coherencia que se caen a pedazos al chequear a los individuos de turno con detenimiento, suerte de ponderación vana del exitismo financiero, las relaciones públicas, el lujo por el lujo en sí, la altanería más árida y discriminadora, todo el eficientismo tecnológico, la razón instrumental, la belleza, el narcisismo y unas formulaciones oportunistas lamentables según cada contexto que ocultan su sustrato maquiavélico y su clasismo mediante la corrección política, la cultura pop, las frases hechas y los trucos extraídos del marketing, la publicidad, la psicología de autoayuda y los gurúes de la religión, la política y la a veces muy patética “vida sana”. Bale entrega un desempeño extraordinario porque se nota a kilómetros de distancia que detesta al personaje por lo bajo y ello hace que lo caricaturice con maestría símil aquellos Doctor Jekyll y Señor Hyde de Robert Louis Stevenson, por un lado un diletante del look inmaculado y por el otro un cocainómano y asesino repugnante que trata a todos como si fueran mierda y se siente el sultán de su palacio pero cuando las papas queman llama llorando a su abogado, Harold Carnes (Stephen Bogaert), quien para colmo no lo reconoce porque estos cerdos de la alta burguesía son todos intercambiables en su estupidez y su cobardía paranoica. La falta de paciencia, el temor al compromiso y la confusión entre autorrealización y vacío existencial compulsivo son los ejes centrales de sketchs sobre esta tecnocracia de la timba capitalista…

 

Psicópata Americano (American Psycho, Estados Unidos/ Canadá, 2000)

Dirección: Mary Harron. Guión: Mary Harron y Guinevere Turner. Elenco: Christian Bale, Justin Theroux, Josh Lucas, Bill Sage, Chloë Sevigny, Reese Witherspoon, Samantha Mathis, Matt Ross, Jared Leto, Willem Dafoe. Producción: Edward R. Pressman, Chris Hanley y Christian Halsey Solomon. Duración: 102 minutos.

Puntaje: 9