El Profesor Chiflado (The Nutty Professor)

El ego atravesado por la química

Por Emiliano Fernández

La extensa carrera cinematográfica de Jerry Lewis (1926-2017), uno de los comediantes más importantes del ámbito anglosajón y mundial, comienza en ese período inaugural con Dean Martin, correspondiente al dúo Martin & Lewis especializado en nightclubs, radio y televisión, que abarca desde Mi Amiga Irma (My Friend Irma, 1949), de George Marshall, hasta Entre la Espada y la Pared (Hollywood or Bust, 1956), de Frank Tashlin, etapa que lo hace inmensamente famoso en el mercado global y en la que se destacan diversos intentos de combinar la comedia musical simplona de base con otros géneros y/ o recursos, como por el ejemplo el drama en El Rabo de la Estrella (The Stooge, 1951), de Norman Taurog, el terror de El Castillo Maldito (Scared Stiff, 1953), otra de Marshall, la faena deportiva en ¡Qué par de Golfistas! (The Caddy, 1953), también de Taurog, la sátira cultural polirubro de Artistas y Modelos (Artists and Models, 1955), de Tashlin, y el western en Déjame solo (Pardners, 1956), de Taurog. La independencia, motivada por un Lewis carismático y muy chaplinesco que siempre terminaba opacando al galán Martin, llega con la simpática El Delincuente (The Delicate Delinquent, 1957), opus de Don McGuire en el que Jerry debuta como guionista, productor e incluso director porque se encarga de una escena sin acreditar, en sí un catalizador para un puñado de experimentos bastante dignos en solitario bajo el amparo de sus socios fundamentales de entonces, por ello tenemos Papá soy yo (Rock-a-Bye Baby, 1958) y Tú, mi Conejo y yo (The Geisha Boy, 1958), ambas del inefable Tashlin, y la rareza de ciencia ficción Un Marciano en California (Visit to a Small Planet, 1960), cortesía de Taurog. La fase de gloria lo encuentra en pleno control creativo por sucesivos éxitos de taquilla y se corresponde al primer lustro de los años 60 y al cenit de su humor tan físico, caricaturesco y visual como paródico, picaresco y anárquico iconoclasta en general, aquel de El Botones (The Bellboy, 1960), El Terror de las Chicas (The Ladies Man, 1961), De Golpe en Golpe (The Errand Boy, 1961), El Profesor Chiflado (The Nutty Professor, 1963), El Suplente (The Patsy, 1964) y Las Joyas de la Familia (The Family Jewels, 1965), todas dirigidas y escritas por el propio Lewis y en numerosas ocasiones con la ayuda de Bill Richmond, un ex percusionista de jazz, en lo que respecta a los guiones, amén de algunos trabajos adicionales interesantes para terceros como Boeing, Boeing (1965), de John Rich, y Un Loco con Suerte (Who’s Minding the Store?, 1963) y El Matasanos (The Disorderly Orderly, 1964), ambas de un Tashlin que ofició de mentor porque Jerry lo admiraba mucho.

 

