Jon Favreau comenzó su largo derrotero en el séptimo arte como actor antes de saltar a los guiones y luego a la dirección, este último el rubro por el que sería más conocido gracias a Iron Man (2008) e Iron Man 2 (2010), las películas que desencadenaron la insoportable franquicia cinematográfica de Marvel y lo condenaron a repetir el personaje secundario que interpreta en dicha saga, Happy Hogan, el guardaespaldas y chofer de Tony Stark (Robert Downey Jr.). La carrera del neoyorquino es extraña porque efectivamente la primera mitad estuvo controlada por Marvel y la segunda por Disney, en este caso mediante bodrios como The Jungle Book (2016) y The Lion King (2019), unas remakes totalmente innecesarias en live action de los clásicos animados de 1967 y 1994 respectivamente, sin embargo Favreau nunca se resigna del todo a su condición de eterno realizador por encargo e incluye escenas o chispazos de su autoría de raigambre clasicista, algo que puede verse en el mejor de sus blockbusters, Iron Man, en sus otros tanques variopintos, léase las olvidables Elf (2003), Zathura: A Space Adventure (2005) y Cowboys & Aliens (2011), y por supuesto en sus dos propuestas cien por ciento independientes, esas simpáticas Made (2001) y Chef (2014), la primera su ópera prima y la segunda un trabajo de la adultez profesional. Su asociación con Disney, en materia de The Jungle Book y The Lion King, permitió un proyecto bastante más noble e interesante dentro de una de las subsidiarias de la empresa desde 2012, Lucasfilm, nos referimos a The Mandalorian (2019-2023), serie para el servicio de streaming Disney+ que tuvo una temporada infantiloide aunque atractiva y dos posteriores no particularmente memorables centradas en el personaje del título, en realidad bautizado Din Djarin (Pedro Pascal), un cazarrecompensas del planeta Mandalore al que se le encomendó encontrar a un mocoso adorable que termina protegiendo/ adoptando, Grogu alias Bebé Yoda alias El Niño, de hecho una criatura por ahora muda con habilidades telepáticas de la misma raza de Yoda (Frank Oz), detalle que enfatiza el hecho de que todo transcurre luego de The Empire Strikes Back (1980), de Irvin Kershner, y Return of the Jedi (1983), de Richard Marquand.
The Mandalorian, precisamente creada por Favreau en soledad basándose en los personajes de George Lucas para Star Wars (1977) y sus secuelas, fue la primera serie en live action de la franquicia y derivaría en una andanada de spin-offs y productos varios que incluyó a The Book of Boba Fett (2021-2022), Obi-Wan Kenobi (2022), Andor (2022-2025), Ahsoka (2023-2027), The Acolyte (2024) y Skeleton Crew (2024-2025), todos inferiores salvo el convite de marco político y mucho más maduro de Tony Gilroy, Andor. Como hiciese con Marvel, propiedad de Disney desde 2009, el gigante imperialista de Mickey Mouse logró saturar el mercado con obras con el sello de Lucasfilm y por ello decidió transformar todos los guiones de Favreau para la cuarta temporada de The Mandalorian en un largometraje destinado a las salas tradicionales de cine, alternativa que el director y guionista no vio con malos ojos y por ello hoy tenemos su regreso a la cartelera luego de siete años de silencio cinematográfico, The Mandalorian and Grogu (2026), film apenas digno o por lo menos entretenido que se suma a las otras tres películas autónomas de la franquicia, hablamos de Star Wars: The Clone Wars (2008), flojo opus animado de Dave Filoni, y las semejantes en calidad Rogue One: A Star Wars Story (2016) y Solo: A Star Wars Story (2018), trabajos de Gareth Edwards y Ron Howard que también fueron encarados en live action. Hoy Favreau mantiene las referencias a la serie al mínimo, para apelar al público en general que poco sabe de estos menesteres, y como era de esperar privilegia el costado más genérico de Din Djarin, una mixtura estándar entre el célebre Han Solo (Harrison Ford) y aquellos adalides contraculturales en la piel de Clint Eastwood y Toshiro Mifune de las joyas dirigidas por Sergio Leone y Akira Kurosawa. En el relato la Nueva República se dedica a cazar a los otrora jerarcas del Imperio Galáctico, ahora reconvertidos en capos mafiosos o señores de la guerra con dominios concretos, y de inmediato la Coronel Ward (Sigourney Weaver), mandamás de una base de la Nueva República, le encarga al Mandaloriano alias Mando viajar al mundo pantano del clan Hutt para una misión que pondrá a prueba su eje ético.
