Me Quieren Volver Loca (Nuts)

El estatuto de la cordura

Por Emiliano Fernández

Barbra Streisand, más que una simple cantante o actriz, es una especie de fetiche cultural/ icónico estadounidense más grande que la vida misma como lo fueron antes Frank Sinatra o Elvis Presley, si nos mantenemos en este rubro de los músicos o vocalistas que saltan a la gran pantalla y desarrollan una carrera atendible: la mujer, cuyo gigantesco éxito en materia de ventas discográficas, conciertos agotados y numerosos éxitos cinematográficos la ha llevado a ser ninguneada por cierto sector del público y la crítica que resiente sus triunfos bajo acusaciones de egolatría, es una de las pocas artistas que ha mantenido el control de su carrera con mano de hierro a través de contratos en los que renunciaba a ganancias a cambio de ser ella la que determine qué canción se incluye en el álbum en cuestión y cuál no, sin embargo la actuación nunca funciona del todo así porque responde a un ecosistema bastante más colaborativo y por ello muchos nunca la tomaron en serio como actriz por el prejuicio de siempre contra aquellos que en esencia vienen de otra comarca profesional, en este caso la música, lo que desde ya no impidió que comience una trayectoria en el teatro y -con el éxito popero a cuestas- salte al cine para entregar obras más o menos memorables como su trilogía musical inicial, aquella compuesta por Funny Girl (1968), de William Wyler, Hello, Dolly! (1969), de Gene Kelly, y En un Día Claro se ve hasta Siempre (On a Clear Day You Can See Forever, 1970), de Vincente Minnelli, y las propuestas posteriores El Búho y la Gatita (The Owl and the Pussycat, 1970), opus de Herbert Ross, ¿Qué Pasa, Doctor? (What’s Up, Doc?, 1972), clásico de Peter Bogdanovich, Nuestros Años Felices (The Way We Were, 1973), taquillazo de Sydney Pollack, ¿Qué Diablos Pasa Aquí? (For Pete’s Sake, 1974), de Peter Yates, Funny Lady (1975), también de Ross, Nace una Estrella (A Star Is Born, 1976), de Frank Pierson, Pelea de Fondo (The Main Event, 1979), de Howard Zieff, y Toda la Noche (All Night Long, 1981), odisea de Jean-Claude Tramont.

 

En medio de este estado de cosas no es de extrañar que la que para muchos admiradores sea la mejor interpretación de todo el derrotero como actriz de Streisand, Me Quieren Volver Loca (Nuts, 1987), interesante film de Martin Ritt, sea también una de las menos populares porque en un único movimiento se aleja de sus musicales promedio de la década del 60, de sus comedias delirantes de los 70 y de la pata romanticona fatalista, esa que tanto le gusta a Barbra desde siempre, que patentó en ocasión de Nuestros Años Felices y que terminaría de explotar con todo de la mano de su célebre trilogía como directora, aquella de los mega exitazos Yentl (1983), El Príncipe de las Mareas (The Prince of Tides, 1991) y El Espejo Tiene Dos Caras (The Mirror Has Two Faces, 1996), siendo Yentl en especial la primera película mainstream norteamericana protagonizada, escrita, producida y dirigida por una fémina. El tono y la temática principal de Me Quieren Volver Loca, ambos homologados al estatuto público de la cordura, el rol asfixiante de las instituciones y el margen de maniobra de individuos de por sí algo ciclotímicos, están vinculados en primera instancia a la obra teatral homónima de 1979 del dramaturgo y aquí guionista Tom Topor, trabajo acerca de la pretensión de una acusada de asesinato en defensa propia en lo referido a no ser declarada incompetente legal por razones psiquiátricas para afrontar el juicio, y en segundo lugar a una Streisand que asimismo oficia de productora y definitivamente aún arrastraba la doble amargura del innegable fracaso en boleterías de Toda la Noche, uno de sus pocos tropiezos comerciales a escala general, y de los múltiples sinsabores alrededor de la preproducción de más de una década de Yentl, faena que fue rechazada por prácticamente todos los estudios por la desaparición del Nuevo Hollywood, el sustrato ultra judío de la película, la debacle del film del belga Tramont, los prejuicios contra ella por la necesidad de travestirse para el rol protagónico y este anhelo de la debutante Barbra de dirigir y estelarizar la realización.