El inevitable declive profesional comienza con Un Loco en Órbita (Way… Way Out, 1966), exponente sci-fi farsesco de Douglas sobre la Guerra Fría, y Tres en un Sofá (Three on a Couch, 1966), remedo de la poligamia/ promiscuidad según Lewis, y se vuelve cada vez más pronunciado de la mano de El Bocón (The Big Mouth, 1967), ¡No Suban el Puente, Bajen el Río! (Don’t Raise the Bridge, Lower the River, 1968), Una vez más (One More Time, 1970) y ¿Dónde Está el Frente? (Which Way to the Front?, 1970), todas ellas bajo la batuta de Jerry, algo que tiene que ver tanto con un cansancio de la fórmula cómica como con una pérdida de la inocencia social que supo entronizarla en los años 50, contraposición para con aquellos 60 tardíos hegemonizados por la contracultura o juventud politizada. Sin embargo en la decadencia también se coló un trauma personal condensado en los problemas financieros y las disputas de derechos en torno a El Día que el Payaso Lloró (The Day the Clown Cried, 1972), controvertida e incompleta faena que unificaba Holocausto y humor melancólico y que inspiraría obras semejantes posteriores como La Vida es Bella (La Vita è Bella, 1997), de Roberto Benigni, Una Señal de Esperanza (Jakob the Liar, 1999), de Peter Kassovitz, y Adam Resucitado (Adam Resurrected, 2008), de Paul Schrader. Luego de un largo silencio de una década, detalle que pone de manifiesto hasta qué punto resultó amarga la experiencia de El Día que el Payaso Lloró, el otrora magnate del mainstream de las risas regresa con dos comedias mediocres que resultan sus últimos intentos como realizador, El Vago (Hardly Working, 1980) y Más Loco que un Plumero (Cracking Up, 1983), pero se revigoriza en materia actoral gracias a El Rey de la Comedia (The King of Comedy, 1982), de Martin Scorsese, Sueño de Arizona (Arizona Dream, 1993), convite de Emir Kusturica, y Los Comediantes (Funny Bones, 1995), de Peter Chelsom, en esencia sus últimos films memorables más allá de múltiples cameos al paso en propuestas atractivas como El País de la Alegría (Li’l Abner, 1959), de Melvin Frank, y El Mundo está Loco, Loco, Loco, Loco (It’s a Mad Mad Mad Mad World, 1963), de Stanley Kramer, o bodrios insalvables en línea con Rojo 7000 Peligro (Red Line 7000, 1965), del demacrado Howard Hawks, y El Cómico de la Familia (Mr. Saturday Night, 1992), de Billy Crystal. Si bien todo el período de oro de los 60, desde El Botones hasta Las Joyas de la Familia, es muy bueno y ha marcado a generaciones y generaciones de humoristas y público, es El Profesor Chiflado la indudable obra maestra de Lewis por su complejidad, eficacia y ese encanto desquiciado multicolor.

 

Reinterpretación tácita de El Extraño Caso del Doctor Jekyll y el Señor Hyde (Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde, 1886), famosísima novela corta de impronta gótica del británico Robert Louis Stevenson, el guión de Lewis y Richmond se centra en una variante del personaje estrafalario y ultra torpe que casi siempre interpretó Jerry, hoy rebautizado Julius F. Kelp, un profesor universitario de química con los dientes delanteros torcidos, una apariencia desaliñada y muy propenso a los accidentes que es maltratado por estudiantes abusones, como un tal Warzewski (Med Flory) que se enoja cuando no lo deja ausentarse de la clase para un entrenamiento de fútbol americano y por ello lo levanta y lo mete dentro de un armario lleno de frascos de vidrio, y el propio director de la institución educativa, el Doctor Mortimer S. Warfield (ese perfecto Del Moore), amargado que tiene de secretaria a Millie Lemmon (Kathleen Freeman) y que lo reprende con severidad luego de causar una gran explosión durante un experimento con nitroglicerina. Después de probar suerte en un gimnasio con vistas a incrementar su masa muscular, donde no se siente muy cómodo que digamos y sufre nuevas desventuras, opta por utilizar sus voluminosos conocimientos en química para preparar un brebaje que haga magia sobre su cuerpo, así ante la mirada entre cuestionadora y sarcástica de su mascota, un ave parlanchina llamada Jennifer, se convierte en el tremendo Amigo Amor/ Buddy Love, un galán borrachín, narcisista, basureador y pendenciero que suele concurrir al club nocturno de moda entre los estudiantes, El Pozo Púrpura/ The Purple Pit, para descargar su egolatría sobre camareros y jóvenes, mutar en un crooner y pianista que es venerado por todos y sobre todo conquistar a una hermosa alumna de cabellos platinados, Stella Purdy (la celestial Stella Stevens), quien lo desprecia por su soberbia y al mismo tiempo no puede dejar de sentirse hechizada por él. Kelp se consagra a fantasías sensuales con Purdy aunque sabe que sólo puede “avanzar” con la chica bajo la personalidad de Love, algo que tiene que ver con la dinámica de antaño de su parentela ya que de bebé presenció las vejaciones de su padre, Elmer (Howard Morris), a instancias de la arpía de su madre, Edwina (Elvia Allman), por ello continúa ingiriendo la fórmula hasta que el engaño es revelado durante la fiesta de graduación anual de la universidad, donde un Buddy cantante va dejando paso arriba del escenario a un Julius que pide perdón por el comportamiento arrogante de su doppelgänger y nos regala la moraleja de la historia, eso de que uno debe quererse a sí mismo para que después lo puedan querer todos los demás.

