Emily la Criminal (Emily the Criminal)

El don de la estafa

Por Emiliano Fernández

Resulta doloroso contemplar a lo que el cine actual ha rebajado al policial negro, un género magnífico y de una enorme capacidad de adaptación que de servir para retratar las miserias sociales y las múltiples injusticias del capitalismo se transformó en una colección de clichés cada día más inofensivos gracias al accionar uniformizador de Hollywood y sus industrias aledañas en cada cinematografía nacional, una patética sumisión de por medio: hoy por hoy muchas de las fórmulas narrativas del film noir son retomadas primero por epopeyas de acción que asimismo pretenden recuperar elementos de sus homólogas de las décadas del 80 y 90 aunque sin la gracia ni mucho menos la efervescencia de antaño, algo que tiene que ver con la deslegitimación de las propias estrellas porque el mainstream contemporáneo reemplazó al star system -o los grandes actores taquilleros- por las franquicias y el CGI, segundo por thrillers hiper tradicionalistas y huecos que giran alrededor de un secuestro, un whodunit, un juicio o la recreación de algún episodio criminal verídico de cada país, en este último caso hablamos del caballito de batalla de los distintos servicios de streaming -del ecosistema de contenidos digitales del entretenimiento, precisamente- para dar un “color local” a catálogos que de todos modos están muy formateados hacia el gusto promedio yanqui bobalicón y por ello no hacen más que reforzar la estandarización y pauperización cultural del presente mediante la reproducción ad infinitum de recursos que otrora incluían comentarios sociales y ahora mutan en latiguillos sin personalidad ni interés ni valentía ni un mínimo rasgo autoral, y tercero por el acervo del suspenso de asesinos en serie y esas investigaciones en subibaja encaradas para detener al chiflado de turno, otro rubro quemado a más no poder que siempre reaparece desde algún confín del globo que tiende a ser Asia y Corea del Sur sobre todo, vaya uno a saber por qué los orientales todavía siguen fascinados con los psicópatas hardcore de las postrimerías del Siglo XX y loquitos sueltos semejantes.

 

En medio de este panorama de desolación de vez en cuando surge una obra estimable y así el azar -o la conjunción cósmica- en esta oportunidad nos entrega Emily la Criminal (Emily the Criminal, 2022), estupenda ópera prima de John Patton Ford que no sólo resulta una de las grandes sorpresas del año sino que se posiciona muy cómoda como una de las mejores realizaciones recientes dentro del querido neo noir con corazoncito iconoclasta y por ello profundamente valioso y terrorista. La Emily Benetto del título es la genial Aubrey Plaza, aquí una ex estudiante de diseño gráfico de Los Ángeles que tuvo que dejar la universidad para trabajar en lo que sea porque arrastra una condena por un delito grave, el ataque contra un ex novio con el que peleaba todo el tiempo. Con 70 mil dólares de deuda estudiantil porque aquel dinero fue a parar al abogado y viviendo en un departamento compartido con una pareja asiática, la protagonista renunció a dibujar, trabaja como “independiente” en una empresa negrera de catering y concurre a entrevistas laborales en las que se indigna por las tácticas ultra maquiavélicas de la lacra de Recursos Humanos, así cuando un compañero mexicano, Javier Santos (Bernardo Badillo), le pasa un dato para un trabajo de “comprador ficticio” a cambio de 200 dólares por apenas una hora de su tiempo la muchacha acepta el reto y pronto descubre que todo se trata de una red de fraudes con tarjetas de crédito e identificaciones falsas para comprar y revender desde televisores hasta vehículos de alta gama. Mientras le cuida el perro a una amiga que trabaja en una agencia de publicidad y le promete una entrevista laboral, Liz (Megalyn Echikunwoke), Emily comienza una relación con su jefazo en el delito, el inmigrante libanés Youcef (Theo Rossi), el cual a su vez le enseña el oficio de duplicar tarjetas de crédito para la consternación de su primo, el temible Khalil (Jonathan Avigdori), quien eventualmente expulsa a ambos del negocio porque ella fue dos veces a la misma tienda en una semana, violando un precepto sagrado del gremio.

