Croupier

El desdoblamiento

Por Emiliano Fernández

“A los jugadores les gusta la compañía”, dice el gerente del casino en el que comienza a trabajar Jack Manfred (Clive Owen) como croupier, y esto seguramente era cierto en 1998, año de estreno de la novena película de Mike Hodges (director, entre otras, de la muy buena Get Carter en 1971 y de la recordada Flash Gordon durante los años 80). Sin embargo, la virtualidad no dejó recovecos libres tras su masificación post-década del 2000 y de seguro las webs de apuestas y los casinos online, como casinobillions, son tan o más visitados hoy por hoy que los espacios físicos tradicionales dedicados a las apuestas, sobre todo por la comodidad de poder acceder desde cualquier lugar y a través de diferentes dispositivos. Pero, en aquellos años, la única manera de apostar a distancia era por teléfono; la otra opción era ir hasta el casino a reunirse con los otros jugadores y tener que ganarle a los croupiers; esos verdaderos soldados de “la casa”. Jack llega a ese trabajo por un consejo de su padre, y porque ya había sido croupier en Sudáfrica. Pero esa no es su profesión, él es un escritor que no consigue publicar y necesita los billetes que el casino pueda pagarle mientras se dedica a la escritura.

 

La película de Hodges sigue la tradición de los films sobre juegos de azar pero no pone su acento en los duelos ni en lo deportivo del asunto. El eje está puesto sobre su héroe taciturno, ese Clive Owen que encarna a un profesional del juego ya retirado y que, como dice con sus propias palabras, ahora es un voyeur de aquel mundo. Porque la estadía de Jack en el casino es prácticamente la de un agente encubierto o la de un detective, pero en lugar de recabar información para las fuerzas de seguridad o para algún cliente, lo hace para su futuro libro. Esa relación del personaje de Owen con lo detectivesco hace que el drama planteado siempre esté ligado al film noir, apoyado también en una iluminación similar a la del policial clásico y en el desempeño de otro personaje clave de la historia, Jani (Alex Kingston, luego conocida por su participación en Doctor Who), una apostadora sudafricana que se roba la atención de Jack rápidamente y que está constituida como una femme fatale que no sólo lo seduce sino que lo utiliza.

 

Jack escribe su novela a medida que se nutre de su trabajo de croupier y a medida que avanzan los hechos de su nueva realidad. La voz en off de Owen (otra herramienta usual en el film noir) narra en tercera persona y distingue entre la realidad y el personaje de ficción: Jack, y el protagonista de la novela, Jake. En esa dinámica se explicita el desdoblamiento del protagonista; porque el verdadero Jack muchas veces está contenido actuando dentro de la actuación, y somos testigos de su constante doble vida tanto en sus actividades, croupier/ escritor, como en su devenir afectivo, repartiéndose entre su novia Marion (Gina McKee), la apostadora Jani y su amante Bella (otra croupier interpretada por Kate Hardie). En ese juego de la ficción dentro de la ficción se abre paso también a la ambigüedad sobre la veracidad de los hechos en la vida real de Jack, y le da a la maravillosa Croupier (1998) cierta atmósfera de extrañeza.

 

Hodges y su guionista, Paul Mayersberg, tuvieron más éxito con Croupier en Estados Unidos que en su Inglaterra natal, a pesar de que la película recién consiguió distribución norteamericana dos años después de su estreno local. De todos modos, el mayor beneficiado por la llegada a Estados Unidos fue el actor Clive Owen, porque tal vez sin el éxito de Croupier no hubiera dado su gran salto a Hollywood.

 

Croupier (Reino Unido/ Irlanda/ Francia/ Alemania, 1998)

Dirección: Mike Hodges. Guión: Paul Mayersberg. Elenco: Clive Owen, Alexander Morton, Gina McKee, Sheila Whitfield, Paul Reynolds, Kate Hardie, Alex Kingston, Tom Mannion, Loretta Parnell, Barnaby Kay. Producción: Jonathan Cavendish. Duración: 94 minutos.

Puntaje: 7