 

Como decíamos con anterioridad, El Profesor Chiflado por un lado sintetiza uno de los mejores trabajos del Jerry actor, aquí componiendo con desparpajo y precisión a las dos personalidades del protagonista aunque también a su versión infantil y hasta a su mascota emplumada, Jennifer, efectivamente superando lo hecho en otras odiseas esquizofrénicas como Las Joyas de la Familia y Tres en un Sofá, y por el otro lado constituye la cúspide de su faceta de director y guionista porque es su epopeya mejor narrada, la más efervescente y la menos caótica, redundante, tontuela o esquemática, especialmente por la sátira mordaz de fondo primero contra la estupidez conformista detrás de la mentada “adaptación social”, léase el acto de renunciar al ideario y quizás las propias características en pos de agradar al prójimo o respetar las reglas de la comunidad o institución de turno, y segundo contra la figura seudo elegante o cool del ex socio Martin y del Rat Pack de fines de los 50 e inicios de los 60, grupete de un enorme poder dentro del mundo del espectáculo estadounidense de de la época que además de Dean incluía a Frank Sinatra, Sammy Davis Jr., Peter Lawford y Joey Bishop, entre otros. Unificando el terror, el musical y una comedia delirante y seca que juega con la estudiantina y el erotismo sesentoso en ciernes que quebraba la represión sexual previa, Lewis mete en la coctelera al arte pop, el slapstick, el clasicismo dramático, la artificialidad hueca hollywoodense y el surrealismo para edificar una película repleta de ingredientes disruptivos o de vanguardia como las interpelaciones a cámara de los distintos personajes, la fantasía libidinosa señalada con Stella, aquel flashback grotesco acerca de los progenitores de Julius, las tomas subjetivas en El Pozo Púrpura para la introducción del hoy mítico Buddy, los sketchs a lo Looney Tunes y Fantasías Animadas de Ayer y Hoy (Merrie Melodies), algo por cierto vinculado a Tashlin, célebre director de dibujos animados para la Warner Bros., y finalmente el humor masoquista, metadiscursivo y de eternos marginados sociales marca registrada de Jerry, paradigma del “método en la locura”, esa lógica oculta detrás de las carcajadas. Muy superior a la secuela animada de 2008 de Logan McPherson y Paul Taylor y a la horrible remake de 1996 de Tom Shadyac con Eddie Murphy, esa que a su vez engendró un corolario incluso peor en el 2000 a cargo de Peter Segal, el film original de 1963 aprovecha la esplendorosa música incidental de Walter Scharf, apoyada en pantalla por Les Brown y su big band, y nos regala una maravillosa semblanza sobre la hipocresía, la seducción y una autoestima alicaída, todos elementos cruciales en el desarrollo del ego…

 

El Profesor Chiflado (The Nutty Professor, Estados Unidos, 1963)

Dirección: Jerry Lewis. Guión: Jerry Lewis y Bill Richmond. Elenco: Jerry Lewis, Stella Stevens, Del Moore, Kathleen Freeman, Med Flory, Howard Morris, Elvia Allman, Norman Alden, Milton Frome, Buddy Lester. Producción: Ernest D. Glucksman. Duración: 108 minutos.

Puntaje: 10