Chernobyl

El desastre en la ficción

Por Ernesto Gerez

La bajada de un título de tapa de Clarín asegura que “la serie es un mix de documental y ficción”. Más allá de que toda ficción es en algún punto documental, la serie creada por Craig Mazin y dirigida por Johan Renck no es nunca un documental tradicional como los tantos que salieron sobre la catástrofe nuclear rusa en los últimos veinte años. De hecho, más allá de estar basada en sucesos reales, todo lo que vemos está pasado por el prisma de la artificialidad; por los mecanismos y la dinámica del audiovisual de ficción, con reglas clasicistas y determinada búsqueda de verosimilitud que sin el pacto tácito con el espectador no se acercaría a ninguna verdad. Ya desde el vamos Mazin pensó hacer la miniserie hablada en inglés y utilizando actores del star system europeo. Nada más lejos del mix del que habla Clarín. La serie arranca con la historia real de Ludmila Ignatenko; vecina de Prípiat y víctima de la explosión. A su historia, Mazin la toma de Voces de Chernobyl (1997), libro de Svetlana Aleksievich que reúne testimonios tremendos de víctimas del desastre. El libro es durísimo y por el peso que tiene Ludmila en la serie, y por lo que toma también de lo que dicen otros testigos, seguramente haya sido la pieza sobre la explosión del reactor que más impactó al creador de la miniserie.

 

“A mí me interesaba no tanto el propio suceso -qué pasó aquella noche en la central y quién tiene la culpa, qué decisiones se tomaron, cuántas toneladas de arena y de cemento hicieron falta para construir el sarcófago sobre aquel agujero diabólico, etc.- sino las sensaciones, los sentimientos de las personas que estuvieron en contacto con lo desconocido, con el misterio”, dice Aleksievich sobre su libro; y justamente esa idea es también el valor agregado de la serie, basarse en pequeñas historias de las víctimas (sean vecinos, bomberos, militares o funcionarios) y no sólo en la ficcionalización de la catástrofe. De todos modos, Mazin y los guionistas sí posan su ojo sobre las responsabilidades y aprovechan para patear en el piso al socialismo soviético. En esa intención de mostrar a los burócratas de la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas como villanos de cuento desde perfiles unilaterales, tal vez a excepción de Boris Scherbina (el fenomenal Stellan Skarsgård), se entierra aún más la idea de intención documental. Ese tratamiento de la historia se condice con la utilización de los géneros. Chernobyl (2019) toma elementos del cine catástrofe, del horror, del thriller, incluso de la ciencia ficción. Su logro es justamente no pretender ser documental.

 

“Vivimos otra guerra” parece decir a los gritos, en otro testimonio de Voces de Chernobyl, una campesina que no quiso abandonar la zona de exclusión y que Mazin referencia en uno de los capítulos. Todo ese rollo de audiovisual bélico también se suma a los géneros que explota la miniserie. Seguramente el capítulo más impactante y menos complaciente con el espectador es el que muestra a dos militares y un voluntario yendo a matar a las mascotas que no se pudieron llevar los desplazados. El genocidio canino y gatuno es primero trabajado con el fuera de campo pero termina con un plano de los bichos cayendo a una fosa común; alusión a las guerras y a las dictaduras y hecho real tristísimo que Mazin aprovecha desde el sensacionalismo; porque lo bueno de Chernobyl es que además de no ser documental (lo pretenda Mazin o no), se dedica a utilizar recursos que el cine serio deshecha, como por ejemplo el gore.

 

Otro recurso que Mazin utiliza del género (y del mito) es la figura del héroe, representada en los científicos Valery Legasov y Ulana Khomyuk, en las pieles de Jared Harris y Emily Watson, dos actores que aportan tanto como Skarsgård y los secundarios, y con los que se materializa el buen casting casi siempre presente en las producciones de HBO. El de Khomyuk es un personaje creado especialmente para la serie y -según el creador- para representar a todos los científicos que ayudaron en el desastre. Porque así como queda clara la condena a un socialismo que roza lo caricaturesco, y más allá de la utilización del mito con fines narrativos, también queda clara la admiración del neoyorkino Mazin por el trabajo colectivo de la población soviética: los mineros, los voluntarios, los militares, los bomberos. En algunos casos mártires que dieron su vida porque se sentían parte de algo que los trascendía y que merecía su solidaridad, algo casi incomprensible para nuestro individualismo occidental.

 

Chernobyl (Estados Unidos/ Reino Unido, 2019)

Dirección: Johan Renck. Guión: Craig Mazin. Elenco: Jared Harris, Stellan Skarsgård, Emily Watson, Paul Ritter, Jessie Buckley, Adam Nagaitis, Con O’Neill, Adrian Rawlins, Sam Troughton, David Dencik. Producción: Craig Mazin y Sanne Wohlenberg. Duración: 330 minutos.