En esta oportunidad unos gemelos ofician de líderes del crimen organizado de los Hutt y prometen informar sobre la localización de un ex alto funcionario imperial, Janu (Jonny Coyne), a cambio de que el protagonista rescate a Rotta the Hutt (Jeremy Allen White), sobrino de los hermanos e hijo del recordado Jabba the Hutt de Return of the Jedi, otra de estas babosas gigantes con ojos saltones y apego por la tortura, la corrupción y la esclavitud en sintonía con los nazis y la nueva derecha reptante de nuestros días. Una vez más nada sale como fue planeado porque Rotta no quiere ser rescatado, ya que es un gladiador que disfruta no estar bajo la sombra de su padre fallecido, y además el propio Din Djarin opta por no entregarlo a sus tíos porque ello constituiría su sentencia de muerte, preocupados como están por eliminar toda línea de sucesión alternativa al trono de los Hutt. Los gemelos envían a otro cazarrecompensas y su mascota, un perro infernal o algo así, para secuestrar al Mandaloriano en su hogar en plan de venganza por no cumplir el trato, provocando que Grogu y unos pequeños mecánicos espaciales marchen a su rescate. Como decíamos antes, The Mandalorian and Grogu se ubica en el escalafón cualitativo de los otros “standalone films” de Star Wars, entre la corrección, lo anodino y la fatiga debido a engranajes que se repiten de manera fundamentalista sin novedades en el horizonte, así las cosas nuevamente estamos ante una cruza de western, aventuras, drama familiar y space opera que respeta a la serie original y su filosofía family friendly aunque sin llegar a la estupidez del mainstream y en especial Disney, manteniendo un margen de seriedad que hace a la epopeya accesible al público adulto con ganas de consumir un producto escapista. Las marcas registradas de siempre de Favreau, guionista junto con Filoni y Noah Kloor, vuelven a decir presente en materia de diálogos simplones pero sin sobreexplicar demasiado, una trama muy previsible aunque dinámica, ese planteo general austero pero humanista, unos personajes algo zafios aunque mayormente coherentes y un recorrido emocional de corte minimalista sin caer en la redundancia cada cinco minutos de tantísimos tanques hollywoodenses del Siglo XXI.
El mainstream global parece haber entendido que ya se terminó la época de los productos enganchados que requieren ver diez o veinte películas previas, prefiriendo en cambio por fin las odiseas de lectura/ interpretación individual. Aquí se agradecen el detalle de mostrar brevemente el rostro de Pascal, un recurso esporádico de la serie, la escena sensiblera del cuidado del cazarrecompensas por parte de Grogu, luego de una batalla contra un monstruo acuático en el palacio de los Hutt, y por supuesto la presencia de Martin Scorsese como un cocinero e informante avejentado, en sí ocupando el lugar de Werner Herzog de la primera temporada cual cameo de una leyenda del séptimo arte, además de ya no forzar personajes femeninos en la trama, vicio del Hollywood reciente, y por suerte continuar con los títeres y los animatronics para los movimientos y el rostro de nuestro Bebé Yoda y otras criaturas similares, como los mecánicos bizarros mencionados que parecen una amalgama de las dos etapas de los vástagos involuntarios de Gizmo en Gremlins (1984), la obra maestra de Joe Dante, apuntamos a esos mogwais caóticos/ malvados y los gremlins propiamente dichos. Asimismo es de destacar la buena edición de Dylan Firshein y Rachel Goodlett Katz en lo que a las secuencias de acción se refiere, con cortes pausados y sin neurosis posmoderna, y la música incidental del sueco Ludwig Göransson, un colaborador asiduo de Christopher Nolan y Ryan Coogler, en este caso aglutinando latiguillos del spaghetti western, la new wave ochentosa, el clasicismo mainstream y un orientalismo sutilmente camuflado. Todos los factores positivos señalados, incluido un homenaje al stop motion de Ray Harryhausen en el combate de gladiadores en ese coliseo repleto de monstruos donde Mando y Rotta the Hutt dan batalla durante el primer acto, chocan con un final que lamentablemente derrapa en el gigantismo innecesario del Hollywood del nuevo milenio a través de un rescate a último minuto de un escuadrón de X-Wings con la coronel veterana de Weaver a la cabeza, por cierto también un enorme estereotipo de la saga Star Wars desde sus inicios como el llamado “efecto stormtrooper”, léase la mala puntería de los soldados y droides del Imperio Galáctico o los villanos en términos macros, hilarante recurrencia que desde la década del 70 ha servido para ilustrar la faceta más tontuela del aparato cultural estadounidense con destino de exportación a todos los rincones del planeta. La complejidad narrativa brilla por su ausencia y la propuesta sinceramente no logra diferenciarse de lo que sería un capítulo triple o quizás cuádruple de la serie, hoy con la friolera de 132 minutos de duración, no obstante The Mandalorian and Grogu por lo menos no se engolosina con la súper acción ni cae en el torbellino de subtramas, secundarios, frases hechas y refriegas interminables de las épicas marvelianas de superhéroes y adalides descerebrados semejantes para unas masas que hasta hace poco tiempo celebraban el maniqueísmo idiota, en este ocasión alargando el metraje un poco más de lo conveniente y dejando ver el desarrollo mecánico del producto televisivo original, donde las misiones se dividen entre pura adrenalina y aquellas otras que combinan la efusividad con detalles del corazón que desde ya casi siempre tienen que ver con Grogu, no vaya a ser que caigan las ventas de muñecos y merchandising del montón…
The Mandalorian and Grogu (Estados Unidos, 2026)
Dirección: Jon Favreau. Guión: Jon Favreau, Dave Filoni y Noah Kloor. Elenco: Pedro Pascal, Jeremy Allen White, Sigourney Weaver, Jonny Coyne, Martin Scorsese, Steve Blum, Matthew Willig, Hemky Madera, Evan Shafran, Myles Humphus. Producción: Jon Favreau, Ian Bryce y Kathleen Kennedy. Duración: 132 minutos.