 

Más allá de escenas gloriosas concretas de máxima tensión y resueltas con un minimalismo y una inteligencia como hace mucho tiempo no se veía, en sintonía con la secuencia de la compra del coche con un margen de escape de ocho minutos, aquella otra del robo del dinero de la caja fuerte y el perro salchicha de Liz -y el desquite posterior- y por supuesto ese desenlace de la mano del embate de la flamante pareja contra Khalil después de que despojase de todo a un Youcef que deseaba comprar unos departamentos para ponerlos en alquiler y darle uno a su madre, Luna (Sheila Korsi), la realización de Ford aprovecha una dimensión discursiva que el séptimo arte actual prácticamente desconoce porque vive atrapado en redundancias vinculadas a las sobreexplicaciones, la estupidez y los clichés narrativos más vetustos, nos referimos al misterio correspondiente al carácter paradójico de los seres humanos, léase la capacidad de ser varias cosas al mismo tiempo justamente como nuestra Emily, por un lado una mujer abúlica como tantas, señorita que se siente ahogada por los préstamos que debe pagar, el mote de “ex presidiaria”, la explotación grosera en la empresa de catering, la superficialidad burguesa de Liz y el sustrato parasitario de un mercado laboral que destruye derechos de larga data y precariza sin cesar, y por el otro lado una rebelde comunal en potencia como lo demuestran la arremetida contra su ex, el interés creciente en el delito y los mismos mecanismos defensivos y ofensivos que improvisa para sobrevivir y enriquecerse en el submundo del hampa, proceso que corre en paralelo con el descubrimiento de que es necesario asustar a la presa para inmovilizarla y que cada uno tiene su propio “don”, en palabras de Luna, cual signo de vocación o destreza para algo, de allí que la chica se transforme tácitamente en “Emily, la Criminal” no sólo porque resulta buena en ello sino también debido a que esa es una autopista bien factible para sacarse de encima a la oligarquía capitalista hedionda e independizarse ya bajo sus propios términos.

 

Otra característica muy interesante del excelente guión de Ford pasa por la denuncia del trabajo basura de las apps, las compañías tercerizadas, las pasantías, los contratos externos y las multinacionales tiránicas y mierdosas de siempre, todo bajo la complicidad de los distintos Estados, los sindicatos y buena parte de las clases media y baja, en función de ello el semblante de forajida y antiheroína de Benetto se homologa al talento de los facinerosos símil ventaja en una sociedad hipócrita y caníbal que hace por lo bajo lo que los criminales clásicos, más sinceros, llevan adelante a diario como una casta perseguida que no acepta acoplarse al fariseísmo general. El personaje de la sublime Plaza, quien ya pudo lucirse en Safety Not Guaranteed (2012), Life After Beth (2014), Ned Rifle (2014), Addicted to Fresno (2015), The Little Hours (2017), Ingrid Goes West (2017), An Evening with Beverly Luff Linn (2018), Child’s Play (2019), Black Bear (2020) y Best Sellers (2021), atraviesa a lo largo del relato todas las opciones posibles, desde su trabajo cuasi obrero/ blue collar en el catering, pasando por la claustrofobia oficinista de ese white collar que propone Liz -con toques femeninos de pink collar o secretariado, desde ya- hasta decidirse por la opción delictiva, la más atractiva, luego de toparse en una entrevista con la execrable jefa de su amiga, Alice (una perfecta Gina Gershon), quien pretende que trabaje durante cinco o seis meses sin cobrar un sueldo en términos de una pasantía cercana a la esclavitud (aun peor, porque al esclavo por lo menos se le da comida y agua para que continúe cumpliendo sus funciones). Como si se tratase de una pequeña o mediana empresa de la estafa que permite huir de un destino de penuria por deudas, pobreza, estigmatización, falta de oportunidades u olvido estatal, la alegoría que ofrece el opus de Ford en el final, eso de Emily mutando en Youcef pero en un exilio feliz en Sudamérica, unifica al drama existencial de saturación o callejón sin salida con el cine testimonial sobre migrantes en eterna lucha por sobrevivir…

 

Emily la Criminal (Emily the Criminal, Estados Unidos, 2022)

Dirección y Guión: John Patton Ford. Elenco: Aubrey Plaza, Theo Rossi, Jonathan Avigdori, Gina Gershon, Bernardo Badillo, Megalyn Echikunwoke, Sheila Korsi, Wesley Han, Brandon Sklenar, Ben Rodgers. Producción: Aubrey Plaza, Drew Sykes y Tyler Davidson. Duración: 97 minutos.

Puntaje: 9