 

Me Quieren Volver Loca constituye un caso raro porque es relativamente conservadora si la pensamos en términos de todas las epopeyas sobre instituciones psiquiátricas, rubro que se remonta a El Nido de las Víboras (The Snake Pit, 1948), de Anatole Litvak, Shock Corridor (1963), de Samuel Fuller, y Lilith (1964), de Robert Rossen, y abarca las también geniales Atrapado sin Salida (One Flew Over the Cuckoo’s Nest, 1975), de Milos Forman, Frances (1982), de Graeme Clifford, 12 Monos (12 Monkeys, 1995), de Terry Gilliam, y Unsane (2018), del gran Steven Soderbergh, porque la misión de nuestra protagonista, la divorciada y prostituta de la alta burguesía Claudia Draper (Streisand), es evadir la reclusión en un neuropsiquiátrico -recurso harto utilizado en el pasado- ya que ello implicaría un encierro por tiempo indeterminado que podría ser por siempre, aunque el film, en simultáneo, resulta bastante disruptivo si lo leemos desde el terreno de los courtroom dramas, donde el inefable latiguillo es precisamente lo opuesto a la intención de nuestra adalid antiinstitucional, eso de que el acusado de turno sea declarado insano para esquivar el juicio por asesinato o el crimen que sea, cliché repetido hasta el cansancio en la industria cultural planetaria. Draper, que viene de matar a un cliente abusón llamado Allen Green (último ejercicio dramático del genial Leslie Nielsen antes de pasarse a la comedia), se resiste a la obsesión del psiquiatra reglamentario, el Doctor Herbert A. Morrison (Eli Wallach), y sus padres, Rose (Maureen Stapleton) y Arthur Kirk (último rol en cine del mítico Karl Malden), con declararla loca, el primero porque la detesta por lo bajo a raíz de su carácter agresivo e inconformista y los segundos, unos ricachones, para evitar el escándalo. En una audiencia minimalista ante el juez Stanley Murdoch (James Whitmore), Claudia y su abogado, Aaron Levinsky (Richard Dreyfuss), el cual acepta el caso después de que la mujer arremete contra el letrado previo, se enfrentan a los citados y al testaferro de la fiscalía, Francis MacMillan (Robert Webber).

 

Así como el viejo dicho popular asevera que la paranoia no implica que a uno como sujeto de la modernidad no lo estén siguiendo/ espiando de verdad, la evidentemente perturbada Draper, algo que se explica por el abuso sexual de su padrastro hasta los 16 años, Arthur, y por el alcoholismo apenas solapado de su madre, Rose, considera que está completamente capacitada para afrontar el proceso judicial no sólo porque no necesita la “ayuda” de sus posibles verdugos, como el psiquiatra, sus progenitores e incluso el juez, sino también porque es muy ridículo que alguien se abogue el derecho de dictaminar quién está cuerdo y quién no en una sociedad como la presente y en un aparato estatal saturado de desquiciados, todos esos “imbéciles con poder” a los que se refiere Claudia y frente a los cuales estamos desprotegidos porque nadie los controla a ellos mientras el esquema inverso se acepta como el estándar comunal, así estamos cómo estamos. El convite, fundamentalmente un vehículo para el raudo lucimiento de la talentosa actriz principal a través de una pirotecnia a veces contenida y en otras oportunidades desproporcionada aunque siempre fascinante, va mucho más allá de las fábulas redundantes feministas posmodernas porque cuestiona las categorías reduccionistas sociales que limitan al individuo, algo que queda en primer plano cuando ella afirma que no es sólo “hija, esposa, puta, paciente o acusada” sino todo eso en conjunto y más, de allí que Murdoch acepte su cordura en el final ya que comprende los cargos en su contra y decididamente ayudará en la defensa. Con un estupendo desempeño adicional de Dreyfuss, Wallach, Whitmore, Malden y un Webber para el que el presente también sería su último trabajo, Me Quieren Volver Loca, anteúltima película del querido Ritt porque moriría luego de la próxima, Stanley & Iris (1990), recupera las preocupaciones de siempre del director como la dignidad inalienable y la rebeldía frente a los poderes concentrados del capitalismo, el Estado, las corporaciones, el entramado represor y sus agentes kafkianos…

 

Me Quieren Volver Loca (Nuts, Estados Unidos, 1987)

Dirección: Martin Ritt. Guión: Tom Topor, Darryl Ponicsan y Alvin Sargent. Elenco: Barbra Streisand, Richard Dreyfuss, Karl Malden, Eli Wallach, Maureen Stapleton, Robert Webber, James Whitmore, Leslie Nielsen, William Prince, Dakin Matthews. Producción: Barbra Streisand. Duración: 116 minutos.

Puntaje: 8